Mena desde Mena

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Plásticos, Escuela de Arte San Alejandro
  • Las obras de Mena se inscriben en la única lengua que lo atrapa y enamora: el lenguaje abstracto. Foto de la autora
    Las obras de Mena se inscriben en la única lengua que lo atrapa y enamora: el lenguaje abstracto. Foto de la autora

Los cuadros de la serie Bambú y café o la certeza seductora, sigilosa y doble de El jueves puede ser un gran día captaron mi atención desde que comenzaban a tomar forma meses antes en el estudio del artista. Los motivos, sacados de lo cotidiano sin esfuerzo, dialogaban entre sí ya abandonando la forma figurativa originaria para abrazar los códigos abstractos.

Hace ya algunos años desde que vi por vez primera las creaciones de Rigoberto Mena, hoy escribo de su obra desde un pequeño pueblo de Matanzas que lleva su apellido y que, acaso, en su propia constitución geográfica —como espacio evocador— sería una gran inspiración para este artífice, amante de mapeos y cartografías si la vivencia se emparenta con el ritual y lo trascendente.

Con este pensamiento en la cabeza, y una producción incansable donde también existen obras figurativas y un diálogo fluido con el artista puede confirmarlo, se inauguró en la galería de la Academia Nacional de Artes Plásticas San Alejandro su muestra Homo Abstractus.

Como declara en las palabras al catálogo, sus fuentes de inspiración provienen de: “Vivo obsesionado con los pequeños detalles que encuentro a mi paso. Son trazos, garabatos, textos, practicados con cualquier implemento…siento la energía que sale de las paredes inmemoriales, los metales corroídos, los papeles húmedos secados al sol…distingo los colores de la arcilla, del carbón, del óxido, de la tierra, advierto la oreja de Van Gogh, el lirismo de Girona, la fuerza de Pollock. Me lleno de prana, continuo. El misterio de la vida, la certeza de que un instante puede ser la eternidad…”.

En esta exposición Mena recurre al collage. En el interior de la obra se dan cita fragmentos de saco, revistas, papel, que crean un ritmo muy atendible, dinámico como las actividades trazadas en un plan de trabajo. Desde la paleta de colores tierras que lo ha caracterizado, se pueden apreciar más de cuarenta piezas donde junto al suceso cotidiano la temporalidad se erige como un factor importante.

El tiempo, impregna a las series el valor de la crónica, del transcurrir que se antoja acaso como una ventana abierta a lo cotidiano y orden natural de los días, tal vez a un día cualquiera en su taller pero, al mismo tiempo, a una carrera artística sólida. Muchos días han transcurrido desde su muestra De la nada al infinito, realizada en 2004 en la Galería La Casona, múltiples exposiciones y ferias, pero el ex alumno regresa a la academia con el espíritu presto a entablar el diálogo, hablando la única lengua que lo atrapa y enamora: el lenguaje abstracto.