Olga Marta: “Las editoriales deben tener una especie de caballeriza”

Olga Marta: “Las editoriales deben tener una especie de caballeriza”

Etiquetas: 
Escritores, Olga Marta Pérez Fernández, Premio Nacional de Edición 2015, Ediciones UNIÓN
  • Olga Marta Pérez es directora de Ediciones UNIÓN, casa editorial que la acoge desde 2003.
    Olga Marta Pérez es directora de Ediciones UNIÓN, casa editorial que la acoge desde 2003.

Cuenta que siempre tuvo especial sensibilidad para la literatura. No llegó en su primera niñez cuando jugaba en casa de aquellos vecinos de su Matanzas natal que años después serían los personajes Papatino y Mamagorda, sino en tercer grado cuando le regalaron La edad de Oro de José Martí, “ahí caí en trance, no con toda la obra pero sí con determinados textos como Las ruinas indias y el poema Los dos príncipes, me fascinaron”. 

Ese primer contacto marcaría su impronta: dedicaría toda su imaginación a la literatura para niños y jóvenes. Así llegaron Tricolor en coautoría con Vivien Acosta (1988), En el cristal (2003), Las sombras andan solas (1996 y 2007), El Halcón Marqués (2004), El día que se fueron las palabras (1994), y tantísimos textos, incluido el cuento La Maga Maguísima, todo un descubrimiento fascinante para el mundo interior de los pequeños. “Sus maneras, su lenguaje, todo me llamaban mucho la atención. En el caso de los niños son percepciones de un descubrimiento constante y lo asumí como una manera de ver las cosas. A pesar de los años, yo hago descubrimientos constantemente y me sorprendo muchísimo”.

Pero Olga Marta Pérez no solo es la multipremiada escritora. Sus horas se han multiplicado para adentrarse en lo complejo de la edición literaria y para llevar adelante con todo éxito la dirección de la Editorial Unión de la UNEAC. Estudio constante, intuición, noches de desvelo y muchísimo amor a la vida ilimitada que despierta cada letra son algunas de las cualidades que el jurado del Premio Nacional de Edición 2015 resaltó sobre la trayectoria de esta promotora y gestora cultural, que prestigia el universo editorial cubano.

¿Cómo llegó a la edición? ¿Recuerda el primer libro que pasó por sus manos?

En los años 80 empecé en una editorial ya desaparecida que se llamaba Orbe y lo mismo hacía la guía telefónica que textos sobre cómo mantener la belleza. Allí aprendí el oficio con Caridad Calvo y Daniel García. El primer libro que edité fue un texto dedicado a la halterofilia, una traducción rusa para entrenar a los atletas que levantaban pesas. Después Más belleza para ti con consejos y luego, De Tuxpan a la Plata, segunda edición, sobre el yate Granma. Posteriormente pasé a Gente Nueva (ya había ganado una mención de La Edad de Oro con Tricolor) donde comencé trabajando como correctora de estilo.          

Usted que ha estado en los dos sitios, ¿cómo debe ser la relación escritora-editora?

Como directora de Unión, soy un poco juez y parte. A veces los colegas me traen contratos que tienen con otras editoriales, incluso extranjeras, y me piden consejos. Yo siempre trato de orientarlos: no les des los derechos de traducción, que disminuyan el tiempo de contrato, es decir, tenemos un intercambio.

Todos los escritores vienen con sus libros —como hago igual con el mío—, y nos pensamos que es lo más grande del mundo, que hemos escrito la gran obra y queremos que nos lo publiquen. A veces uno no piensa como autor en que la editorial —si acepta el libro y finalmente se va a publicar después de todas las aprobaciones— va a apostar su dinero por un libro que no sabe si se va a vender.

El ambiente entre ambas partes tiene que ser colegiado. Pero creo que los autores, por lo general, no tienen visión ni educación en cuanto al tema contractual y se debe mirar todo: para qué idioma se firma, el territorio… Cada detalle técnico tiene que saberlo el editor.

