Olga, la rusa que teje historia trinitaria

Olga, la rusa que teje historia trinitaria

  • Olga Kabanova mostrando sus piezas a los visitantes/Foto de la autora
    Olga Kabanova mostrando sus piezas a los visitantes/Foto de la autora

Como una poción mágica los encantos de Trinidad hechizaron a la rusa Olga Kabanova, cuando era muy joven. Tras un amor de esos que despabilan desde la piel hasta el corazón, llegó en la década de los 90 a la Ciudad Museo del Caribe, y allí ha echado raíces.

Sus primeros días en la urbe del sur espirituano los vivió de la mano del teatro; más otro mundo encandiló su alma de artista, y le abrió el telón de un escenario diferente: el de la artesanía. Desde entonces, agujas ensartadas con hilo irrompible tejen la historia de esta mujer, de cuyas manos conversadoras salen joyas que enriquecen el patrimonio cultural de la Tercera Villa de Cuba.

Sus ojos azulados se abren de par en par y derraman lágrimas satisfechas cuando habla de sus primeros bordados, casi perfectos, porque «nacieron bajo la mirada de reconocidas artesanas como Teresa Toscano, Premio a la Excelencia Artesanal, otorgado por la Unesco y Zaida Ramos».

Sus pininos en los hilados reaparecen en su imaginario cuando pregunto por sus orígenes en Trinidad. Con una sonrisa pasmada en su rostro, y sin perder de vista las puntadas en el lienzo que ya casi tiene forma de camisa, asegura que «aquellas obras fueron la confirmación de que bordaba el mejor de los caminos».

La artesanía es un arte arraigado en Trinidad que ha sumado adeptos masculinos/Foto de la Autora

«La artesanía es uno de mis amores. Estudié y aprendí randa a máquina.  Mirando a mis amigos, me embullé y aprendí también randa a mano, y aquí sigo en lo me gusta», dice con ese acento que advierte vestigios fieles a su lengua materna.

Al son de la música que a todas horas campea entre el mar y el monte trinitarios, Olga la rusa, como le conocen en la mencionada urbe colonial, borda con hilos de oro su carrera de artesana. Pero su entusiasmo sube de tono cuando toma conciencia de que lo que nace de sus manos, también aportó para que la tierra que le abrió los brazos consiguiera, en 2018, el título de Ciudad Artesanal del Mundo.

Debido a la pandemia que obligó a recoger las piezas enarboladas en calles y ventanas, Olga se vio obligada a dejar de bordar joyas a cielo abierto. Ahora, entre paredes testigo de lo más autóctono de la lencería trinitaria, da luz a manteles, camisas, tapetes, y lo hace con un sello muy fácil de identificar por quienes conocen al dedillo sus creaciones.

«Tengo clientes permanentes, personas que vinieron en años pasados y vuelven una y otra vez para visitar mi galería. Me preguntan ¿qué hiciste de nuevo? Tengo un amigo ucraniano, residente en Canadá, que compra aquí sus camisas, y cuando sale a la calle le dicen: esa camisa la hizo Olga».    

Mis ojos ensartan la ventana de su casa colonial en busca de otras señales para seguir tejiendo esta historia. Su mirada y la mía se cruzan enfocadas en un mantel de lienzo con bordados de randa.

«Esa es mi obra cumbre. No quiero deshacerme de él. Los visitantes me ven cociendo y enseguida entran, tiran fotos, preguntan todo tipo de detalles, y hasta quieren saber de las técnicas de bordado. A veces me piden que les dé clases, y se las doy».

En Trinidad se muestra la artesanía en las calles cual museo a cielo abierto/Foto de la autora

«Lo que más rápido quieren comprar son mies piezas más queridas, y eso me da un dolor. Si las vendo comienzo a llorar porque me da una lástima, no sé explicarte. Es que no me gusta vender mis piezas».

Mientras intenta enseñarme algunos trucos para hacer los tejidos a crochet, randas a mano, y me abre el camino de otras técnicas de bordado, La Rusa ensancha, aún más, su puerta colonial y suben los decibles del armonioso ruido de las máquinas, que, operadas por pies y manos jóvenes, cosen el arte. Porque Olga Kabanova, al tiempo que aprovecha su don de costurera, devuelve los saberes que un día, cuando llegó a Trinidad detrás de un amor, le tejieron grandes escalones para subir al escenario de la artesanía.