Rosa C. Báez Valdés: Librínsula me dio alas y me enseño a volar

Rosa C. Báez Valdés: Librínsula me dio alas y me enseño a volar

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Escritores, Biblioteca Nacional José Martí, FMC
  • Rosa C. Báez Valdés, Premio Madre Teresa de Calcuta 2006, en su entorno laboral.
    Rosa C. Báez Valdés, Premio Madre Teresa de Calcuta 2006, en su entorno laboral.

A la memoria de la Polillita Cubana

La licenciada Rosa C. Báez Valdés, exbibliotecóloga de la centenaria Biblioteca Nacional José Martí (BNJM) y exjefa de edición y redacción del boletín electrónico Librínsula, ha sido única cubana, hasta hoy, en obtener el Premio Madre Teresa de Calcuta 2006, otorgado por la biblioteca pública bonaerense que lleva el ilustre nombre de una de las figuras relevantes del cristianismo contemporáneo.

Como quiera que ya la Polillita Cubana (como era conocida en nuestro medio y fuera de nuestras fronteras geográficas), ya no se encuentra físicamente entre nosotros, he decidido, para honrar su memoria este día 23 de agosto, Día de la Federación de Mujeres Cubana, publicar esta entrevista que gentilmente me concediera hace una década, para que los lectores conozcan cómo la desaparecida colega y amiga se inició en el campo de la prensa digital y cuáles fueron las razones fundamentales por las que se le confirió el Premio Madre Teresa de Calcuta; distinción que no solo la honrara a ella desde el punto de vista profesional, sino también a la patria del venerable padre Félix Varela, José Martí y Fidel Castro.

¿Qué representa para usted haber sido la jefa de edición y redacción del boletín electrónico Librínsula, cuyo impacto en el campo de la comunicación social iberoamericana le valiera el otorgamiento del Premio Madre Teresa de Calcuta 2006?

Un reto […], un reto y un orgullo. Librínsula surgió como una posibilidad de acercar a nuestra realidad a los colegas de otras latitudes, y en la misma medida en que abrió hacia el mundo nuestra realidad, también nos permitió asomarnos a un entorno que prácticamente nos era desconocido. Desde sus páginas virtuales fuimos conociendo cómo era aquello que se nos ofrecía como paradisíaco, y ciertamente, estaba mucho más cerca de un infierno de despidos, hambrunas y desalojos que de serafines y palomas...

Por otra parte, me permitió ampliar mis horizontes culturales y políticos; me dio la posibilidad de mantenerme actualizada en diferentes campos para poder después compartir esos conocimientos con los lectores; de conocer nuevas tecnologías, nuevas formas de enfrentar la bibliotecología, desde lo insular y lo social [...]. Me permitió darme cuenta de que la función que desempeña el bibliotecario no solo se ceñía a las paredes de la Institución que lo cobijaba.

Librínsula me regaló amigos, o mejor, verdaderos hermanos en toda Latinoamérica, pero fundamentalmente en Argentina, Chile, México, Colombia y la República Bolivariana de Venezuela […].

Me honró con la cordial amistad de personalidades de la cultura cubana y de muchos otros países: Fernando Báez, Winston Orrillo, Alan Story, Dana Lubow, Natalia Revuelta, tú mismo [...].

Creo resumirlo diciéndote que, sencillamente, Librínsula ¡me dio alas y me enseñó a volar!

A los lectores les agradaría conocer cómo se produjo el tránsito de bibliotecóloga a periodista digital. ¿Qué ganó y que perdió con ese salto?

Bueno [...], sabes que cuando uno es niño, siempre imagina que será esto o lo otro, que se desempeñará en esta o aquella profesión [...] Yo tuve un primer sueño fallido, que fue el magisterio [...]; fracaso que me permitió ser aquello para lo cual los hados me habían destinado: bibliotecaria. Antes de iniciar mi preparación en la Escuela Nacional de Técnicos Bibliotecarios, soñaba con ser periodista o psicóloga y ¡mira tú por dónde! [...] hoy ejerzo un poco de las dos sin dejar de ser lo que constituye mi mayor orgullo: esta profesión que comparto con mi hermana Ileana, a quien arrastré a este «mundo mágico» de los libros, y se desempeña como Referencista en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena [...] Creo que nunca le he dicho esto que ahora comparto contigo (y con los lectores, por supuesto), mi «orgullo secreto» de que ella se inclinara también por esta profesión, que tanto amo.

