Mujer del siglo XX

Mujer del siglo XX

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  • Fotograma 20th Century Woman producida en 2016, con Annette Bening y Lucas Jade Zumann.
    Fotograma 20th Century Woman producida en 2016, con Annette Bening y Lucas Jade Zumann.

Existen ciertas narraciones en dónde la sociedad es retratada como si cupiera en una postal muy vieja, firmada irreconociblemente, desgastada por los bordes, imaginada tal un cuadrado hambriento incapaz de contarnos algo que esté fuera de lo que realza. En estas narraciones, siempre bajo el ojo de la decadencia, nos encontramos reflejados; porque también, de alguna manera, somos incapaces de reflejar algo que esté fuera de nuestros bordes.

20th Century Woman (Mujer del siglo XX) de 2016, pertenece a este tipo de narración sociológica que trata de mostrarnos cómo puede ser narrada una viñeta de los años finales de la década de 1970 estadounidense, exactamente 1979. Una mujer de 55 años educa a su hijo pre-adolescente, en una comunidad bastante enigmática: una fotógrafa punk recuperada de cáncer; una adolescente de 17 años; un hombre maduro, sobreviviente hippie, que está reconstruyendo su casa. En esta narración audiovisual, los personajes no solo cargan con el peso de la trama sino que se establecen en ella, buscando en sus propias historias la revelación de su futuro.

Escrita y dirigida por Mike Mills, 20th Century Woman, puede parecer una crítica mordaz al feminismo recalcitrante que por aquella época imperaba en los Estados Unidos, una proposición estética y filosófica que se correspondía a la lucha contra los sistemas machistas de cultura, y que apuntando a un cambio de apropiación de lo que reconocían como “norteamericano”, cargó y resignificó esa realidad. Nos arriesgamos a pensar que, desde el punto de vista estético, la película comienza con el final del feminismo y termina con la asunción del consumismo y todo lo que trajo consigo; es decir, en el medio “seguro” (materno) que constituye la casa (familia) se nos dirige constantemente la mirada (la realidad) hacia afuera (al futuro), al territorio punk. Un espacio outlaw, sin parámetros ni cumplimientos establecidos por terceros, solo lo punk dirige al punk.

La relación entre estos cinco personajes Dorothea (Annette Bening[1]), la madre; Julie (Elle Faning), la adolescente; Abbie (Greta Gerwig[2]), la fotógrafa; William (Billy Grudup), el hombre maduro; y Jamie (Lucas Jade Zumann), el hijo de Dorothea, pre-adolescente; no es conflictiva porque sus caracteres sean exigentes para la convivencia o exista rimbombancia alguna en ellos, sino porque en el medio en que se desarrollan, un medio dónde todo se está reordenando, cada uno necesita establecer cuáles son sus parámetros, sus guías.

Si el punk, o la simulación de ausencia de reglas sociales, convierte a Abbie en un arma de destrucción masiva que busca en el arte de la fotografía una equidad a su existencia; por otro lado Julie deshabita su propia individualidad en el sexo, el sexo es para Julie un método para lidiar con sus imperfecciones (acierto al guión de Mike Mills: las preguntas constantes del tipo: ¿para qué lo haces?), sus espacios malformados por una madre terapeuta (y también feminista: sus grupos están dirigidos contra la violencia de género). Mientras tanto William, procedente de una comunidad hippie, en realidad es el único que ha lidiado antes con un hábitat parecido, viene también defectuoso por “ser demasiado viejo” en una relación que no prometía mucho. Por otro lado, Dorothea y Jamie, sobrevivientes; ella no termina de lidiar con el abandono del padre de Jamie y él, aún en estupefacción, se va adentrando poco a poco en la crisis de identidad que vienen junto a esta etapa etaria.

En una metáfora tan bella como ocurrente, la narración comienza con un carro incendiándose en el parqueo de un supermercado. El auto le pertenece a Dorothea que está acompañada de Jamie. Lo que se podría sentir como una tragedia devastadora no alcanza tal significación. Dorothy está más interesada en las cuestiones prácticas que este hecho se iguala a la obtención de otro auto (reparado por William), aunque no deja de recordarle a Jamie las cosas que sucedieron en el coche. Jamie es su par real, por decirlo de alguna manera. Para Jamie los objetos no tienen memoria, son tal cual los ve en ese momento: el carro incendiado, es solo eso.

Julie huye todas las noches al cuarto de Jamie y conversan. Abbie está esperando los resultados de una prueba sobre el cáncer. William deja que la vida le viva más de lo que él realmente asimila. Dorothea, diseñadora (una de las primeras mujeres diseñadoras), preocupada por la educación de Jamie le plantea a Julie y Abbie una singularísima propuesta: que ellas participen activamente en la educación de Jamie. Dorothea de alguna manera, quiere que su hijo lo sepa todo, está temerosa; pero la verdad o el planteamiento de la verdad sin matices, quirúrgicamente, no es algo que enseñe. La proposición de la verdad debe tener suavidades para que su asimilación sea grata. Por tanto, que Jamie participe activamente de (y no en) la vida de dos mujeres con las cuáles podría tener sexo, le provoca un alejamiento continuado.

Que se resuelve cuando, ante el aviso de la separación total (Jamie se escapa con Julie hacia la costa y luego al frustrarse sus intenciones de tener sexo con ella, porque Julie descarga sobre él sus temores de manera explosiva, él decide “salir a caminar” tanto tiempo que Julie asustada llama a Dorothea), Dorothea logra explicarle a Jamie por qué ha montado toda esa manera de hacer las cosas, simplemente, no quiere que él termine cómo ella.

Además, un poco lejos de la trama del filme, y junto a lo punk, está la sicodelia. Los largos viajes en carro están bajo un efecto visual que separa los colores primarios. Toda la imagen de la carretera y el movimiento por ella esta “separado del resto”. Allí solo se ve la distorsión (la separación) de los colores. Un ámbito bastante sicodélico contrario al punk que tienen cerca de casa.

Al final, la película nos deja fuera de combate por su búsqueda en lo que realmente necesitamos para seguir adelante. Los cinco personajes fueron felices en el futuro (al menos no dejan saber eso sus narraciones en off), cada uno encontró dónde terminar. La imagen de Dorothea en un biplano, maniobrando sobre la ciudad, nos dice que lejos de ese auto incendiado que destruye se ve el horizonte y la sonrisa.   

Notas:

[1] La recordamos en The American President, con Michael Douglas, o American Beauty, con Kevin Spacey.

[2] En 2012 participo de la película de Woody Allen, To Rome with Love, interpretando a Sally.