Raúl Roa García: leyenda de un canciller

Raúl Roa García: leyenda de un canciller

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  • Históricas las intervenciones del doctor Roa García, donde se escuchaba su potente voz para defender los derechos del pueblo cubano.
    Históricas las intervenciones del doctor Roa García, donde se escuchaba su potente voz para defender los derechos del pueblo cubano.
Todo el que cumple con su tiempo,
lleva en sí una partícula de eternidad
Raúl Roa García

Las cargas a fondo de un polemista temible

Raúl Roa García: leyenda de un canciller es el título del documental que, con guion del periodista Orfilio Peláez y dirección de la realizadora Silvia Diéguez, fuera estrenado en la sala Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), para evocar el aniversario 110 del natalicio del doctor Raúl Roa García (1907-1982), miembro fundador de nuestra cincuentenaria institución.

Las palabras de apertura estuvieron a cargo del doctor Raúl Roa Kouri, diplomático jubilado, y primogénito del Canciller de la Dignidad, quien destacó que, en 1961, una horas después del cumpleaños de su entrañable progenitor, el doctor Roa García, ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba, libraba una lucha titánica en el campo de la diplomacia a favor de nuestro pueblo, que había sido atacado e invadido por mercenarios al servicio del imperio. En Playa Girón, no solo se derrotó a las fuerzas enemigas durante la confrontación bélica, sino también en el seno de las Naciones Unidas, donde el canciller insular puso al desnudo las patrañas seudodiplomáticas urdidas por el gobierno estadounidense de turno para justificar su agresión a la mayor isla de las Antillas, con el sórdido objetivo de derrocar a la Revolución de los Girasoles, como la calificara la Heroína del Moncada y la Sierra, Haydee Santamaría Cuadrado (1923-1980).

Con posterioridad, el doctor Fernando Martínez Heredia reseñó la fecunda trayectoria político-ideológica de Roa García, quien no solo fue un diplomático de primera línea, sino también un gran pensador, escritor, profesor universitario y periodista, que desde la más temprana adolescencia, abrazó las causas sociales más justas y se consagró a la defensa de los derechos de los explotados y oprimidos.

Primero combatió frontalmente la dictadura machadista, y luego, la batistiana. Estuvo recluido en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, donde se radicalizó mucho más su pensamiento izquierdista y antimperialista, y también conoció a la doctora Ada Kouri (1917-2005) quien fuera su compañera en la vida y en la labor intelectual hasta su desaparición física.  

Los escritos del doctor Roa García eran expresión legítima de sus ideales revolucionarios, a los cuales les fuera fiel hasta el final de su vida, pero sin descuidar la actividad y la subjetividad de los seres humanos con quienes convivía.

Era una de las plumas más brillantes, sus discursos en cualquier foro donde hiciera uso de la palabra eran verdaderas piezas oratorias. Para este hombre excepcional, “el intelectual […] está obligado a ser político”.

Por otra parte, ejerció el periodismo en varios medios nacionales de prensa y lo utilizó como arma de combate para denunciar los desmanes de los gobiernos republicanos y la injerencia norteamericana en los asuntos internos de Cuba y de los países de Nuestra América.

Durante un breve lapso, fue director de Cultura del Ministerio de Educación, y desde ese cargo realizó aportes puntuales al desarrollo de la cultura cubana, y la llevó a las regiones más apartadas de nuestro archipiélago.

Finalmente, se despidió con una frase del doctor Roa García, pronunciada al calor del triunfo revolucionario: “Cuba ha retornado al futuro […]”.

La licenciada Marta Carvajal, directora de los estudios Mundo Latino, presentó el documental dedicado a recrear la vida y la obra de uno de los más grandes intelectuales revolucionarios que ha dado la nación cubana.

Con apoyo en imágenes de archivo, así como en los testimonios de un grupo de personas (incluido su hijo), que estuvieron muy cerca del titular de Exteriores, el narrador Magdiel Pérez relata pasajes de la infancia, adolescencia y juventud de Raúl Roa García, quien se caracterizaba por tratar a la muchachada del barrio donde residía sin el más leve asomo de racismo o exclusión por cuestiones de clase social, aunque estudiaba en un colegio privado, propiedad de los Hermanos Maristas, donde estudió la enseñanza común y la primaria superior. Después, cursó el bachillerato, y una vez en posesión del título de bachiller en Ciencias y Letras, matriculó la carrera de Derecho Público en la Universidad de La Habana, donde se doctoró en esa especialidad de las ciencias jurídicas y llegó a ser profesor y decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público.

En la capitalina Alma Mater continuó la lucha tenaz contra las dictaduras militares que asolaban a la Isla, y puso su inteligencia global y emocional al servicio de los estudiantes opuestos a los regímenes oprobiosos de los generales Gerardo Machado Morales y Fulgencio Batista Zaldívar. Adoptó una posición tan contraria a ambos sátrapas, que fue despojado de su cátedra universitaria y del decanato de la Facultad de Ciencias Políticas y Derecho Público; cargos que después recuperó. En el recinto académico, impartió clases en la Universidad Popular José Martí, fundada por el líder estudiantil Julio Antonio Mella, y junto con Rubén Martínez Villena y Gabriel Barceló fundó el Directorio Estudiantil Revolucionario, del que más tarde se separó, y el Ala Izquierda Estudiantil, trincheras de ideas para enfrentar a los lacayos del imperio.

Al triunfo de la Revolución Cubana, el Comandante Fidel Castro Ruz lo nombra Embajador de Cuba en la Organización de Estados Americanos (OEA), donde —desde el campo de la diplomacia, la cual defendía a capa y espada— tuvo que enfrentarse a los representantes de Estados Unidos y de los gobiernos títeres de la región. Ulteriormente, fue designado ministro de Relaciones Exteriores de la República de Cuba. El discurso del embajador Roa García era culto, pero cortante. Tanto era así, que dejaba sin argumentos las falacias seudodiplomáticas esgrimidas por los cancilleres de las naciones que se manifestaban en contra del proceso revolucionario. En sus discursos, utilizaba proverbios bíblicos, frases eruditas y palabras malsonantes que, cuando se le llamaba la atención por emplearlas en aquel contexto, decía que las había leído en los clásicos de la lengua cervantina. Los contrincantes le tenían terror a aquel hombre delgado, que hablaba y gesticulaba con la rapidez de un relámpago en una noche de verano.

Son históricas las intervenciones del doctor Roa García en los organismos internacionales, donde se escuchaba su potente voz para defender los inalienable derechos del pueblo cubano y las conquistas sociales alcanzadas por la Revolución.

El doctor Raúl Roa García se mantuvo en su cargo hasta que su precario estado de salud se lo permitió, pero en ningún momento se acogió a la jubilación, y mucho menos, al retiro, sino que, a petición de la Dirección de la Revolución, ocupó la vicepresidencia del Parlamento cubano hasta que falleció. A la institución de salud donde exhaló el último suspiro, acudió el entonces presidente Fidel Castro Ruz, quien pronunció unas antológicas palabras: “Ha muerto un hombre digno, que merece respeto”.

A este emotivo homenaje al Canciller de la Dignidad, asistieron el doctor Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, el doctor Ricardo Alarcón de Quesada, expresidente del Parlamento cubano, el doctor José Altshuler, expresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, personalidades del mundo diplomático y cultural, así como representantes de la prensa local.