Romper la maldición con estilo

Romper la maldición con estilo

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Escritores, Ciego de Ávila
  • Diseño de cubierta del libro.
    Diseño de cubierta del libro.

Con el afán tácito de romper el maleficio que se cernía sobre los historiadores avileños, como un eslabón más en la cadena de logros, la editorial Ávila publicó en el 2015 un hermoso ejemplar ya imprescindible para todo lector que se sienta avileño y ame cada rincón de esta ciudad de los portales.

Un libro que, como todo lo publicado por su autor José Gabriel Quintas (Ciego de Ávila, 1951) tiene riqueza de contenido y se confirma como rey de ventas en nuestras librerías. Me estoy refiriendo al volumen de ensayos históricos sociales La maldición de La Turbina y otros temas avileños.

A nuestros autores no les resulta del todo necesario saber que sus libros sean vendibles o éxitos de ventas, pero sí es cierto que les satisface mucho conocer que los mismos, como partes de su propia personalidad, son bien recibidos por el público y desaparecen enseguida de los estantes.  ¿Y qué hace que esos libros sean tan bien vendidos?

Nadie logra dar la respuesta satisfactoria, porque en realidad, no la hay. Lo cierto es que, después de analizar un tanto el asunto, he llegado a una conclusión bastante mediocre: un libro y su autor van de la mano para el éxito en las ventas. Y en este sentido, José Gabriel Quintas, a mi entender un intelectual y buen escritor, tiene siempre a la mano libros sobre temas que llaman la atención y son sugerentes para cualquier persona en cualesquiera de los periodos de la vida por los que transite.

Esto lo hace un autor reconocido en la sociedad avileña. Y lo convierte en un escritor respetado.

En el caso de La maldición de La Turbina se mantiene esa distinción de José Gabriel que lo acredita cual conversador nato y magnífico que es. Los ocho textos que conforman el libro reúnen en su estructura, una hilaridad que los hace una familia extendida por excelencia. Abarcan distintas etapas de la historia avileña, pero mantienen un hilo conductor: lo interesante.

Solo les podría señalar su dramaturgia lineal, casi plana, que me deja con deseos de otra forma de concatenar las obras aquí reunidas. Eso le hubiera servido como acicate de lo interesante y hubiese reforzado, con creces, la tesis de la maldición y la historiografía.

Un libro deberá ser como un juguete y no solo para el lector sino, también, para el escritor. Y como tal debería tomarse. Darle otras variantes en su elaboración, cual cubo de Rubik, es un ardid de inteligencia. Es como ser caballeroso con el lector y permitirle que él también arme su propio libro. No basta con una presencia esquemática, rígida de un texto tras otro y que solo prime el carácter cronológico en su orden.

Claro está, no todos los libros deben llevar esta manera libre de armarse. Pero es cierto también, que desde las mismas palabras iniciales José Gabriel Quintas parece abrir una brecha para este tipo de construcciones, más contemporáneas. Por eso es que creo que una dramaturgia más abierta, con más elementos propios de otros géneros literarios, hubiesen cerrado y fortalecido lo que es, en contenido, un excelente libro.

En esas mismas «Palabras Preliminares», José Gabriel nos pone al tanto de esa “maldición” que existía en la ciudad sobre los historiadores y que no les permitía publicar sus investigaciones sobre el origen de la provincia o de algunos de sus municipios. Y en una especie de burla, el propio autor se vanagloria de que su libro sí pudiera ver la luz de la imprenta porque de hecho algunos de esos textos ya han sido publicados en revistas.

Considero que, y a lo mejor solo soy pesimista, José Gabriel Quintas no logra escapar todavía de esta maldición. Más adelante les diré por qué.

En el ejemplar que nos ocupa encontramos textos como el que abre el libro y que consigue en apenas 7 páginas y media, darnos un por qué convincente y convencido, del nombre que tiene nuestra ciudad. Y, por supuesto, José Gabriel parece montarse en una máquina del tiempo al ir paso a paso, a la etimología o toponimia de este nombre.

Nos lo relata de manera sencilla, conversacional. Sus oraciones, no tan largas innecesariamente, parecen entrar por nuestros oídos primero que por nuestros ojos. Y es que su autor convence al interlocutor desde la sapiencia y la forma de hablar. Reúne así, las principales características del buen comunicador: saber decir.

Creo que después de su lectura ya nadie ha de quedarse con dudas de por qué Ciego de Ávila tiene ese nombre y más allá, lo que significa.

De todos estos textos, el que más me llama la atención, y es la intención de su autor es el que nos alumbra sobre la génesis de La Turbina como estanque de agua y ya símbolo de nuestra ciudad, y las distintas leyendas que a su alrededor se han tejido. Habla popular, creencias y saberes, conciencia de pueblo, mitos y realidades. Escenas de la vida del avileño que Gabriel Quintas, cual cronista del tiempo, sabe recopilar, entender y entregar a sus lectores.

Resulta, a mi juicio, un texto necesario para aquel que visita o vive en los alrededores de La Turbina y nos aclara, o nos hace más misteriosa, esta historia. La manera en que Gabriel Quintas nos hace los cuentos, sintetizados a manera de vuelo de pájaro, dando solo los elementos necesarios, despiertan el interés del más avezado lector e invita a la lectura de otros textos sobre el mismo asunto.

Pero creo que, y algunos amigos me han transmitido una insatisfacción semejante, este texto se pudo haber enriquecido con la historia del barrio o caserío que habita alrededor de esta laguna. Muchos me cuentan, de esos habitantes, que el nombre de la laguna es el nombre de ese caserío, y que la gente confunde los términos.

¿Qué hay de cierto detrás de esta afirmación? A lo mejor, entre la historia del primer ahogado de La Turbina y la maldición de los sofocados que sobre ella emergen, hubiese sido interesante analizar e investigar el origen de esa otra afirmación.

Como fuese, lo cierto es que La Turbina tiene una historia rica en cubanidad, en sabiduría y respaldo popular. Es el mismo pueblo quien la creó y el mismo pueblo le pone las oraciones que siguen o las que faltan. José Gabriel nos entrega una de las páginas más bellas sobre esta historia. Y yo, en particular, se lo agradezco.

Otros textos merecen también mi aplauso y mis respetos. “Breves indagaciones sobre Martí en Ciego de Ávila”, “La leyenda de Inocencio Solís”, entre otros, resultan capítulos aparte en la investigación histórica avileña. Piezas que cualquier historiador de nombre podría contar entre sus pequeñas joyas, pues las mismas están cargadas de ese poder de síntesis que caracteriza la narrativa de José Gabriel.

Nos cuenta historias bien largas en tan solo 6 u 8 páginas. Nos recrea ambientes, épocas, nos da datos y fuentes verificables y fidedignas. Nos invita a seguir investigando y a sacar nuestras propias conclusiones, siempre en pocas cuartillas y con el deseo de nuestra propia superación humana.

Creo que más que el éxito personal, José Gabriel busca, y me atrevo a afirmar que lo consigue, que nosotros seamos los continuadores en la labor investigativa de campo. Y eso, también, es loable.

Todavía el libro no está a la venta en las librerías avileñas. Solo salieron unos 100 ejemplares en la más reciente feria del libro y se agotaron en unos minutos. Esperamos que ante de que termine el 2016, la editorial Ávila le ofrezca al lector disciplinado y exigente de la ciudad de los portales y de toda Cuba, el ejemplar de La maldición de La Turbina y otros temas avileños, del escritor y miembro de la UNEAC José Gabriel Quintas (Ciego de Ávila, 1951). Un libro que, cual arca de la alianza, reúne lo mejor de nuestra historiografía.