Norberto Codina: “La revista que deseo es la que estamos elaborando”

Norberto Codina: “La revista que deseo es la que estamos elaborando”

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  • Norberto Codina, ha fomentado en casi tres décadas una destacada labor en  La Gaceta de Cuba.
    Norberto Codina, ha fomentado en casi tres décadas una destacada labor en La Gaceta de Cuba.

Codina, y sus lugares comunes

Entre las revistas que han reflejado la cultura cubana y sus múltiples resonancias y amplitudes, La Gaceta de Cuba sobresale con más de cinco décadas de circulación en el ámbito nacional, siendo a la vez, eficiente medidor de la cultura cubana y las tendencias que desarrollan sus creadores en los campos artístico-literario.

Próxima a cumplir 55 años —fue fundada el 15 de abril de 1962 por Nicolás Guillén como publicación de la UNEAC—, La Gaceta de Cuba es dirigida desde 1988 por el poeta y ensayista Norberto Codina (Caracas, Venezuela, 1952), quien se vinculó a la revista “en 1986 como parte del consejo editorial que refundan Lisandro Otero, Carlos Martí y León de la Hoz”.

Norberto Codina fue merecedor del Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro y en su país natal, la Orden Batalla de Carabobo en su tercera clase y el Botón de Honor de la ciudad de Mérida. Entre sus libros más recientes se encuentran el poemario El leve viaje de la sangre y los libros de ensayo Cajón de bateo. Algunas claves personales y prestadas entre beisbol y cultura y Del fragmento como mirada; además las compilaciones Para verte mejor. Pasajes del cine cubano en La Gaceta de Cuba, Escenas entrevistas. Diecisiete personajes en La Gaceta de Cuba y Para otra lectura de Ballagas; y en coautoría Sonar en cubano. Músicos en La Gaceta de Cuba.

Conversamos —a propósito de mi tesis de licenciatura donde analizaba la crítica literaria en las páginas de la revista— una mañana de febrero de 2016 en la sede de La Gaceta de Cuba. Afuera, la ciudad se mezclaba con el bullicio de la 25 Feria Internacional del Libro de La Habana.

Desde su fundación, La Gaceta de Cuba representa los intereses de la UNEAC. Usted ha dicho que es una “revista institucional” según el término utilizado por el mexicano Arturo Azuela... ¿A qué se refería específicamente Azuela?

Cuando Azuela habla de revista institucional —este ha sido un tema que también ha estudiado Roberto Fernández Retamar y Ambrosio Fornet— se refiere a la revista que tiene un vínculo con una institución dada: una universidad, gremios de escritores… Las revistas, por ejemplo, de perfil universitario responden a esto. En Cuba, por las características de nuestra sociedad, prácticamente todas o casi todas son institucionales… Una revista latinoamericana emblemática como Vuelta con Octavio Paz detrás, mantenía el cuarenta por ciento de sus páginas con anuncios… Una revista sin dinero no se puede hacer, y que una revista se autofinancie, sabemos no funciona, al menos una revista cultural como La Gaceta…

Lógico: hay revistas más institucionales que otras. Como el viejo chiste de que todos somos iguales pero unos más iguales que otros... Pero también, cuando Azuela hablaba de revista institucional, se refería al perfil que crea determinados compromisos, por ejemplo La Gaceta…

No por tú ser miembro de la UNEAC tienes derecho a publicar en la revista. O sea: si yo soy miembro de la UNEAC y vivo en Cacocum, ¿por qué no me publican...? Es un problema de calidad. Nosotros tenemos varios autores que radican en el interior del país y han sido colaboradores inmediatos; por ejemplo, Luis Álvarez Álvarez que está en Camagüey, pero Luis Álvarez es una figura de primera línea en la cultura cubana. En el caso de Santa Clara, Ricardo Riverón, Arístides Vega o Yamil Díaz, ellos han sido colaboradores sistemáticos de la revista, incluso han organizado dossiers con nosotros. Leymel Pérez y Alfredo Zaldívar en Matanzas; Yunier Riquenes en Santiago de Cuba; pudiéramos poner más de un ejemplo de gente que ha organizado incluso más de un dossier… En Holguín, Leandro Estupiñán mientras estuvo allí, fue en colaborador sistemático.

