Nueva temporada de El lago de los cisnes

Nueva temporada de El lago de los cisnes

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Escénicos, Ballet Nacional de Cuba, Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso
  • La emblemática compañía, tan cubana como universal obsequia una verdadera joya de su repertorio tradicional. Foto: Joseph Guindo
    La emblemática compañía, tan cubana como universal obsequia una verdadera joya de su repertorio tradicional. Foto: Joseph Guindo

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, lleva durante todos los fines de semana del mes de enero y el primer fin de semana del mes de febrero, el clásico El lago de los cisnes, a la capitalina sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

La emblemática compañía, tan cubana como universal, les obsequia —tanto a los amantes del ballet clásico, como a los colegas de la prensa especializada— una verdadera joya de su repertorio tradicional, que tuvo a los primeros bailarines Sadaise Arencibia, Yanela Piñera (Ballet Queensland, de Australia), Dani Hernández y Raúl Abreu, en los papeles protagónicos de esa ovacionada versión, creada por el genio único e irrepetible de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, acerca de la estructura argumental, coreográfica y musical diseñada por los maestros Marius Petipa, Lev Ivanov, Piotr Chaikovski, respectivamente, y sintetizada en tres actos y un epílogo.

De acuerdo con la poética y la estética del Romanticismo, el argumento se apoya en una historia fantástica que incluye prodigiosas transformaciones, encantamientos y monstruos malignos, pero en el que florece el amor, que todo lo puede, como eje o núcleo central en ese contexto coreográfico-dramatúrgico, o como una fuerza triunfante sobre los más terribles poderes.

El lago de los cisnes deviene una obra cumbre de la historia de la danza teatral, que perdura como ejemplo excepcional del estilo, la técnica y los modos expresivos de la danza clásica de todas las épocas.

Sadaise Arencibia y Yanela Piñera —con el virtuosismo técnico-interpretativo que las identifica en cualquier escenario local o internacional— le prestan piel y alma a Odette-Odile. Odette simboliza la ternura que identifica a la princesa-cisne, mientras que Odile, el cisne negro, representa la maldad; personajes que —desde una óptica psicológica por excelencia— no tienen ningún punto de tangencia, pero —desde la vertiente psicoanalítica ortodoxa— ocupan un espacio común en el inconsciente freudiano: la ternura de Odette se localiza en el componente espiritual, mientras que la maldad de Odile nace y crece en el componente instintivo; componentes que, separados por una línea imaginaria, Sadaise y Yanela cruzan con gran naturalidad. Tanto es así, que da la impresión inicial de que no son las mismas bailarinas.

 Por otra parte, tanto Sadaise y Yanela, como sus respectivos partenaires, Raúl Abreu y Dani Hernández, quienes caracterizan —con elegancia, amplitud y potencia viril que los singulariza en las tablas— al enamorado príncipe Siegfried, dominan al pie de la letra la técnica académica y la interpretación teatral; indicadores teórico-prácticos en que se estructura el arte danzario en general, y el ballet clásico en particular, y que les facilita a los bailarines intelectualizar y espiritualizar los movimientos corporales, a través de los cuales exteriorizan sentimientos, emociones, pensamientos, vivencias y experiencias, así como la energía positiva, que el mundo interior de Odette irradia hacia el universo, o la carga negativa que brota de las regiones más oscuras de la enrevesada psiquis de Odile.

Esas figuras insignia del BNC les imprimen a los movimientos físicos — magistralmente sincronizados— una gran fuerza expresiva, limpieza, naturalidad e impactantes giros; y por otra parte, se entregan en cuerpo, mente y alma a la noble profesión que los ha hecho crecer como artistas y como seres humanos realizados desde todo punto de vista; virtudes que generaran en el público nacional y extranjero las más disímiles reacciones afectivo-espirituales.

Un párrafo aparte requiere el óptimo desempeño artístico-profesional de los solistas e integrantes del cuerpo de baile de la septuagenaria agrupación; pinos nuevos que —junto a Sadaise, Yanela, Raúl y Dani— supieron adaptarse con ductilidad digna del más cálido elogio a las exigencias técnico-expresivas y estilísticas que implica llevar al proscenio El lago de los cisnes, y consecuentemente, aportarle la dosis exacta de distinción a esa gema de la danza clásica de todos los tiempos.