Rolando Escardó: un heraldo de la Abstracción cubana (II)

Rolando Escardó: un heraldo de la Abstracción cubana (II)

El poeta, pintor abstracto, espeleólogo y revolucionario Rolando Escardó es considerado uno de los heraldos de la Abstracción cubana, aunque desconocido –esa faceta de su vida— para muchos, porque nunca tuvo la dicha de que expusieran sus bocetos.

Las abstracciones le permitieron a Escardó, opinó el crítico de arte Pavel Alejandro Barrios Sosa, proyectar contenidos para los que no alcanzaron las palabras o para reafirmar sus pensamientos. «Yo estoy solo y no sé, no digo nada más que estas palabras; no sé, no sé, no sé... Yo no sé nada, yo soy apenas otro hombre cantando entre millones».

Rolando Escardó no solo es capaz de escribir poemas como «El valle de los gigantes», donde «la luz transforma esa pared silenciosa,/ el pozo, la caverna/ La luz se cae al pozo de mi alma» sino que también tuvo la capacidad de hacer poemas con sus abstracciones. De Rolando se conservan originales de mediados de los ’50.

El valle de los gigantes

La luz transforma esa pared silenciosa,

el pozo, la caverna.

La luz se cae al pozo de mi alma.

¿Dónde, dónde encontrar,

dónde una puerta abierta, una ventana,

dónde el sitio de estarme para siempre?

En esta profunda cavidad sin mapa estoy perdido.

 (¿Desde cuándo se pierde lo perdido?)

Hundido entre estatuas de cristal,

tocando la bóveda del alma;

estalactitas de vueltas y arcos espaciales,

esponjas y pitares,

gotas de espanto, rocas.

Exploro el interior. Atisbo, palpo, pregunto:

¿qué estoy haciendo Dios, qué busco en la caverna?

Barrios Sosa en sus apuntes califica a Escardó como: «Soñador cavernario, porque era allí, entre las piedras de las cuevas, en donde mejor podía ser quien era, en donde desaparecían el hambre, el calor y la vis pública. Allí conoció, como nadie de su tiempo, la visualidad pictográfica indocubana, posibilitando el hallazgo oficial y la justipreciación de las pictografías de la zona de Sierra de Cubitas, en Camagüey, pero no lo dominó el símbolo, no fue un artista ideográfico, ni de la abstracción simbólica, ni siquiera del posteriormente llamado primal art, esa expresión de la antiforma o expresión figurativa que proyecta la visualidad y metafísicas de los grupos y culturas primigenias».

Añade el investigador que los dibujos y pomos de pintura del poeta «aparecen valorados, por su propio creador, en una carta enviada a su colega Luis Marré, como cosas dispersas distribuidas en varias casas de alquiler o en aquellas en las que fue acogido. De esta manera relaciona pomos de pintura y dibujos, y posteriormente afirma: Con esto puedes hacer lo que quieras. Sin embargo, cuando toca el turno a relacionar las cosas suyas, que tenía Fayad Jamís, las cuales deben presumirse en el orden de poemas y pinturas, o dibujos, revela: De las otras cosas, tú sabes, son las que tenía Fayad y que creo ya están perdidas. ¿Cuáles poemas y obras plásticas se perdieron? Y, ¿cuántas? Ese es un triste dilema, como también lo debe ser las condicionantes de esas pérdidas».

Según las consideraciones de Barrios Sosa, no es hasta el viernes 17 de agosto de 2018, que la filial camagüeyana de Artes Plásticas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. (UNEAC), logra organizar la exposición El avión de Rolando regresa a París.

«En las obras que nos legó, muy pocas, al menos en el Camagüey de hoy, se aprecian alusiones pétreas, a superficies resquebrajadas, animadas por linealismos estructurales cerrados, no diría yo tachismos, que definen áreas densas e imbricadas, como mosaicos, todas ellas salpicadas o concebidas con manchas de color o drippings discretos y automáticos».

El propio Barrios Sosa asume la curaduría del proyecto que contemplaba también las obras de un grade de la abstracción: Severo Sarduy. Más de 30 piezas, entre pinturas y dibujos originales y algunas copias, acompañadas de pensamientos de los dos creadores, fragmentos de correspondencia y, extractos de sus poemas, entre otros elementos, se exhibieron en la Galería Julián Morales de la UNEAC.

Igualmente se develaron en el proyecto El avión de Rolando regresa a París (luego de recoger imaginariamente a Sarduy), criterios de colegas sobre sus vidas y valoraciones de sus obras, todo lo necesario para posibilitar, de alguna manera, el reencuentro entre los dos amigos, y facilitar el encuentro con el público de su añorada comarca, expuso Barrios.

Ambos creadores agramontinos conocieron el exilio y fueron compañeros en su tierra natal, en las tertulias literarias del Bar Correo o el San José, en la Ciudad de los Tinajones.

En tanto Severo Sarduy «exploró tierras y confines exóticos, mundos antagónicos». Murió de SIDA «en el París de sus sueños, con sus nostalgias cubenses y el vivo recuerdo de esa arqueología que lo mantenía dibujando tinajoncitos barrigones en los márgenes de las cartas y admitiéndole a sus amigos escritores: “Nada condenen mientras vuelvo, espérenme”».

El añorado avión de Rolando sobrevoló imaginariamente, el Salón Julián Morales de la UNEAC camagüeyana y, a decir del crítico Pavel Alejandro Barrios, regresó de París con su entrañable amigo.