También existe el “lamento lugareño”, hay personas a las que le hemos publicado más de una colaboración, y cuando mandan otra vez les decimos que llegó muy tarde o es un libro que salió hace años, o ya se ha escrito sobre él, entonces se lamentan a pesar de ser un autor al que hemos publicado en más de una ocasión.

Hay un principio de selección de los editores y de calidad, pero por ser miembro de la UNEAC sí tienes derecho a que te tomen en cuenta, porque pertenece y responde a una institución, como pasa con la revista de la Universidad de La Habana o la revista de la Biblioteca Nacional, lo que no quiere decir que solo publiquen a alumnos o profesores de la Universidad de La Habana o bibliotecarios o investigadores en el caso de la Biblioteca Nacional. Ahora cómo esa revista, teniendo ese vínculo institucional, logra tener una autonomía, un perfil, una proyección que responda al equipo que la hace, ya es otra historia y eso tiene que ver mucho con el diálogo que se logre entre ese equipo y la institución en cuestión.

¿Ha sido objetivo de La Gaceta de Cuba potenciar una perspectiva periodística de la cultura cubana?

Más que potenciar una perspectiva periodística de la cultura, potenciar el periodismo cultural. Esa es una voluntad, y a la vez, objetivo fundamental de La Gaceta… retomando sus mejores tiempos, el espíritu de los años 60. La revista cuando surge en abril de 1962, se emparenta y tiene vasos comunicantes, incluso en su diseño, con un antecedente importante, Lunes de Revolución. De la impronta que hereda de Lunes… está también el tema del periodismo cultural: la importancia de la crónica, la entrevista; que la elaboración de los artículos, del periodismo que se ejercite en la revista, teniendo una marca literaria y objetivos culturales más allá de lo que es el diarismo, tome las coordenadas claves del periodismo cultural.

Los jefes de redacción de La Gaceta… que fue espacio de polémica y debate, desde 1962, fueron también excelentes periodistas, por ejemplo, Lisandro Otero que fue su primer jefe de redacción, Jaime Saruski o Luis Agüero, que por cierto firmaba con el seudónimo de Luis Orticón sus críticas de televisión, fueron excelentes periodistas. A finales de la década del 80, incluso antes con los que me antecedieron, La Gaceta… trato de retomar ese espíritu. Incluso en la época en que comencé con la revista, el primer jefe de redacción fue Leonardo Padura, que se ha destacado mucho con el periodismo, y luego Arturo Arango, quien también ha reivindicado el periodismo cultural en todo momento. Arturo tiene tres libros publicados en que los textos que ahí incluye son una mezcla de ensayo, artículos y crónicas.

A la crónica y la entrevista le hemos dado una importancia particular en La Gaceta de Cuba. Estoy pensando una definición de Antonio Benítez Rojo que a mí me gusta mucho: “género anfibio”… Él tiene un libro emblemático que es La isla que se repite: el Caribe y la perspectiva posmoderna, que siendo un referente importante de los estudios cubanos en Estados Unidos, no es un texto académico al uso, por eso mismo: la literatura, la academia, la crónica, se religan constantemente; creo que esos estancos hace mucho tiempo no son tan rígidos.

¿Cómo se seleccionan los temas tratados? ¿Cómo se conforma un número en lo relativo a autores y temáticas?

Primero partimos de representatividad y balance. La representatividad va desde valorar el balance de la firma: si el trabajo vale la pena y es alguien que nunca ha publicado, si el autor es de diferentes generaciones o radican en el interior del país, pero sobre la base de calidad.

Nosotros tratamos de que exista primero calidad y perfil afín con la revista. Existen textos que pueden ser excelentes, pero por su temática o por su estilo no son afines a la revista. Hemos publicado en determinados momentos lo que se llama “textos metatrancosos”, y creo que es legítimo que aparezcan en La Gaceta… Pero, por otro lado, a La Gaceta… no le tocan textos de carácter académico en el mejor sentido de la palabra; los largos ensayos no tienen que ver con nuestro perfil, debe ser la excepción de las excepciones, tampoco reproducimos fragmentos de obras de teatro, como lo puede hacer la revista UNIÓN. Como diría el clásico marxista: esto no es un dogma sino una guía para la acción.

También están los temas. En un momento determinado, cuando La Gaceta… era casi la única publicación de este tipo, en los años 90, le dimos un espacio importante a las ciencias sociales, pues no existían otras revistas en ese momento… Pero esta es una revista de arte y literatura, que en su sentido más amplio, por ejemplo, les ha dado a los historiadores, un espacio importante. Pero textos que no sean de carácter monográfico o académico.

