Nuevos ensayistas cubanos: testimonios de la Isla

Nuevos ensayistas cubanos: testimonios de la Isla

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Escritores, literatura cubana, ensayo, crítica
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Cuando buscamos antecedentes nos encontramos con propuestas como: Nuevos críticos cubanos (1983) realizada por José Prats Sariol y desde esa fecha otras compilaciones han escogido textos de ensayistas jóvenes, pero ninguna otra, lo había realizado con este fin: mostrar los senderos de la investigación vista por nuevos críticos.

Lo que nos confirma que un texto así era necesario desde hace unos años. Sin embargo, la producción de estos ensayistas la hemos visto publicada en distintas publicaciones, y gracias a este empeño, recibimos una mirada grupal y coral de variadas zonas de análisis en el contexto de la Cuba actual. Al respecto, su presentador Víctor Fowler escribe: “…la antología es una fuerza en la que los textos (marcados por la particular diferencia que permite unificarlos) son alineados en un eje de sincronía para establecer entre sí intimas relaciones de complementariedad e intercambio, al mismo tiempo que —en su conjunto— se oponen al resto que ha quedado ʻafueraʼ”.

Para la editorial holguinera es un gusto sacar a la luz estos ensayos que comprenden una diversidad temática y discursiva. Sus autores pertenecen a profesiones distintas y cada uno ha realizado su aporte en la medida que profundiza en el tema escogido. También significa proporcinar luz verde a temáticas relegadas desde el discurso crítico prevaleciente o desde la perspectiva que ofrecen, novedosas en su conjunto.

No faltan textos dedicados a la literatura, al cine, la animación, las artes visuales… hasta estudios sobre racialidad y temas de un alto componente social, como el referido a la celebración de los quince en Cuba.

Para Reynaldo Lastre, el compilador, en la misma medida que el libro significa una alegría es también una deuda, pues: “Falta, sobra decirlo, el libro más completo que sea capaz de incluir también ensayos sobre fenómenos musicales, danzarios, teatrales, filosóficos e históricos, pero estos casos están casi ausentes de la agenda de los jóvenes estudiosos de la cultura, ya sea por las limitaciones educativas existentes para estas materias, ya por el desinterés o la «gran empresa» que inspira o implica el estudio de alguno de estos rubros”.

Sobre los temas y enfoques abordados en Anatomía… hay que mencionar las principales preocupaciones y perspectivas que ofrecen como si fuera la leyenda para leer un mapa. Interrogantes que se abren desde miradas divergentes o coincidentes para atrapar la atención del lector.

Autores como David Leyva nos hacen partícipes de las coincidencias entre Dante Alighieri y José Martí o Lastre nos lleva a un recorrido por el miedo como categoría en la literatura de Virgilio Piñera. Jamila M. Ríos vuelve a insistir en la importancia de Calvert Casey para la literatura cubana. Elizabeth Mirabal nos invita a jugar con el gran rompecabezas que es Tres tristes tigres; mientras Ibrahim Hernández analiza el momento de la caída en Roberto Friol.

Estos textos, marcados por la particularidad del ensayo, donde la fuerza la poseen los juicios que el autor sea capaz de enumerar, están dotados de útiles herramientas para estudiosos y académicos en el campo de la literatura cubana. Su principal virtud es que abren otras puertas para recorrer espacios, donde se instaura la verdad.

El recorrido por la literatura continua y las historias pasan frente a nosotros como en una narración cinematográfica, donde asistimos al estreno de la historia del patakí Esteban Luis Cárdenas descrita por Carlos Velazco; a las escenas del caso José Manuel Prieto relatado por Roberto Rodríguez, junto a los dos narradores: Waldo Pérez Cino y Gerardo Fernández Fé, que analiza Juan Manuel Tabío, con el que se cierra el ciclo de la literatura cubana presente en la antología. Ruedan los créditos.

Otros textos rozan los estudios literarios propiamente dichos y se acercan a las miradas femeninas a la nación en narradoras contemporáneas, de Helen Hernández Hormilla; el análisis a la ciencia ficción del siglo XXI, desde la búsqueda de tres modelos de sexualidad, que firma Yasmín S. Portales o en el último ensayo del libro donde Gilberto Padilla enlista a un grupo de autores de su generación alejados de la clásica cubanidad.

En el caso del audiovisual hay que referir las apreciaciones que centran su mirada en el caso del cine joven cubano, visto desde distintos ángulos. Desde la distancia, Zaira Zarza propone un listado del trasnacionalismo diaspórico y los modos de creación de estos realizadores alejados de su natal isla. Con ojo avezado María de Lourdes Mariño estudia la presencia de protagónicos infantiles y la crítica social en parte de la cinematografía insular. Mientras, como si fuera cine-ensayo Marianela González transversaliza el cine joven cubano a través de nociones como: estado, nación y derecho.

No podía faltar el análisis sobre el documental cubano y el caso escogido fue Nicolás Guillén Landrián con un collage desde la nostalgia coescrito por Ariadna Ruiz y Amelia Duarte, el único caso de coautoría presente en Anatomía... y un mapeo realizado por Anaeli Ibarra de la video-creación en Cuba que se instaura como texto casi iniciador de estos estudios.

También aparece un símbolo de los animados cubanos: Elpidio Valdés, revisitado por Justo Planas, desde su presencia en el imaginario nacional. Desde la historia de las artes plásticas, Hamlet Fernández esboza un catálogo de Antonia Eiriz, su obra y el contexto histórico. 

Los estudios que indagan en cuestiones sociales, van desde una caracterización a los modelos de masculinidad y estereotipos raciales en Cuba, que inscribe Maikel Colón; acompañado por la propuesta de Sandra del Valle, sobre las narrativas de racialización desde la literatura y el cine.

Por su parte Ariel Camejo sondea las relaciones presentes en una refiguración del pensamiento social a partir de cambios de distintas índoles sobre estos procesos. En el orden de lo social-cultural se sitúa el texto de Giselle Victoria sobre la celebración de los quince, una práctica que marca la tradición cubana y que se instaura como parte del caudal simbólico de la nación.

Los aportes que una muestra como esta ofrece al lector cubano son incalculables. Pero salta a la vista que se trata de un texto revelador de figuras, procesos, épocas… que no han sido abordados con la profundidad que ahora proponen estas letras. Basta recorrer la isla en este trazado anatómico, como si fuera un cuerpo humano, para notar que este recorrido desborda utilidad. Que tenemos que celebrar la iniciativa, el rigor, la juventud, la novedad y el estilo que ya muestran estos representantes de la ensayística cubana.