Reflejo de la identidad cubana en los medios

Evento Teórico Caracol 2016

Reflejo de la identidad cubana en los medios

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Medios audiovisuales y radio, Caracol, evento teórico Caracol, UNEAC
  • Evento Teórico Caracol 2016 en la sala Villena de la UNEAC.
    Evento Teórico Caracol 2016 en la sala Villena de la UNEAC
  • Panel Reflejo de la identidad cubana en los medios. Foto: Pepé Cardenas
    Panel Reflejo de la identidad cubana en los medios. Foto: Pepé Cardenas

La línea temática desarrollada en la segunda sesión del Evento Teórico 2016, que tiene su sede en la sala Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tuvo como punto focal o eje central el Reflejo de la identidad cubana en los medios.

Esa sesión de trabajo se estructuró sobre la base de un panel, moderado por el Dr. Avelino Couceiro Rodríguez, presidente de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Cine, Radio y Televisión, e integrado por el Dr. Jesús Guanche Pérez (Asociación de Escritores), la realizadora Belkis Vega (Cine), Rolando (Roly) Peña (Televisión) y el poeta, escritor y periodista Reinaldo Cedeño Pineda (radio), vicepresidente de la filial provincial de la UNEAC en Santiago de Cuba.

Los ponentes comenzaron la interrogante: ¿La radio, el cine y la televisión insulares reflejan la identidad nacional, que —según el Dr. Eusebio Leal Spengler, historiador de La Habana, nos caracteriza e identifica como nación y como pueblo? Lamentablemente, la respuesta no es —en modo alguno— satisfactoria, porque, por ejemplo, las expresiones raigales de la cubanía están prácticamente invisibilizadas en nuestros medios de comunicación. La identidad nacional de ese mestizo único e irrepetible que vive, ama, crea y sueña en la mayor isla de las Antillas tiene una gran diversidad étnico-cultural, que apena se recoge en los medios.

No obstante, dichas expresiones raigales poseen una elevadísima capacidad de supervivencia, y logran transmitir, a pesar de la indiferencia de algunas instituciones culturales, su valioso legado intelectual y espiritual.

Por otra parte, se precisó que la cultura no solo se circunscribe, como muchos decisores piensan, a lo estrictamente artístico-literario, sino que incluye la ciencia, la técnica, la biotecnología, así como cualquier otro aporte —del género que sea— salido de la esfera cognitivo-afectivo-espiritual del ser humano.

De acuerdo con los disertantes, hay instituciones que aspiran a borrar de un plumazo las manifestaciones culturales autóctonas, y citaron como ejemplos ilustrativos los casos de agrupaciones trinitarias y pinareñas, que son tan cubanas como las palmas y tan añejas como las ciudades en que nacieron y crecieron desde hace cientos de años, ya que los medios deben comprometerse mucho más con esas agrupaciones, que solo se conocen en sus respectivas comunidades.

Entre otros temas de puntual interés, se argumentó —con criterios muy sólidos— que es requisito indispensable llevar a los medios la riqueza cultural que nos distingue en cualquier región del orbe. Los medios pueden ayudar —y de qué manera— a establecer sobre bases inconmovibles nuestra identidad nacional; tema que, en la pantalla grande, deviene un tema en extremo polémico y complejo.

Las características fundamentales de la personalidad básica del cubano, tanto las positivas como las negativas, deben ser reflejadas —desde una óptica estético-artística y objetivo-subjetiva por excelencia— en los documentales, cortometrajes y largometrajes de ficción, filmados por jóvenes cineastas, cuyas obras no se exhiben ni en las salas oscuras ni en la pequeña pantalla; y algunas de ellas son proyectadas, solo una vez, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano o en la Muestra de Cine Joven del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), y luego desaparecen —como por arte de magia— de los medios audiovisuales. ¿Cuál es, se preguntaron los expositores, la decisión que adoptan — esos bisoños cineastas, aun en contra de su voluntad? Marcharse del país, como única vía para poder visibilizar su obra cinematográfica, no porque estén en desacuerdo con los principios político-ideológicos sustentados por la Revolución, sino porque sus materiales formulan críticas severas que hieren la frágil sensibilidad de algún que otro funcionario del ICAIC o el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), por citar dos ejemplos nada más.

