Piranesi en el Museo Nacional de Bellas Artes (I)

Piranesi en el Museo Nacional de Bellas Artes (I)

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Museo Nacional de Bellas Artes, Grabado
  • Las ruinas son mostradas en gran parte de los casos de un modo directo, rodeadas de vegetación y gente a su alrededor. Fotos tomadas de Internet
    Las ruinas son mostradas en gran parte de los casos de un modo directo, rodeadas de vegetación y gente a su alrededor. Fotos tomadas de Internet
  • Las ruinas son mostradas en gran parte de los casos de un modo directo, rodeadas de vegetación y gente a su alrededor. Fotos tomadas de Internet
    Las ruinas son mostradas en gran parte de los casos de un modo directo, rodeadas de vegetación y gente a su alrededor. Fotos tomadas de Internet

Los grabados en aguafuerte del artista veneciano Piranesi (1720-1778), constituyen parte de los tesoros del Gabinete de Estampas del Museo Nacional de Bellas Artes de la Habana. Su elevado número y la calidad de sus impresiones, refuerzan el valor y el grado de significación de ese conjunto. No es la primera vez que son exhibidos. En 2010 hubo una exposición admirable, curada por el conservador y notable especialista del museo, Miguel Luis Núñez Gutiérrez —de quien se sigue lamentando su temprana desaparición física—, cuyo título de presentación pública, Roma, nostalgia y rescate. Grabados de Giovanni Piranesi, hacía énfasis en un carácter interpretativo de su obra, sustentado sobre las nociones de la nostalgia y el rescate, supuestamente caracterizadoras de los valores axiológicos que movían los propósitos de su creación artística.

La exposición actual, presentada durante los meses de mayo y junio de este año, recién concluida, es más parca en ese sentido. No establece una plataforma analítica de antemano. Su título, Gabinete, Piranesi…papel, se reduce a dar la consideración de ser “obras en un noble soporte”. Un texto introductorio del folleto-catálogo se propone acentuar la función institucional y conservacionista del gabinete de estampas al cual pertenece esta colección.

Nuestro propósito es ofrecer al lector de esta reseña crítica, en un intento interpretativo de mayor alcance, algunas consideraciones sobre la naturaleza de la obra de ese artista veneciano, y situarlo en el contexto de su época, sometiendo algunas de sus obras a un ejercicio analítico que desborde el marco de las referencias aludidas a lo nostálgico y al rescate. No se trata de que estas nociones no puedan servir para establecer consideraciones sobre la creación artística de Giovanni Battista Piranesi. Se trata de su inserción dentro de un complejo cultural más abarcador que matice esas consideraciones.

Es de interés resaltar cuánto de valoración ponderativa de la antigüedad griega era dominante en la época de Piranesi debido a los entonces recientes hallazgos arqueológicos en territorios del mundo griego antiguo, y a la labor teórica y documental desplegada por uno de los genios del siglo XVIII, el alemán Johann J. Winckelmann (1717-1768), contemporáneo del artista veneciano. El teórico alemán desarrolló estudios muy profundos acerca de la historia del arte de la antigüedad. Ponderó al arte griego a partir de los vestigios encontrados en las excavaciones de las ruinas recién detectadas, por encima de cuánto se había logrado culturalmente hasta entonces. Sus consideraciones sobre las perfecciones del arte griego le llevaron a establecer su superioridad y preponderancia sobre el arte de otros pueblos, entiéndase egipcios, fenicios, persas, etruscos y romanos. Lo deja claro en la primera parte y segunda de su libro acerca de la Historia del Arte en la Antigüedad, aparecida a inicios de la década del sesenta del siglo XVIII, en vida de este y de Piranesi.

Roma quedaba en un lugar meritorio para Winckelmann, pero de segundo grado, pues los romanos en su ascenso por el dominio territorial, militar y político en la Antigüedad clásica, conocedores de su retraso cultural, se habían apropiado intensamente de las fuentes materiales y espirituales de la cultura griega, a la que ellos mismos consideraron de un altísimo valor. Los romanos se sintieron cautivados con las esculturas y la arquitectura griega. Propiciaron el trabajo profuso de artistas griegos, quienes se encargaron de trasmitir esos saberes realizando numerosas copias romanas de esculturas griegas, y además se apropiaron de las concepciones de sus modelos arquitectónicos, reorientados según otras proyecciones culturales y necesidades funcionales, en el extraordinario esfuerzo de Roma por sobresalir sobre las demás naciones, incluida Grecia. Ese carácter dependiente y no totalmente original de la cultura romana frente a lo avanzado y singular de la imponente cultura griega, de fuertes raíces, hacía a Winckelmann sobreponer ampliamente lo griego sobre lo romano. En cambio, el marcado interés de Piranesi, nacido en la península itálica, era ponderar el decisivo arraigo de lo romano y su poderosa vitalidad, desarrollada con mayor amplitud a la del genio griego y etrusco. Lo situaba al nivel de las cumbres alcanzadas por la cultura occidental.  

