Rubén Alpízar: técnica e imaginación

Rubén Alpízar: técnica e imaginación

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Galería Villa Manuela, : Plásticos
  • Desde el punto de vista técnico muestra un dominio preciso del dibujo que le permite reproducir con exactitud detalles de cuadros o fotografías de los personajes asumidos. Foto: Rubén Ricardo Infante
    Desde el punto de vista técnico muestra un dominio preciso del dibujo que le permite reproducir con exactitud detalles de cuadros o fotografías de los personajes asumidos. Foto: Rubén Ricardo Infante

La exposición más reciente de Rubén Alpízar, realizada en los meses de junio-julio en la galería de arte Villa Manuela de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), titulada significativamente La habitación del simulacro, permitió reencontrarnos con su poética, centrada en hacer uso de imágenes de otros contextos o del nuestro con el propósito de iluminar desde la perspectiva de su estimación personal zonas de nuestra cubana contemporaneidad.

El tema del autorretrato presente en esta muestra, tiene en él una larga trayectoria.  Es signo de las interrogantes que le inquietan y de las respuestas que personalmente da. Asumidas con el carácter de sacrificio, entrega y riesgo consciente, como indican esos autorretratos con imágenes suyas, alusivas a la dejada en un paño por el sudor de Cristo durante la procesión hacia el calvario antes de su crucifixión.

Desde el punto de vista técnico muestra un dominio preciso del dibujo que le permite reproducir con exactitud detalles de cuadros o fotografías de los personajes asumidos. La cuidada aplicación de tonalidades en su empleo del color prueba su dominio de técnicas artísticas bien aprendidas durante su proceso formativo. Los modos figurativos de sus pinturas los traspone con suma habilidad a las esculturas, siguiendo los mismos atributos formales y conceptuales. En ambas manifestaciones artísticas se refuerza intencionalmente la presentación de pequeños cuadros del mundo.

Los aspectos visuales apropiados por Alpízar son situados en nuevos espacios situacionales respecto al contexto de origen y revestidos de otras cargas de sentido. Sin embargo, mantienen la fidelidad en la reproducción de las procedencias visuales y culturales de donde han sido tomados a partir del respeto hacia su valor icónico. Es su manera de rendirles homenaje. Al reproducirlas fielmente, muestra el ejercicio técnico que él ha adquirido, del cual es evidente se siente orgulloso.

Mantiene con frecuencia el significado de partida de las imágenes apropiadas, pero sobre todo persiste su visualidad. Atendiendo a esa razón, sobrepasa la condición de cita para ser más un pastiche, al extraer en directo trozos de imágenes de cuadros tomados de la historia del arte de todos los tiempos.

Obsérvese que se concentra en asumir aisladas a las figuras humanas, no el entorno ambiental donde están situadas en sus respectivos cuadros. Lo hace recortándolas de ese fondo. Las aísla y utiliza a modo de vocabulario. Lo importante es lo humano mostrándose ostentosamente en forma de retratos ante nosotros, los espectadores. Sin miedo en su disposición a presentarse.

Ese darse es una cualidad en su presentación. Al no reducirse al empleo de solo una, sino de múltiples personas, asomadas cada una en su respectivo hueco-ventana.  Lo hace con un espíritu muy libre, con el fin de utilizarlas de manera instrumental para comentar ideas que están circulando en nuestro contexto nacional.

No caricaturiza las imágenes. Las somete a un empleo de fino humor. Las resitúa en ese espacio, acompañadas de objetos atributivos a sus personalidades, traducción a hoy de los procedimientos de presentación atributiva empleados por la pintura colonial.

Mirar hacia el pasado distante le sirve de introspección, a encontrar ecos y vibraciones en un fondo de sustratos culturales, manejados como capas de informaciones acumuladas, posibilitando retomar sus repertorios técnicos, formales y conceptuales. Parte de imágenes ampliamente conocidas para inyectarles variaciones de sentido.

Ese diccionario de imágenes lo asume con satisfacción. Devienen alegorías, empleadas a la manera crítica de las moralidades medievales. Un toque sarcástico, o mejor, de fino humor, se apodera de su temperamento, y se proyecta a construir imágenes agrupadas en un muestrario de posibilidades caracterizadoras de las más diversas actitudes humanas. Reúne una gran diversidad de figuras humanas de distintas épocas, tomadas directamente de las reproducidas en libros y catálogos de arte universal. El tiempo epocal de ese conjunto representado no es ninguno en particular. Eso concuerda con el modo postmoderno de hacer del pasado una contemporaneidad supra-temporal capaz de convivir con el presente desde donde siempre ejercitamos el acto de mirar y juzgar lo que ocurre a nuestro derredor.

