Pensar: el reto de la ciudadanía en Cuba

Pensar: el reto de la ciudadanía en Cuba

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  • René Fidel González García. Foto de la autora.
    René Fidel González García. Foto de la autora.

¿Cómo hacemos para pensarnos y funcionar como ciudadanos? Con esta motivación se presentó recientemente en la Universidad de Oriente de Santiago de Cuba Ciudadanía, República y Revolución. Retos de la Ciudadanía en Cuba del Dr. en Ciencias Jurídicas René Fidel González García.

El análisis es una de las mayores aportaciones del autor en los últimos diez años, al decir del Dr. Walter Mondelo, uno de los presentadores. “Hay que desentrañar los conflictos que esconde el derecho detrás de leyes y decretos. Luchar por la ciudadanía en Cuba hoy, es luchar por el Socialismo”.

Por su parte, el Dr. Reynaldo Suárez acotó que el texto aparece gracias a la pericia de Ediciones Caserón de la UNEAC, en un momento “excepcionalmente oportuno” pues es necesario que la ciudadanía cubana esté preparada para funcionar en el espacio público. “Hay que situarse en la condición de ciudadanos para leer este libro. El autor nos aporta herramientas y trabaja desde el ensayo, que es la manera más artística de trabajar el pensamiento”.

Ante estudiantes y profesores de la alta casa de estudios santiaguera el Dr. René Fidel González García, precisó que el libro viene a abonar el debate que un grupo de profesionales del derecho intenta colocar en la palestra nacional desde hace al menos una década. “Es necesario actuar con niveles de conciencia y funcionar como ciudadanos si queremos salvar el socialismo en Cuba”.

Al concluir el encuentro, el Dr. González aceptó el diálogo con esta reportera.

 

–A su parecer, ¿Cuáles es el reto de la ciudanía en Cuba?

–Lo primero que tiene que hacer el ciudadano cubano es ser. A Cuba le hace falta gente que piense el país. Un desafío grande, es pensar. Necesitamos una nueva visión de la política, que las personas participen, no sobre la base de estar en los lugares, sino sobre la base de discutir, de consensuar, de llegar a acuerdos. Y todo ese proceso vinculado al bien común y el bien común solamente puede ser colectivo, no puede ser dejado a un grupo de personas. El compromiso con el bien común debe ser global. Cuba necesita ciudadanos, no los tenemos. Declarados jurídicamente sí, pero políticamente no y es precisamente lo que necesitamos. Como desafío de país nos hace falta una nueva clase política que desde la Revolución sueñe la nación y la construya.

–¿Cuánto considera que ayuda el libro a esta toma de conciencia?

–El libro es solo un paso. Es parte de un debate que desde hace diez años estamos desarrollando un grupo de profesionales para que los cubanos se piensen. Como país nos afecta el proceso global de la idiotización y un idiota no piensa. De hecho, el idiota es el gran fracaso de la modernidad, que no construyó un hombre nuevo. No es un tema de élite, sino de todos.

–¿Piensa en los más jóvenes cuando presenta el texto en la Universidad?

No es solo un tema de jóvenes, de hecho Cuba no es ya un país joven. Ahí están las estadísticas. Tampoco es un debate personal, por el contrario, es el debate que cada uno de los cubanos debemos hacer, pero solos no sirve. Hace falta un debate que nos conecte con la política y la Revolución siempre fue política, alta política, la Revolución fue política popular. La única forma de funcionar políticamente es participando, es debatiendo, es respetando la opinión del otro, llegando a acuerdos entre todos.

Es necesario buscar el compromiso, buscar un nuevo pacto social en Cuba que nos involucre a todos, porque lo contrario es que pese más el egoísmo y la salida individual. Que el libro se presente en la Universidad quiere decir que la Universidad necesita jóvenes que no sean solo becarios del pensamiento oficial. Necesitamos jóvenes que piensen.

–Los presentadores han insistido en que el libro aparece en un momento oportuno ¿Qué argumentos aporta usted a esta consideración?

–La oportunidad está basada en la Revolución. Durante demasiado tiempo se ha dicho en Cuba que hay lugar y forma y medios para decir las cosas. Eso ha servido para que no siempre se pueda decir lo que se piensa, de hecho se marginen opiniones porque no es el lugar o el momento para decir lo que se piensa. Ese medio, esa forma y ese lugar es la Revolución, y llegó hace cincuenta años y convirtió en realidad lo que era impensable. La Revolución como un hecho fundamentalmente político porque por primera vez en Cuba pudimos vernos las caras, lo que pasa es que los cubanos nos vemos las caras siempre en momentos difíciles.

La Revolución no es el resultado de un capricho, es el resultado de un grupo de circunstancias, ahora vuelven a darse las mismas circunstancias. La restauración capitalista en Cuba no es solo una posibilidad, sino la aspiración de mucha gente. Hay una nueva clase en Cuba. Hay gente que piensa diferente, que quiere una salida individual, que aspira a reconstruir el capitalismo.

Alguien me preguntaba ¿cuál es la finalidad del lucro? La respuesta es una sola: el lucro. La finalidad del bien común, es el bien común. Distinguir estos dos modelos básicos puede ser importante. O hacemos eso o seguimos con un modelo estado-céntrico insuficientemente democrático,  porque el diferendo Cuba-Estados Unidos ha tenido un gran costo político en nuestra democracia. Nos hemos tenido que contentar con niveles bajos de democracia por tener al enemigo enfrente, ojo, el enemigo seguirá estando ahí enfrente, pero a pesar de esa circunstancia hay que seguir avanzando en el camino de democratizar el país, es una necesidad. En la medida en que el país se ciudadanice, se democratice, en la medida en que el país confíe en lo civilizatorio que ha planteado la Revolución, en esa medida vamos a impedir que ocurra lo que no queremos: el retroceso civilizatorio. Eso es lo que está en juego. En Cuba se juega la civilización.

–¿Será la participación el camino?

Esa es una forma de comportamiento político. Es imposible participar si no se negocia, si no se asume que el otro piensa diferente y se respeta su opinión. No se puede participar sin consenso, sin acuerdos, sin que se tengan compromisos con esos acuerdos. No se trata de que una minoría aplaste a la mayoría sino de que la mayoría ande codo a codo con la minoría, todos juntos. De eso se trata.

–¿Asumió el libro como un reto. Cuáles fueron sus motivaciones, sus propósitos?

–En el orden personal fue una aventura desde la humildad. No he creado nada, solo he tratado de responder la pregunta que me hizo un estudiante en el aula. Profe, ¿qué es ser ciudadano? Y comprendí que todo lo que había explicado antes de la ciudadanía no servía. De modo que emprendí este camino asociado a muchos costos, siempre vinculados a pensar y eso intento, motivar el pensamiento de todos.

–¿Respondió la pregunta de su estudiante en este libro?

No, para nada. Esa pregunta se responde cuando deje de ser un ente vacío y a partir de ese momento comience a conectarse, comience a preocuparse por el país.