PÉREZ PRADO, EL REY DEL MAMBO

ANIVERSARIO 30 DE SU FALLECIMIENTO

PÉREZ PRADO, EL REY DEL MAMBO

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Pérez Prado, Genio, Mambo, música cubana
  • Foto: El Tiempo
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Entre los grandes músicos de Cuba y del mundo hay que hablar de Dámaso Pérez Prado. Fue el primero en hacer estallar la bomba mundial del mambo que estremeció y puso patas arriba al planeta, según palabras del novelista colombiano Gabriel García Márquez.

El Rey del mambo se corona a los 32 años; comenzaba la proeza más colosal del siglo XX. Fue el primero en estremecer al mundo, antes que lo hiciera el rock and roll de Elvis Presley.

Los productores de discos no entendieron las locuras experimentales de Pérez Prado y el genio tuvo que marchar a México. “Me voy a México. Si la suerte me acompaña, allá voy a formar mi orquesta de mambo. Y tengo fe absoluta de que el mambo va a triunfar”.

Observen ustedes el ajiaco que preparó el Dámaso: “Mambo es la combinación sincopada de un ritmo que llevan los saxofones. Sobre esa síncopa, la trompeta, la flauta o lo que usted quiera hacen una melodía. La batería va con ritmo de cencerro a curto tiempos y el bajo de una combinación de una negra con dos corcheas. Una negra en el primer tiempo, dos corcheas en el segundo tiempo. Un compás de espera en el tercer tiempo y otra negra en el cuarto tiempo. El mambo clasifica un ritmo”. (Entrevista de Federico Gómez Pombo).

En mayo de 1951 Pérez Prado viaja por primera vez a los Estados Unidos, el 10 de agosto ya estaba contratado para una gran gira por el la Costa Oeste (California), lo calificaron como “la orquesta de jazz con más swing del país”, “El Stan Kenton del momento, el nuevo Glen Miller”. (Sergio Santana).

En Nueva York estremeció los rascacielos y prendió fuego al salón Palladium, dijo a todo el mundo ¡Aquí está la música cubana, lo más grande de la vida! En el Teatro Carnegie Hall, donde se paran los grandes, el matancero ofreció dos conciertos de mambo a los que asistieron “¡Para maravillarse!” los críticos y las más relevantes personalidades neoyorkinas que junto a Stan Kenton, Dizzy Gillespie, Artie Shaw, y otros artífices de la música popular estadounidenses, se interesaban por conocer y estrechar la mano de un músico tan grande para su tiempo.

Los viejos rumberos negros cubanos aseguran que Pérez Prado fue el impulsor de la timba, “ese lo hizo todo, ligó el iyesà, lo folclórico y lo más moderno”, me confesó el hijo de Isaac Oviedo, tresero mayor de Cuba.

“Soy partidario del mambo –confesó en 1951, el gran musicólogo cubano Alejo Carpentier—, actuará ese ritmo sobre la música bailable cubana como un revulsivo, obligándola a tomar nuevos caminos. Hay mambos de una invención extraordinaria, tanto desde el punto de vista instrumental como desde el punto de vista melódico. Todas las audacias de los ejecutantes norteamericanos de jazz han sido dejadas atrás por lo que Celibidache llama: el más extraordinario genero de música bailable de su tiempo”.

Esta es la saga del gran músico cubano que nos puso, una vez más, en el mapa musical del mundo. Fue el Rey, un tipo de electa (un elegido), uno de los más grandes que mostramos al mundo a la hora de afirmar nuestra identidad.