Está en consonancia con lo producido en las tres últimas décadas del siglo XX, distanciadas de los procedimientos artísticos de la Modernidad al dejar a un lado la sobrevaloración de la originalidad. Nuevos sistemas de valores se han ido abriendo a partir de la década del sesenta del siglo XX, generados en franca contraposición con la época anterior. Al recurrir a la historicidad desde la perspectiva posmoderna todo puede sr dispuesto a manera de método operacional en el eje de la sincronía y no de la diacronía. Por eso colindan en su obra tiempos histórico-culturales diferentes, asomados por igual ante los espectadores.

En la alborada de la posmodernidad se ha hecho recurrente la admisión declarada de préstamos, intercambios y fusiones de procedencias culturales disímiles. Antes era estimado vejaminoso hacerlo en la Modernidad por la restricción extrema que imponía el principio artístico de la necesaria singularidad. Lo nuevo debía ser novedoso e todo sentido. Esa idea y un sinfín de otras fueron removidas de los ideales una ve puesta en crisis la confiabilidad de esos presupuestosal producirse en las postrimerías de la Modernidad en su tránsito a la Posmodernidad una crisis profunda de valores que llevaron a la remoción de lo instituido. Muchas de las ideas antes repudiadas han pasado a ser recursos aceptados. Legitimados y proclamados a viva voz por la nueva época.

¡Cómo cambian las cosas!. Lo que parecían rasgos inamovibles de la cultura pudo ser socavado en un tiempo relativamente breve por acción de la dinámica interna en los cambios de la correlación interna de fuerzas sociales e ideo-estéticas en la cultura. Esas apropiaciones confesas, totalmente evidentes eran inauditas de sostenerlas de manera no disimulada en la primera mitad del siglo XX, tan acostumbrada a exaltar la originalidad en lo novedoso. En el periodo finisecular del siglo esa contradicción fue desdibujándose. Se ha hecho ese nuevo recurso un patrimonio común del arte al extenderse ampliamente su utilización a los diferentes confines del orbe. Ahora es posible verlo aplicado en la arquitectura, la literatura y las artes visuales. Contemplados con una mirada no subordinada al respeto a ultranza de los valores que representaran esas estéticas.

Ahora se echa mano de los recursos no originados en el presente, al no tener que responder a autorías a las cuales antes era obligado rendirle cauteloso respeto y prudencia en su cita artística. Los litigios de acusaciones por plagio han dejado de tener la fundamentación y agresividad de momentos anteriores. La filosofía de propiedad intelectual ha cambiado. Antes, la idea de originalidad obligaba a los artistas a diferenciarse radicalmente de los demás. Eso iba aparejado a la idea filosófica de progreso.

Liberados en el presente del principio obligado de originalidad, los diversos alcances en la apropiación gozan de una salud y seguridad, imposibles de imaginar con anterioridad, permitiendo discursos de nuevo tipo, francamente osados, dispuestos en todo momento a revisar cuanto había sido dicho, con el propósito de .apostar a  su uso con habilidad instrumental para razonar sobre las circunstancias de la sociedad contemporánea.

Por supuesto, cada intelectual y artista atempera estos procedimientos a su horizonte interpretativo. Recurrir a personajes del pasado remoto o del cercano para sacudir los acomodos reflexivos, ha posibilitado ejercer una rara manera de surfear sin llegar hundirse en las aguas de las reyertas ideológicas y culturales que permearon el diario vivir en el pasado.

Hoy el mundo se ha hecho más plural, deseoso de intercambios entre culturas, entre artistas y obras. No importa de dónde procedan. Situadas en un tiempo-sin-tiempo. Las valoraciones aportadas por los estudios de la intertextualidad han abierto y ensanchado el arte. Este se ha tornado más temerario. Hace uso de operaciones escurridizas ante el poder, cualquiera que este sea. Eso ha dado un margen de apertura para hablar tropológicamente por figuras.

El arte se hecho incisivo en su ejercicio crítico en tanto juicio de contraste, no necesariamente de maledicencia. Eso le confiere una libertad de acción. Y cubre el cuerpo de los artistas por los ataques dirigidos por estos sobre el arte, la cultura y la sociedad, no dirigidos a implosionar conceptualmente en toda su amplitud los sistemas de pensamiento, sino a jugar sabiamente, a establecer vías lúdicas muy astutas con el fin de resaltar otros matices e ideas por contraste. Por eso, entre diversión y sorna, dicen cosas desembarazadamente. En esa forma posmoderna de proceder Alpízar ha demostrado ser un artista con habilidades. De ahí que literalmente juegue con ese caudal histórico, recurra a él para resituarlo en una mirada contemporánea, dirigido a representar una herencia las actitudes humanas presentes a lo largo del hilo de la historia, en cierta atemporalidad que no se reduce a representar nada más a épocas precisas..

