Rolando Escardó: tus sueños no quedaron como poema en las tinieblas (III)

Rolando Escardó: tus sueños no quedaron como poema en las tinieblas (III)

La base de lo que es actualmente la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), constituida el 22 de agosto de 1961, la erigió el poeta, pintor abstracto, espeleólogo y revolucionario Rolando Escardó, cuando organizaba el Primer Encuentro Nacional de Poetas, a celebrarse en Camagüey, en 1960.

Había regresado a la Patria desde el exilio tras el triunfo del 1ro de enero de 1959. Al entusiasta teniente del Ejército Rebelde se le asigna la dirección de la Zona de Desarrollo Agrario. Organizó cooperativas de carboneros en la Ciénaga de Zapata, Matanzas.

El intelectual camagüeyano Luis Álvarez, Premio Nacional de Literatura, precisó en una ocasión que «la génesis de la creación de la UNEAC se debe a Escardó, como artífice de la primera reunión de intelectuales revolucionarios del país tras el triunfo el 1ro de enero de 1959».

Álvarez propuso la vindicación del poeta y pintor abstracto, teniente del Ejército Rebelde que en 1959 comenzó a recorrer Cuba con la idea de unir a los creadores y «feliz de esta revolución que me da dientes».

Rolando Escardó, el poeta-espeleólogo, fallece a los 35 años, en las cercanías de Matanzas, a consecuencia de un accidente automovilístico, mientras «perseguía su sueño de comprar un avión para regalarlo a la flota aérea revolucionaria cubana y llamarlo el avión de la poesía». Lo iban a pagar con versos, con los poemas devenidos del evento. «…y esto se quedará como un poema más en la tiniebla/ como el ruido de palabras del viento que me arrastra/ aunque sea la estrella del alba…»

Los apuntes del crítico de arte Pavel Alejandro Barrios Sosa confirman: «Todos los poetas cubanos, sentidos y tocados por los sueños del endiablado flaco fueron a su entierro y lanzaron sus plumas sobre el féretro a manera de respeto y despedida de aquel que descendía para siempre».

El Primer Encuentro Nacional de Poetas, Escritores y Artistas Rolando T. Escardó[1], se efectuó en la tierra de Ignacio Agramonte a finales de octubre de 1960, «el cual, en su homenaje, asumiría su nombre—, incorporó a su convocatoria al resto de las manifestaciones artísticas en diversas actividades (representaciones teatrales, conciertos, exposiciones, etc.)».[2]

El evento –promovido por el grupo Novación Literaria de Camagüey— concluyó con una Declaración que estipulaba un compromiso de carácter político:[3]

«…ratificar plenamente la Declaración de La Habana; apoyar el desarme mundial total y la política de coexistencia pacífica; proponer a los poetas, artistas e intelectuales cubanos que permanezcan en el territorio nacional para servir a la Revolución en caso de que nuestra patria sea invadida».

El dolor de Carilda Oliver

Rolando se había reunido con la poetisa Carilda Oliver Labra en la ciudad de Matanzas. Le habló de ese anhelo de desarrollar el Primer Encuentro de Poetas en Camagüey.

Luego de aquella conversación de ilusiones y felicidades, la poetisa matancera, recibe la trágica noticia de la muerte de Escardó. Con el corazón destrozado, escribe en prosa, el testimonio de aquella despedida «sin saberlo».

Así lo reveló  a OPUS HABANA[4]: «El hecho de haber atendido en mi casa al poeta Rolando Escardó una hora antes de su mortal accidente en Matanzas, y el haber sido yo a quien el destino señaló para identificarlo en la entonces Casa de Socorros, las peculiaridades del infausto suceso y el cariño que nos unía, me armaron el poema «Conversación última con Rolando Escardó».

Alegre huésped del espanto,

convidado del hambre,

fabuloso,

ya puedo hablar contigo.

Es aquella hora

en que tu voz de solitario restableció mi casa;

aquella hora de ti

-tramposo paseando en la violeta,

desorejado ilustre de la Plaza del Vapor-;

aquella hora de ver tus huesos juntos.

¡Qué hora para siempre!

Hora de despedirnos sin saberlo,

de ver últimamente

tus ojos de pantano estrellado,

tus ojos de caramba y quiero

que la miseria usaba como dos trapos verdes;

tus ojos que luego cerré

para que no se llenaran de muerte.

No lloro,

no capitulo,

no maldigo;

en honor tuyo sean los murciélagos

y las brumas que amabas.

Pienso que tu sangre reverbera en las cooperativas,

que eres esa vuelta en redondo de las ceibas,

esa frente de pobre salvándose

y que tu jeep sigue dando tumbos por la Revolución.

Al dolor por la muerte de Rolando, nombre que ya era un mito, se unió el poeta cubano Waldo Leyva Portal, quien confiesa que llegó «a la poesía/ después del manotazo de tu muerte/ cuando la Revolución se me instaló en el pecho/ como un corazón lleno de pájaros furiosos…»

Poema por Escardó

Pero vino la muerte,

la última caverna,

y te fuiste con tu esqueleto

a alimentar las piedras de la Isla.

