No creo en fotografía bonita

No creo en fotografía bonita

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ASOCIACIÓN DE MEDIOS AUDIOVISUALES Y RADIO, Camagüey
  • El evento que organiza la Asociación Hermanos Saíz tuvo a bien invitar al maestro del lente, quien con franqueza dijo a los jóvenes sus estrategias de trabajo. Foto de la autora
    El evento que organiza la Asociación Hermanos Saíz tuvo a bien invitar al maestro del lente, quien con franqueza dijo a los jóvenes sus estrategias de trabajo. Foto de la autora

El experimentado director de fotografía cubano Raúl Pérez Ureta, Premio Nacional de Cine, compartió con asistentes al Festival El Almacén de la Imagen en su 27 edición que del 25 al 29 de octubre se desarrolló en la ciudad de Camagüey.

El evento que organiza la Asociación Hermanos Saíz tuvo a bien invitar al maestro del lente, quien con franqueza dijo a los jóvenes sus estrategias de trabajo, esencias que lo han mantenido durante varias décadas cerca de importantes directores cinematográficos por solo resaltar uno: Fernando Pérez, con quien hace un dueto insuperable en el cine cubano de las últimas tres decenios.

Entre sus secretos, la relación fotógrafo- director ocupa un lugar preponderante, y considera absurdo que funcionen o los segundos miren a los primeros como enemigos cuando el vinculo ha de ser como de hermanos, capaces de dialogar, discrepar y llegar a acuerdos que favorezcan la obra de arte.

Confiesa Ureta que como principio visita cada locación para observar con tiempo suficiente el tratamiento de la luz y el recorrido solar si es en exteriores, que cumple con disciplina los horarios que el astro rey le proporciona para construir atmósferas y que usa recursos técnicos para simular la iluminación de ambientes en planos y secuencias de una misma escena, para dar la continuidad, pero prefiere hacerlo en el momento idóneo, por lo que exige disciplina a todo el equipo, y lo hace con su propio ejemplo.

Al estilo de lo más conservador y académico, y creo útil aun, Raúl se aparece en el set con el diagrama de cada escena, producto de un profundo estudio de guion, iluminación, progresión de la historia, la riqueza de los planos según su propia imaginación  para contar y muchísimos elementos que son imprescindibles a tener en cuenta en el séptimo arte.

En un papel prodigo en signos Raúl, prevé la continuidad con todo rigor. Coloca actores, las posibles posiciones de la cámara, las travesías de los haces de luces, apoyándose en las fotografías que toma a las locaciones en la visita previa, no obstante, va preparado porque la vida es mucho más rica en imprevistos y él prefiere sorprender con dosificación y planificación del trabajo, formula que le ha dado buenos frutos.

Más de treinta filmes dentro y fuera de Cuba cuentan en su haber como fotógrafo. Ha filmado en Argentina, México e incluso en la meca del cine, Hollywood. Pero no se regodea con la cámara, se ajusta a las exigencias de producción y al estudio ya mencionado, asegura que el mejor fotógrafo no es el que necesita muchas luces sino el que tiene claro cuál ha de quitar en el momento oportuno.

Ureta, con algunas décadas a cuesta y vaivenes del almanaque, no deja de trabajar, y es loable, tampoco de intercambiar con los jóvenes y de responder a sus atrevidas preguntas. Algunos interrogan sobre especificidades del color y las propiedades de la tecnología, asegura que cuando se inició en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfico (ICAIC) la cámara sola pesaba 85 libras.

Ante la disyuntiva en que lo colocan los noveles realizadores, entre el celuloide y la tecnología digital, expresa que los efectos, por ejemplo, se hacían enteramente en el laboratorio y se tenía que filtrar la escena entera, no deja de reconocer las posibilidades que ofrece la producción digital, hay cámaras subacuáticas, la mayoría no pesa nada prácticamente pero, entre la imperfección del grano el celuloide y la exactitud matemática del pixel, se queda con el primero.

Reconoce que a veces la tecnología lo descontrola un poco, pero no renuncia a ella, si dejar de saber que el exceso de esa calidad en el registro de la imagen a veces dificulta la propuesta estética y no hay como el estudio riguroso, y la verdad, de que todo el presupuesto del mundo no resuelve lo que se soluciona con talento.