He tenido suerte de asistir a tres cursos de Gerencia editorial, impartidos por el Centro de Desarrollo del Libro para Centroamérica y el Caribe (CERLALC). En uno de ellos “tuve una experiencia muy graciosa pues uno de los profesores mexicanos dijo que invitaba a la cubana a la pasantía porque a nosotros no hay que enseñarnos a hacer libros bellos. Me convertí en una especie de monitora (risas). Fue extraordinario, ojalá muchos de mis colegas tuvieran esa oportunidad. Esto hace que uno tenga una visión de cómo funciona lo editorial en otros países y adaptar las cosas a lo que sucede aquí… El sistema del libro tiene que cambiar e ir modulándose estructuralmente porque las tecnologías han cambiado a la hora de hacer el libro.

¿Qué debe tener un buen editor?

Ser agresivo y tener un conocimiento vasto de lo que está pasando en el mundo literario de su área. También tiene que conversar. A la oficina llegan los autores y se sientan a conversar, les pregunto qué están escribiendo, cuándo lo terminan, qué arista tiene la obra; en ese sentido es la agresividad.

Hace poco, Pedro de Jesús pasó por aquí y le dije: Pedro tú no publicas aquí desde el año 98, 99, ¿qué pasa? Y me dijo que el próximo libro de cuentos me lo trae. Entonces hacemos un compromiso.

Las editoriales deben tener una especie de caballeriza, es decir, los autores que le traen sus libros, que siempre publican contigo y que van haciendo de esa editorial su casa. Eso también es importante aunque Unión prueba a escritores, pero enseguida te das cuenta del libro que se vendió rápido, o que va a salir rápido del almacén porque tienes respuesta de los críticos o te llega algún comentario, y para eso tienes que estar alerta. A veces estoy en una reunión de amigos (los amigos de uno son escritores) y me dicen, me leí Etzamián, qué gran escritor, ese muchacho va a ser un novelista si de verdad se sienta. Qué bueno que tenemos en él un Premio David, ojalá la próxima entrega sea igualmente buena. Yo la voy a aceptar y vamos a ver qué pasa en un segundo round porque si se sigue comportando así, esta es su editorial y no otra.        

Esa capacidad del editor de establecer esta confianza con el escritor es muy importante. Leonardo Padura siempre pide a Vivian Lechuga para que sea su editora, Fina García Marruz pedía a Ana María Caballero, y como no trabajaba aquí nosotros la contratábamos. Eso no se puede hacer con todo el mundo pero se hacen concesiones para mantener tu caballeriza alegre y confiando en ti.

En estos años al frente de Ediciones Unión, ¿recuerda algún momento particularmente feliz? Quizás otro no tan feliz…

Muchos autores confían en nosotros porque se les atiende bien, porque esta es su casa. Claro, yo no hubiera podido hacer esto sola, contamos con grandes profesionales que saben del trabajo, y puedo no estar que sigue funcionando. Sin un equipo no se puede levantar una editorial, un equipo con un sentido de pertenencia a la editorial y a la UNEAC.          

Sin dudas, los más felices son cuando nos dan los Premios de la Crítica. Cuando el stand está lleno de gente comprando libros durante la Feria del Libro; cuando nuestros libros tienen repercusión en la prensa; cuando se nos acaba una edición en tres meses y unos 2 mil ejemplares se volatilizan y te dices “¿bueno qué pasó?”, eso es una alegría porque sé que le dimos la patá a la lata. Momentos felices cuando eres capaz de conseguir la papelería de Eliseo Diego y publicar todo lo que dejó como lo ha hecho esta editorial, solamente nos falta un libro; cuando uno de nuestros escritores alcanza el Premio Nacional y lo conocimos con su segundo libro publicado o su tercero y de pronto ese hombre es Premio Nacional de Literatura como es el caso de Padura y más cuando fue compañero de trabajo. O cuando el autor te dice que está muy contento con su libro.

También los hay muy difíciles, sobre todo si se te va un error en cubierta. Pero siempre digo que a los editores son los únicos que se les puede ir una errata porque a mí nunca me han dado un recto de derecha como le pueden hacer a un boxeador.

Este es un trabajo ingrato porque la mayoría de las veces cuando sale algo mal es culpa del editor y si sale totalmente bien, la gloria se la lleva el escritor nada más. Aunque creo que eso ha ido mejorando y ya hay un reconocimiento a la figura del editor.

El Premio Nacional de Edición 2015…

“Yo amo mucho esto que hago. Siempre digo que soy una persona feliz porque tengo un trabajo que me gusta hacer y que se ve. El premio ha sido una gran alegría”.