Recuerdan Centenario de la Gran Revolución de Octubre

Recuerdan Centenario de la Gran Revolución de Octubre

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Centro Cultural Dulce María Loynaz
  • Centro Cultural Dulce María Loynaz, sede del encuentro. Foto tomada de Radio Rebelde
    Centro Cultural Dulce María Loynaz, sede del encuentro. Foto tomada de Radio Rebelde

Uno de los hechos más importantes de la Historia Universal fue, sin lugar a dudas, la Revolución de Octubre, acontecimiento que fue rememorado con motivo de su centenario en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, al tener como invitado especial y disertante al Viceministro de Cultura Fernando Rojas.

Tras realizar un interesante análisis sobre la situación de Rusia, “en 1905, cuando el debate planteado era acerca de cómo posesionarse frente a la burguesía y los campesinos; y en 1917, cuando se trataba de la revolución mundial y de reivindicar y encabezar el movimiento nacional y de continuar hacia el socialismo”, entre otras situaciones, el Viceministro cubano de Cultura destacó la posición de Vladímir Ilich Lenin, “referida a la Revolución cultural e inmerso en la lógica del desarrollo del capitalismo primero, y luego con una perspectiva a la Revolución mundial. Por lo pronto, se trataba de producir en la Rusia atrasada una revolución cultural que igualara a la sociedad soviética con sus vecinos capitalistas y que los superara del problema del cambio cultural desde una perspectiva completamente nueva; que amalgamara la cultura popular, asimilara lo mejor de la cultura universal y propusiera un modo de vida, una perspectiva de amplia participación popular, y un arte y una literatura nuevos. Todo eso a un tiempo.”

Seguidamente señaló que: “La continuación de la lucha contra la burocracia, el plan operativo y el cambio cultural deberían conducir a una sociedad próspera e igualitaria con espacios de participación colectiva, relativamente libres de la presión estatal y que funcionara como un nuevo tipo de sociedad civil encabezada por el Partido, y que ejerciera presión sobre su aparato”.

Subrayó que para Lenin “la vida espiritual tendría que ser rica, amplia y diversa, como medio de realización ciudadana y medio de enfrentamiento ante cualquier forma de opresión. En ese escenario, el primer estado socialista  podría intentar librar una revolución”.

Una vez vencidas las diferentes oposiciones y problemas de los años veinte, Rojas calificó como lo dominante en la política e ideología soviética “la preservación del poder del estado y de una mejoría temporal de las condiciones de vida del ciudadano común, y en términos de igualdad, jamás vistos en la vida humana. Pero no pudieron crearse las condiciones materiales, culturales y políticas del socialismo que Marx valoró (…) Las discusiones de los veinte que trataban sobre los destinos de millones de personas de Europa y Asia dieron la victoria a la facción de Stalin, y se abrió el camino a la constitución de la gran potencia, cuyo pueblo hizo la principal contribución a la victoria sobre el fascismo, pero también a la deformación del estado proletario y a una oleada represiva que enlodaría el ideal socialista durante mucho tiempo”.

Al rememorar el testamento de Vladímir Ilich Lenin, Rojas resaltó que “en él es posible encontrar hasta una nota de reconciliación con lo más puro del populismo. La posibilidad de un camino ruso propio al socialismo, un camino de la enorme masa campesina inculta, pero participante indiscutible de la revolución. La perspectiva leninista del tránsito hacia el socialismo, es entonces inseparable de la idea de un gran cambio cultural. La hegemonía cultural del capitalismo contemporáneo, sustancia del camuflaje de su dominación, otorga a la revolución una dimensión diferente. La lucha por el socialismo es la lucha por la liberación espiritual del género humano. Esta perspectiva, por legítima que parezca, no puede alcanzarse –es impensable, y ni siquiera se puede plantear--, sin la más amplia participación popular. Nadie es liberado, sino está dispuesto a liberarse a sí mismo. Y esto vale para individuos y para pueblos”.

Por su parte el escritor Víctor Fowler, director de dicho centro cultural, enfatizó en las claves del Pensamiento leninista aducidas por el disertante, “y cómo se manifiestan en su última etapa al partir de una combinación o tríada manifestada en dirección colectiva, participación y revocación. Elementos básicos para la estructura íntima del partido y para la estructura en general de la sociedad. Igualmente, esos momentos finales de Lenin son de extraordinaria grandeza, al constituir realmente “un drama”. El Líder del proletariado ruso intentó desesperadamente hallar el contrapeso de las deformidades que iba percibiendo del aparato partidista, y fue ese el momento en que le propone a Trostky librar la batalla por la fundación de la URSS, además de la defensa del monopolio del comercio exterior. Trotsky, finalmente, acepta lo segundo, mas no lo primero”.

Fowler puntualizó, además, en la importancia de pensar y analizar la idea leninista “de que sólo se va a producir una transformación o cambio cuando exista una revolución cultural, lección que nos queda hasta hoy. Analicemos que en el capitalismo toda la inmensa maquinaria de producción de ideas, de transmisión y de aceptación de ideas, tiene que intentar dar una explicación a fenómenos tales como la desigualdad, la pobreza, la violencia, la discriminación racial…, entre muchos otros”. Problemas que responden a condicionamientos culturales de las oligarquías y del gran capital, mas no así (y realmente), a la lógica del funcionamiento del sistema capitalista inhumano, explotador y expansionista.