Con respecto a eso que llamas periodista digital, no puedo dejar de mencionarte a un hijo muy querido: el boletín La Polilla, primera escala, en tono menor —como alguien lo calificara— pero que sentó las bases que le facilitarían a Librínsula emprender un camino ya desbrozado [...] y que me regalara el apodo por el que me conocen muchos aquí y en el exterior. Desdichadamente, problemas de orden práctico nos obligaron a que ese pequeño boletín en papel fuera relegado al orden digital […].

Como te decía, el origen de Librínsula fue la acuciosa necesidad de insertarnos en un mundo donde se desconocía lo que realmente sucedía en nuestro país, y cortar bien abajo toda la cizaña que nuestros enemigos iban sembrando, con burdas campañas desinformadoras sobre Cuba. Luego, fue ampliando sus horizontes, pero siempre intentó dar una información escogida y desde una óptica eminentemente bibliotecaria […] porque no podía dejar de pensarme y sentirme eso: una bibliotecaria que buscaba información y la compartía con los interesados […], en forma de un boletín digital.

Lo que gané creo que mi respuesta anterior lo responde. Lo que perdí puedo decirte que es, a la vez, una ganancia, ya que todo mi tiempo, incluso mi poco tiempo libre, tenía como telón de fondo el boletín: tal vez una efemérides anunciada, un recorte de prensa que prende la «mechita» de alguna noticia, un nuevo dossier o una comparación entre la Cuba de antes y después de 1959. Eso hacía que mi trabajo fuera más completo […]. Algo sí siento muchísimo haber perjudicado y es mi trabajo como bibliógrafa: sobre todo la Bio Bibliografía del poeta y ensayista Pablo Armando Fernández, Premio Nacional de Literatura, completada hasta el año 2000, y que algún día quisiera culminar […]

De los géneros periodísticos en que ha incursionado, tanto en Librínsula como en la emblemática Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, ¿cuál es su género preferido y por qué?

Mi tránsito por la Revista… ha sido más bien breve, y además doloroso, porque fundamentalmente se ha ceñido al adiós a colegas desaparecidas o alguna pequeña crónica. Confieso que las entrevistas me han ganado la mano: la posibilidad de confraternizar con personalidades como Fernando Báez o Ambrosio Fornet, de conocerlas, conversar con ellas y llevar a los lectores quiénes son esas personas, cómo piensan y qué las motiva, ha sido apasionante. También me llegó a apasionar la búsqueda y la confrontación que proporcionaba la sección «Pasado y Mañana» […]  

¿Qué huellas ha dejado la centenaria Biblioteca Nacional José Martí?

Todas […] No imagino una vida […] fuera de aquellas paredes [...] Aquí llegué, joven, ingenua, quijotesca (enfermedades estas dos últimas de las que no he conseguido curarme); aquí viví mis mayores alegrías, compartí mis tristezas, sentí el placer de conducir por sus pasillos a mis padres, de mostrarle a mi hijo el mundo donde pasaba la mayor parte de ese tiempo que un poco le robaba a él, de mostrarles a todos las cabecitas rubias de mis dos pequeños príncipes, mis nietos Manuel Alejandro y Jorge Ariel. Aquí crecí como persona y como profesional. Aquí encontré a verdaderos amigos que cambiaron mi vida y me hicieron mejor persona: Ulises Cruz, Sidroc Ramos, Juana María Mont, María Luisa Antuña, Araceli y Josefina García Carranza y Eliades Acosta. No sería quien soy, no hubiera germinado en mí lo bueno que pueda haber conseguido ser, sin el influjo de esas personas que te acabo de mencionar y ellas no hubieran existido para mí sin aquel día de septiembre de 1972 en que, emocionada y feliz, llegué al Departamento Juvenil […], donde comenzó mi bregar en el campo de la bibliotecología.

¿Algún consejo o recomendación a quienes se inician en el ejercicio de la bibliotecología y el periodismo digital?

Creo que prácticamente una misma fórmula pudiera servirme para ambas: entregarse en cuerpo, mente y alma al ejercicio bibliotecológico y periodístico. Sentir algo que leí por primera vez en un diploma que le fuera otorgado a mi hijo: sentido de pertenencia […]

Que sea cuestión de honor conseguir la información que se precisa o aquella que alternativamente pudiera satisfacer las necesidades cognoscitivas y espirituales del lector. Al periodista y al bibliotecólogo les sugiero que comulguen con una misma religión: la verdad, el respeto a la diversidad, al derecho del otro, pero sobre todo algo que evoca todo lo anterior: la defensa de cuanto hemos conquistado en estos años de Revolución; y jamás olvidar lo que dijera el Apóstol: «Tu silencio te hace cómplice». Por último, hacer las cosas con infinito amor, ya que, según el fundador del periódico Patria: «la única verdad de esta vida, y la única fuerza es el amor» […].