Cabe reconsiderar a mis fines interpretativos las apuntadas nociones de nostalgia y rescate antes consideradas claves interpretativas en la pasada exposición de Piranesi, organizada por el Museo Nacional de Bellas Artes hace unos años. Cuando se aprecian directamente las obras de este artista italiano, es evidente que se mueve en los afanes de ponderar la antigua grandeza romana. Yo no diría que se trata estrictamente del desasosiego y dolor en las lamentaciones que acompañan a la nostalgia de la pérdida.

Hay una presencia de reconstrucciones epocales que hizo en grabados a partir de minuciosas apuntes in situ, documentadas arqueológicamente durante sus esforzadas y prolongadas estancias para la observación directa de esas edificaciones en Roma. Ciudad que sería finalmente sede permanente y preferida para el asiento de su vida personal y de su labor creativa hasta la fecha de su deceso.

Su formación de brillante dibujante deseoso de hacer arquitectura, le preparó para la tarea de su vida. No la de ser un afamado arquitecto real, sino la de un hombre dotado, deseoso de serlo, a confirmarlo en sus extraordinarias imágenes con la proyección dibujada de esos recintos antiguos llevados al grabado. Firmaba acompañando a su nombre la escritura de su condición de arquitecto.

Lo que sistematizó durante toda su vida fue concebir en sus grabados, las estructuras arquitectónicas y ornamentaciones de las vistas de edificaciones sobresalientes de la antigua grandeza romana. Realizó con esa intención varias series largas de impresiones. Los resultados son constatables en cada uno de sus numerosos aguafuertes, de los cuales una parte significativa por su número y valor encuentran asiento y protección en los ejemplares atesorados en el gabinete de estampas del Museo Nacional de Bellas Artes, gracias a lo cual puede exhibirse con orgullo y darlas a la contemplación del público.

Piranesi concibe esas imágenes tras un riguroso y fatigoso estudio preliminar en los sitios donde permanecían los restos arqueológicos. Pero no se detiene en la mera reproducción de lo observado. Incluso fabula, al punto de erigir en sus visiones, las reconstrucciones imaginarias desde los restos que observara. Pondera su grandeza, cuyo esplendor pasado estima por las informaciones obtenidas en las fuentes literarias y por el soberbio poderío alcanzado por Roma, sobre todo durante el periodo del Imperio.

Cuando amplifica en esas imágenes las cualidades artísticas de la arquitectura en la potencial fastuosidad que pudieron tener originalmente, necesariamente la manera de dibujarlas es imaginada, pasada por el proceso activador, grandilocuente de su mente, porque los vestigios de muchos lugares en esos momentos, difícilmente permitían valorar realmente cómo habían existido.

Lo interesante es que las ruinas son mostradas en gran parte de los casos de un modo directo, rodeadas de vegetación y gente a su alrededor, lugares por donde se observan transitan las personas y animales a diario. La gente se ve realizando sus actividades cotidianas sin mostrar ninguna atracción por ellas. Son muros, paredes desvencijadas en los que no reparan. Son indiferentes a estos, sin sospechar la grandeza monumental e importancia social de esos antiguos espacios. Reconocible claramente en las actitudes personales de quienes aparecen representados en sus grabados junto a esos restos.

En todos los casos, fabulados o ciertamente reproducidos con suma fidelidad por Piranesi, son la expresión del esfuerzo edificador del hombre, no solo del romano antiguo. La superposición en algún grabado de edificaciones pertenecientes a épocas históricas diferentes en un mismo espacio contiguo, nos coloca ante la consideración de poderse tratar temáticamente de cuánto se afana el hombre por lograr la grandeza en cada época, mientras el tiempo histórico posterior se encarga implacablemente de borrarlo, de hacerlo desaparecer, dejándolo reducido a fragmentos desintegrados del conjunto al cual pertenecieron, sin poderse asomar el hombre común a imaginar ligeramente el valor de esos lugares y de cómo fueron.

Porque Piranesi se revela en posesión del acento de una visión fría donde nada permanece. Donde la acción del tiempo inexorable, reduce y reducirá en el futuro a pedazos a lo que otrora se mostrara concebido con una coherencia integradora y altamente funcional para la vida de esas sociedades. 

Según se deduce de la observación directa de sus grabados, así lo interpreto, su visión ofrece el desolador hecho inobjetable de que lo existido, por imponente y grandioso en poderío que haya sido, estará condenado a desaparecer. Nosotros igualmente. Nuestros cuerpos se secarán y harán jirones, quedando apenas el recuerdo de lo que fuimos. Esa es presumiblemente una idea más consistente con lo buscado a representar por Piranesi, y no en un sentimiento de veneración nostálgica hacia un antiguo pasado, ni tampoco a los fines de una recuperación restauradora, aunque fuese en papel, a la manera de una conciencia actual al mirar hacia atrás en el tiempo cultural, estimarlo patrimonio a recuperar y salvarlo al menos en la proyección del paisaje de sus ruinas. Se percibe en él, en gran medida, la consciencia de un aire de soledad e indiferencia general en sus grabados, no por él sino por la sociedad hacia las antiguas imponentes estructuras edilicias, cuyos pedazos atestiguan su existencia y permiten atisbar los despojos de su grandeza.