Rolando T. Escardó:

yo llegué a la poesía

después del manotazo de tu muerte,

cuando la Revolución se me instaló en el pecho

como un corazón lleno de pájaros furiosos.

Entonces:

ya tu nombre era un mito

y tu pecho una plaza donde el hambre

dejó abandonada una gorra,

una huella amarilla,

sus últimos harapos.

Rolando T. Escardó:

yo llegué a la poesía

después que reventaron las piedras de la Isla,

cuando el amor era una lluvia violenta

y tus huesos

un sonido de semillas bajo tierra.

Por eso yo no tengo tuyo

ni un manojo de conchas,

ni una carta,

ni la nostalgia de una conversación

rota en la noche.

Yo sólo guardo en el hueco del pecho

tu cara de triste comediante

y el angustiado ruido de tus versos.

Rolando:

voy a desenterrar tu corazón,

tu enorme corazón,

para llenarlo de piedrecitas blancas,

de campanas pequeñas.

Voy a soplarte un poco el esqueleto

para verte entrar de nuevo a la ciudad

dando gritos,

llenando de poesía las paredes,

los parques,

las ventanas,

como si el hambre fuera un poeta desesperado

y la ciudad

un pedazo de pan inalcanzable.

Rolando T. Escardó:

me he asomado al fondo de los ojos de tu madre

y he comprendido

que la muerte fue sólo un pretexto para romper la jaula,

el pájaro de tu corazón respira en todas partes.

II

Rolando, devenido héroe, amó a su ciudad, a su país y amó a la Revolución triunfante que ayudó a erigir arriesgando su vida en la clandestinidad. Me impresionó el Poema Isla, que da título a su único libro no vio publicado.

Isla

Esta isla es una montaña sobre la que vivo.

La madre solemne

empujó hacia los mares estas rocas.

En el tiempo desconocido que no se nombra

en el límite que no se escribe

sucediéndose los deslaves

las profundas grietas:

—gargantas hasta los fuegos blancos—

llega la hora de mi nacimiento en esta isla: -

—Planeta ardiendo en el cielo—

llega la hora de mi nacimiento

y también la de mis muertes

pues al mundo he venido a instalarme.

¿Por qué esos labios se abren como túneles a los que no bajo?

sé que el hombre es un rumbo que se instala

sé estas cosas y otras más que no hablo

pero yo puedo darme con los dos puños en el pecho

feliz de esta revolución que me da dientes

aunque de todo soy culpable

de todas esas muertes soy culpable

y no me arrepienten los conjuros

que en el triángulo de fuego he provocado.

Yo soy el gran culpable

mi delito no puede condenarlo sino Dios

y aún ni el mismo Dios pudiera

(vosotros no; lo sabéis

pues ni siquiera los colores de la bandera

os sugieren

vosotros no lo entenderéis)

y esto se quedará como un poema más en la tiniebla

como el ruido de palabras del viento que me arrastra

aunque sea la estrella del alba

pues de todas estas cosas os burlaréis

hermanos

más allá del deseo de vuestras convicciones

en la trama creada para mi deleite

pero yo sólo sé

pero yo sólo estoy seguro

pero yo mismo lo he vivido de mis muertes y nacimientos

¿y cómo puedo yo mismo así negarme

cómo podría yo mirar al Sol y no cegarme?

Pero lo que importa es la Revolución

lo demás son palabras

del trasfondo

de este poema que entrego al mundo

lo demás son mis argumentos.

No creáis en mis palabras

soy uno de tantos locos que hablan

y no me comprenderéis

no creáis en mis palabras

esta isla es una montaña

sobre la que vivo …

Rolando Escardó no tuvo la dicha de ver su poesía editada como cuaderno. Luego de su fallecimiento se publicaron: Libro de Rolando (1961, con prólogo de Virgilio Piñera); Las Ráfagas (1961, con prólogo de Samuel Feijóo) y Órbita de Rolando Escardó (1981, con prólogo de Luis Suardíaz).

Para que no quedara «como un poema más en la tiniebla/ como el ruido de palabras del viento»,  pasado nueve años de la partida a la eternidad del hombre de «enorme corazón», Camagüey organizó el Encuentro Nacional de Poetas  «Rolando Escardó» in memoriam del 14 al 16 de octubre 1969. 

Nuevamente el añorado avión de Rolando sobrevoló la ciudad, pero esta vez con todos sus sueños cumplidos y amigos poetas y escritores.
 

[1] La Declaración del Primer Encuentro Nacional de Poetas, Escritores y Artistas, había

acordado: «saludar a los pueblos que, como el de la Unión Soviética, República Popular China,

Checoslovaquia y demás países socialistas, ayudan y defienden la Revolución del pueblo cubano».

(V.: Manuel Díaz Martínez, ob.cit., p. 14).

[2] [2] Revista Literaria Cubana. Segunda Época. Crítica, historia y biografía. Paginas 85

[3] Revista Literaria Cubana. Segunda Época. Crítica, historia y biografía. Paginas 85 y 86.