Recordemos que en el primer lustro de los 80, La Gaceta de Cuba se transformó en una revista que se llamó La Nueva Gaceta donde los temas, pudiéramos decir, más mediáticos se privilegiaban —llegó a tener una tirada de 50 mil ejemplares—, y lo que aparecía en portada era el cantante o el actor o actriz de moda; existe incluso una vieja broma de Reynaldo González que yo repito constantemente, que si en un momento determinado, porque era muy densa en los 70, se llamó La Maceta, y en otro momento, porque se quedaba un número tras otro y no salía, por desidia y un montón de cosas, se llamó La Gaveta, pues esta se llamó La Gacela, por su ligereza. Fue una revista que, creo, se divorció del espíritu de sus fundadores. Lo mismo daba espacio a determinados poetas o escritores del campo socialista que no eran de interés para el lector cubano, o un espacio muy grande a lo que vendría a ser la farándula o la pasarela.

Primeros números de La Gaceta de CubaAl punto que cuando en 1986, cuando Lisandro Otero convoca a una veintena de intelectuales que, cuando aquello, promediábamos menos de 35 años, entre ellos Raúl Hernández Novás, Ángel Escobar, Reina María Rodríguez, Senel Paz, Francisco López Sacha, Miguel Mejides, Arturo Arango, etc., se constituyó ese primer consejo editorial que era bastante nutrido y el primer acuerdo de ese consejo fue que la revista volviera a llamarse La Gaceta de Cuba. Además, entró un muy joven jefe de redacción, León de la Hoz —no existía entonces director—, con el apoyo de Lisandro Otero y Carlos Martí, que fueron decisivos, no olvidemos que Lisandro fue el primer jefe de redacción de La Gaceta… También entraron, como colaboradores muy importantes, personas como Reynaldo González, por ejemplo, que es uno de los que ha reivindicado el llamado periodismo cultural cubano, ahí están los mismos libros de Reynaldo para confirmarlo. Y estaba también el diseño de Frémez, que incluso dialogaba con aquel diseño de los años 60. Esa revista, de la segunda mitad de 1986 a 1987, ya preparó el terreno para la revista que yo heredé a principios de 1988. De 24 páginas pasamos a 32, en esa época era papel gaceta y así los sucesivos cambios que ha tenido.

El tiempo de silencio fue en 1990 con la crisis que comenzaba, en 1990 es cuando la revista no sale. La revista era mensual en aquella época, con 32 páginas. El número de agosto se nos quedó en plana, era la época en que se hacía con goma y tijera, o sea se pegaban las pautas, se preparaba en linotipo… En el caso de nosotros se hacía ya en plancha, el rotograbado, se levantaba la revista; nosotros entregamos la maqueta del número de agosto, había salido el de julio puntual, pero por la crisis esa revista se quedó así en plana.

La Gaceta… dejó de salir a finales de 1990 y en todo 1991. Los que hacíamos la revista en ese momento, Padura y yo, nos acogimos un tiempo a trabajar en la revista UNIÓN que se suponía iba a reaparecer entonces y llegó a tener dos números en México simultáneos a dos números en Cuba. Pero a finales de 1991, conseguimos un financiamiento de asociaciones europeas de amistad con Cuba y La Gaceta… reaparece en 1992, al punto de que cuando reaparece hereda dos o tres textos que se habían quedado colgando de aquel otro número, lo mismo un texto del periodista José Antonio Évora sobre Manuel el caricaturista, que un inédito de Severo Sarduy sobre Ciclón. O sea, textos que se habían quedado y seguían teniendo vigencia aparecen en el año 1992, ya con otro formato, con otro papel, cada dos meses, bimestral, y con 48 páginas. Aquella revista de 1992 a 1995 estuvo saliendo en papel boom, sin carátula y sin estar presillado en número, como había sido históricamente la revista. Por reajustes económicos en 1996, la revista tiene que imprimirse en papel gaceta, al hacerlo así no se justificaba que fuera sin presillar, pero como en una revista así el papel gaceta puede arrugarse para presillarlo hubo que hacerle una cubierta en cromo y quisimos que esa cubierta en cromo fuera bicolor para no dinamitar totalmente lo que había sido una revista en blanco y negro, y que la tripa siguiera siendo en blanco y negro, pasando entonces a 64 páginas. La nueva Gaceta de Cuba del primer lustro de los ochenta había sido también en bicolor. Ya posteriormente pudimos salir del papel gaceta al papel boom y nos mantuvimos con esa cubierta a dos colores.

