Mirta Aguirre: Alma de terciopelo y armadura de mujer

Mirta Aguirre: Alma de terciopelo y armadura de mujer

Yo no tendré ya voz y sí una oscura
sonrisa-luz sobre mi gris reciente.
Cáliz de rosa desleída. Ardiente
repaso de sonrisa en sombra pura.
Meridiano solar de alba en procura
de pleno sol. Simiente de simiente
con raíz escondida en tierra y frente
a la brisa y al fuego en hendidura.
Ola de arena y cal y espuma de ola,
siendo, sin ser, mejor aún que si fuera,
viviendo en humus y en dispersa nada,
en aire y luz y plata y amapola,
de clorofila y mineral viajera,
renuevo intacto, vida libertada.
(Soneto de Mañana, Mirta Aguirre )

Rosa Iznaga, Rita Agumerri, Luis Robles, todos seudónimos del mismo cuerpo, alma, voz poética, la misma prosa y sagacidad crítica, el mismo sentido revolucionario de Mirta Aguirre. Aquella personalidad artística y metamórfica se disfrazó de muchas identidades durante la clandestinidad, una versatilidad que aplicó en cada verso, prosa, ensayo o crítica que brotó de su agudeza creativa.

No importaba si se trataba de dirigir la Sección de Teatro y Danza, del Consejo Nacional de Cultura, el Departamento de Lengua y Literatura Hispánica, de la Escuela de Letras y Arte de la Universidad de La Habana o el Instituto de Literatura y Lingüística, de la Academia de Ciencias Cubanas, Mirta —que fue también Rita, Luis y Rosa— asumió cada tarea con la auto exigencia que la caracterizaba.

(Mirta, 1940)

Ya lo decía su alumno Enrique Sainz: «Escribió a partir de su visión del mundo, equivocada o no, pero fue auténtica, genuina, honesta en sus apreciaciones». Mujer que defendió a la mujer, estaba dotada de una peculiar sensibilidad que, para quienes la conocieron personalmente, mantenía agazapada tras la corteza de su rectitud y disciplina.

«Ella tiene un poema que le dedicó a la líder comunista española Dolores Ibárruri que dice: Mujer de terciopelo y armadura, Mirta también era así (…) podía dar la imagen de la mujer dura en inflexible, pero tenía actitudes muy humanas. Si uno lee la poesía de Mirta, te das cuenta de que no es una mujer de armadura solamente, sino que ahí hay terciopelo», dijo la profesora y ensayista Denia García Ronda al periodista Rubén Padrón Garriga en el artículo publicado en La Jiribilla Mirta Aguirre: la armadura y el terciopelo.

Pájara pinta, jarapintada, limoniverde, limonada…La obra poética de la fundadora de la UNEAC no solo deleitó a los pequeños de casa o profundizó en la sensorialidad y complejidad de la adultez, sino que también constituyó el reflejo del contexto social que vivió la Isla una vez triunfada la Revolución, momentos históricos marcados por la trasformación y la pérdida.

(De izquierda a derecha Alicia Alonso, Mirta Aguirre y Marta Rojas)

***

—¿Dónde estás caballero Bayardo

caballero sin miedo y sin tacha?

—En el viento, señora, en la racha

Que aciclona la llama en que ardo.

***

El intelectual Juan Marinello recalcó la ambición filosófico-social de Mirta Aguirre: «Esa natural espontaneidad que se desprende de cada imagen, de cada verso, no sólo son achacables a ciertos dones que requiere toda obra poética, sino al gustoso ejercicio de una disciplina que ha atendido siempre las leyes de la preceptiva y también muy sabiamente, a su libre albedrío».

Sus incursiones en el arte de los versos develan el universo espiritual e ideológico de la poeta a través de títulos como Presencia Interior (1934), Canción Antigua al Che (1970) y Juegos y otros poemas (1974).

«Romances, sonetos, pareados, versos libres, utilizados todos con un nivel parejo de pericia y originalidad, sobresalen en esta primera muestra de su arte desarrollado en el profundo conocimiento de las literaturas hispánicas, pero al calor de las particulares circunstancias socio-políticas que desde muy temprano determinaron el compromiso de esta poesía con el quehacer revolucionario de la autora y, por tanto, definieron su perfil ideotemático como el elemento de mayor relevancia de esta obra», expresó la Doctora en Ciencia Filosóficas, Susana Montero Sánchez, en el volumen Obra poética de Mirta Aguirre: dinámica de una tradición lírica.

Por su parte la poetisa Mercedes Santos Moray destacó su veta erótica, «esa feminidad, la pasión que lleva a esta poeta a establecer comunicaciones sobre la base de la igualdad y no de la complacencia, con otras voces mayores de las letras hispánicas, de quienes fueron sus coetáneos. Pienso en el Neruda de las Residencias, o en el Vallejo de los Poemas Humanos», señaló en el artículo El discurso femenino en la poesía cubana de Mirta Aguirre y Fina García Marruz, publicado en la Revista Temas en 1996.

(Gabriela Mistral, Mirta Aguirre y Dulce María Loynaz en un edificio de La Habana, 1953)

La capacidad de reinvención de Mirta Aguirre y su dominio sobre la producción literaria y lingüística nacional e internacional hicieron posibles ensayos como Un hombre a través de su obra: Miguel de Cervantes Saavedra (1948), La Edad de Oro y las ideas martianas sobre educación infantil (1963) y Del encausto a la sangre: Sor Juana Inés de la Cruz (1975). También cabe destacar su labor periodística con más de dos mil artículos publicados en el rotativo Hoy sobre cine, teatro y música entre 1942 y 1953.

«Lo polémico nunca se diluyó en la cabriola verbal, en el retoricismo, en la elegancia per se. Más nadie que la estudie a fondo podrá negar una profunda asimilación del barroco literario en su estilo», afirmó Frank Padrón en su ensayo Mirta Aguirre: una escritora barroca.

Y así, 40 años después de su desaparición física, trasciende Mirta, la poetisa, la metamórfica, la ensayista, la versátil, la crítica. No importa el nombre que oculte su identidad. Puede llamarse Rosa Iznaga, Rita Agumerri o Luis Robles, que Mirta seguirá siendo Mirta, con la misma silueta, alma de terciopelo y armadura de mujer.