Su actitud de colocar a los personajes en huecos-ventanas, enmarcados sin la posibilidad de traspasar las fronteras espaciales de las ubicaciones asignadas —salvo en algunos detalles de sus cuerpos u otros elementos salientes de su pertenencia— es indicio de resistencia a quedar enmarcados en ese espacio angosto, para desear proyectarse hacia otros espacios donde puedan significar y existir más allá en un tiempo no formulado en épocas definidas. El desbordamiento de esos espacios físicos límite airea a  las figuras de las atmósferas viciadas de sus encierros como es la perspectiva de los estudios culturales en la posmodernidad, rechazadores de esquemas encasilladores de hechos y personalidades.

Esa disposición en ventanales recuerda las atmósferas asfixiantes de las ilustraciones de un genuino artista cubano de peculiar humor, Santiago Armada (Chago), de cuya  inteligencia visual parece haber bebido Alpízar o ser una feliz coincidencia. Sin la carga angustiosa de aquel, sus figuras apuntan a ver siempre en la pose de los retratados a actitudes humanas. Esa amplitud de personajes da a pensar cuan abarcadora se ha ido construyendo su visión. Establece un repertorio de moralidades a la manera de las presentaciones medievalistas. Personajes excluidos y aclamados, encuentran sitio en este breviario del mundo. No son objeto de rechazo. Se presentan a la par de los aplaudidos. Nadie ha de quedar oculto bajo la luz de sus pinturas.

Esto se hace patente para solo citar un ejemplo, en la obra expuesta de la serie Mi Arca, 2017 en esta, su más reciente exposición personal, La Habitación del Simulacro. En esta serie salva de la desaparición a un gran abanico de personalidades extraídas de la historia del arte, parodia de la función del arca de Noé, a quien le fura encargado de cumplir el mandato bíblico de salvar las diferentes especies de animales. En su jocosidad apropiadora, Alpízar asume para sí presuntuosamente ese rol, con imágenes de modelos y no de animales, de los comportamientos humanos que transitan por encima de las épocas sin desparecer.

Ha recurrido a poner en activo las fuentes del pasado cultural, a reevaluarlas, a maniobrar con ellas, a resituarlas en nuevas disposiciones, donde los significados originales se reformulan en sus nuevos contextos de acción. Esa ha sido la manera continuada de proceder de Alpízar, para quien el pasado cultural es una fuente saludable de donde obtener imágenes y recodificarlas, preservando por lo regular casi íntegramente la imagen formal precedente.

Está siempre dispuesto a servirse abiertamente de un gran repertorio de recursos, imágenes, procedimientos e ideas, especialmente del repertorio visual del arte internacional. Eso ha hecho a sus obras nutrirse de imágenes de obras famosas. Por  lo cual sus obras se abren a una recepción más abierta y plural, facilitando ser exhibidas en diferentes lugares internacionalmente y encontrar espectadores proclives a comprender su arte.

Explorar y saborear esas fuentes del pasado ha devenido de gran utilidad. No es un fenómeno nuevo. De algún modo recorre con variaciones la historia humana. Fueron apropiadas antes, pero con un antiguo carácter que ha sido desplazado por otro de nuevo tipo, permeado de futuridad, con orgullosas trazas conservadas de los tiempos culturales que le han precedido, recuperadas muchas veces de un modo fragmentario. Consideradas de diversas maneras artísticas, sea como apropiación, cita, pastiche o simulacro. 

El anterior enconado contrapunteo entre pasado y presente en la Modernidad ha perdido la carga de dicotomía y conflictividad de los antiguos enfrentamientos basados en las polémicas polaridades, con intentos de acercamientos prácticamente irresolubles al estar en el fondo afincados en .una franca oposición hacia el otro. La época actual, por el contrario, se ha hecho más dispuesta al diálogo, al deseo de convivencia, a la interpenetración mutua, al reconocimiento de las otredades. No resueltas por eso esas antinomias de manera paradisíaca pues aun se mantienen climas propensos a desequilibrios, con la susceptibilidad de generarse nuevas tensiones ocasionales entre las partes. Pero el avance hacia un diálogo intercultural se establece en la actualidad, no solo entre naciones, también entre textos artísticos alejados en el tiempo. Esos acercamientos y diálogos, una vez liberados en esta época de las ataduras a sus contextos, permiten su movilización y apropiación, revistiéndose de nuevos sentidos.

En las últimas décadas, especialmente en el preámbulo hacia el siglo XXI, se ha producido un retorno sistemático a expresiones pretéritas de formas e ideas, no solo artísticas, consideradas ahora un estimable fondo acumulado de saberes y prácticas, un tesoro disponible a ser utilizado con vista a reflexionar e interpretar el mundo actual. La obra de Rubén Alpízar es un fiel testimonio de esta nueva época.