¿Cómo funciona el consejo editorial de La Gaceta de Cuba?

El consejo editorial de La Gaceta… como todo consejo editorial que se respete, tiene un carácter semifantasma. El de nosotros existe sobre afinidades. Son personas que están identificadas con la revista, que incluso colaboran con ella… Personas que aunque no veas en dos años aparecer un texto suyo en La Gaceta… o que vengan intermitentemente a las presentaciones de la revista, mantienen de una forma u otra el vínculo con la publicación, a distintos niveles.

Por ejemplo, Graziella Pogolotti o Pedro Pablo Rodríguez mantiene un diálogo permanente con la revista. Arturo Sotto, David Mateo y Roberto Valera lo han tenido muy fuerte en determinado momento. Ahora Arturo Sotto está haciendo también Cine Cubano; ya Roberto Varela no trabaja aquí en la UNEAC; David Mateo trabajó varios años en la revista aunque ahora tiene otros compromisos… Marilyn Bobes y Reinaldo Montero tienen un vínculo histórico con La Gaceta…, fueron del primer consejo editorial, y desde entonces siempre han entrado y salido, colaborado y acompañado a la revista. Carlos Celdrán que es un hombre del teatro, recientemente nos entregó una colaboración, como pasaba con el difunto Abelardo Estorino. Nos privilegian por el hecho de estar cercanos a La Gaceta… y que nos permitan que su nombre nos acompañe.

Ellos mantienen ese vínculo con la revista, que es un vínculo no solo sentimental sino de colaborar en determinados momentos, y nos sirven también como elemento de apoyatura. Mira, Omar Valiño no está aquí en este consejo editorial y es como si lo fuera, porque además fue parte de la revista mucho tiempo y durante seis años la atendió desde la presidencia de la UNEAC.

¿Usted ha dicho que el perfil editorial de La Gaceta... tiene un carácter totalmente selectivo?

Aspira a tener un carácter selectivo y que nos equivoquemos selectivamente. De seguro nos equivocamos mucho, pero aspiramos a hacerlo selectivamente.

¿Trata de ser representativa La Gaceta... en cuanto a las posiciones artístico-literarias que se producen en la Isla?

Qué más quisiera yo… Aquí se suman muchas cosas: el tiempo nacional es un tiempo lento para todo, para que la mayoría de la gente escriba, para que manden las cosas aunque se los pidas en reiteradísimas ocasiones y es un tiempo lento incluso en la industria, porque entre lo que el autor entregó el libro, pasa por la editorial y luego por la industria, se convierte en un hecho público, se hizo una reseña sobre él, nos llegó a nosotros, se publicó la reseña en la revista, tranquilamente puede pasar un año… Y es un periodo de tiempo hasta saludable, encomiable… Una vez que entré la reseña, editarla, verla… eso sin contar el tiempo que estuve esperando la reseña, y ya se convierte en realidad en la imprenta, tranquilamente en el mejor de los casos, tres meses.

Nosotros nos demoramos, ya editado el texto, entre diseño y demás, un proceso de casi un mes, edición, cromo, y vuelta a repetir, pues las erratas te persiguen. La industria se puede demorar un mes, o mes y medio... Por eso cuando coincide algo sobre cine o artes plásticas, una exposición que ya se desmontó en febrero, y ahora está entrando la reseña, nosotros la privilegiamos, porque el libro en ese sentido es más intemporal…

Primer número de La Gaceta de Cuba, 2017

¿Cómo valora el trabajo de La Gaceta... en comparación a otras publicaciones especializadas en el tratamiento de la literatura cubana?

No puedo establecer comparaciones porque la valoro con mucho cariño, pero sí tenemos una voluntad y un esfuerzo por la diversidad y porque esto no se contamine. Es la voluntad de ser medianamente honestos.

¿Máxima aspiración con La Gaceta…?

La máxima aspiración con La Gaceta… es que el próximo número esté a tiempo. La revista que deseo es la que está en imprenta y la que estamos elaborando.