Los maestros Tomás Gutiérrez Alea, Santiago Álvarez y Humberto Solás, con la excelencia artístico-profesional que los singularizara en la cinematografía cubana y mucho más allá de nuestras fronteras geográficas, captaron en su vasta obra audiovisual la capacidad que tiene el cubano para burlarse (el “choteo”; creación socio-lingüística del Dr. Jorge Mañach) de cualquier situación adversa u hostil que acontece en su entorno socio-natural.

Por lo tanto, el cine cubano debe plasmar las tradiciones culturales identitarias, así como los temas relacionados con el deporte, la medicina, la crítica desde el humor fino, elegante, no chabacano ni vulgar; hacer visible el factor étnico y de género, ya que los realizadores son, en su mayoría, hombres y ¿blancos? (evoquemos uno de los versos antológicos del Poeta Nacional Nicolás Guillén, presidente fundador de la UNEAC: “aquí el que no tiene de congo/, tiene de carabalí/”).

Al respecto, ejemplificaron con un filme, donde casi todos los actores son mestizos. Solo se exhibió en una ocasión. ¡Sin comentario!

En cuanto a la televisión, los ponentes manifestaron que cuando se quiere desestructurar un país, es requisito indispensable fisurar la identidad nacional de ese país. Y quizás sin reparar en ello, es lo que está sucediendo aquí y ahora, porque hay quienes —consciente o inconscientemente— ignoran la frase del Cdte. Fidel Castro Ruz: “la cultura es escudo y espada de la nación cubana”.

La verdadera guerra que —en el momento actual— se nos hace no es con cañones o fusiles, sino en los campos cultural e ideológico, para tratar de defenestrar nuestra identidad nacional; por esa razón estamos en la obligación de defenderla, no solo desde la pantalla chica, sino desde cualquier trinchera. Para lograr ese noble objetivo, cuya consecución estamos seguros nos salvará desde todo punto de vista, se debe aprender a dialogar de manera civilizada con el otro, aunque sustente un criterio diferente, porque la discusión científica es una confrontación de hechos objetivos y no un conflicto subjetivo entre personas.

En torno a la función decisiva que desempeña la radio, se citó a un famoso filósofo griego: “la verdad, aunque severa, es amiga verdadera”. Proclamar la verdad tiene su precio, pero es necesario enarbolarla como bandera protectora de la identidad y la cultura nacionales. De ahí, que la capacidad de la radio para transmitir nuestra verdad es infinita, ya que llega a millones de personas, no solo en nuestro archipiélago, sino en todo el mundo. La radio escribe la historia de cada comunidad y del país; por consiguiente, tiene —sin discusión alguna— elevado valor patrimonial.

A la radio no le faltan enemigos que quieren eliminarla a como dé lugar, pero desconocen la función clave desempeñada por las ondas hertzianas en la difusión de nuestra identidad a través de la belleza y la elegancia de la palabra hablada que particulariza a cada emisora radial esté donde esté. Sin embargo, la flojera intelectual de ciertos y determinados funcionarios trata de bloquear —por cierto, sin éxito— la valiosa labor desarrollada por la radio, sobre todo en épocas de desastres naturales (huracanes tropicales, sismos, etc.), concluyeron.

Una vez finalizadas las intervenciones, se generó un fructífero diálogo entre los panelistas y el público; intercambio que enriqueció —con creces— el texto y el contexto de la línea temática que fuera objeto de discusión y debate en esa sesión matutina.

A esta actividad, asistieron el crítico y periodista Pedro de la Hoz, vicepresidente de la UNEAC, la locutora y periodista Rosalía Arnáez, presidenta de la Asociación de Cine, Radio y Televisión, el maestro José Loyola, director de la Charanga de Oro, profesionales de los medios y representantes de la prensa local.