¿Sazón completo? En Villa Manuela

¿Sazón completo? En Villa Manuela

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: Plásticos, Villa Manuela
  • Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández
    Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández
  • Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández
    Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández
  • Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández
    Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. Fotos: Maité Fernández

La capitalina galería Villa Manuela acoge por estos días Sazón completo, muestra personal del joven pintor Yuri Santana, quien nos trae, desde su natal Mayabeque, una docena de acrílicos y óleos sobre lienzo centrados en la cotidianeidad insular.

Tras obtener la licenciatura en Artes Plásticas por la Universidad de las Artes (ISA), Santana ha protagonizado siete muestras personales y varias colectivas que han acogido diversos centros expositivos del país. Su trabajo evidencia un marcado interés por reflejar escenas o situaciones que muestran al cubano de a pie en su diario accionar. Por allá nos vemos conectados en las zonas Wi-Fi, adquiriendo los alimentos básicos o combatiendo el bochorno veraniego con una cerveza; por aquí, “tallando” con los socitos del barrio, tomando un descanso en el banco de algún parque, haciendo colas o vendiendo útiles para el hogar.

La estética de Santana guarda evidentes puntos de contacto con la pintura desarrollada por varios jóvenes artistas que, en los últimos años, han experimentado un regreso al paradigma pictórico, apostando por un neofigurativismo de marcado aliento expresionista. En este sentido, las piezas reunidas en Sazón completo no marcan ningún punto de giro. Antes bien, su principal atractivo está en la capacidad de reflejar una realidad social concreta y palpable, en ese espíritu de cronista que mueve la mano que las ejecutó.

Al interior de una producción pictórica rayana en la vacuidad y el hedonismo, ideada para satisfacer los intereses de un mercado internacional a base de propuestas despersonalizadas, que rechazan todo rasgo identitario, los lienzos del mayabequense apuestan por la construcción de un relato diario y grupal, reflexivo de nuestro accionar idiosincrático. Es, en resumen, un arte tributario de la cubanidad, lo cual no abunda mucho en nuestro panorama artístico más actual.

Sazón completo aporta un toque de sabor a la existencia. No faltan el humor y el erotismo, presentes en el rejuego entre títulos e imágenes. Así, sonreímos ante el cubano-kamikaze que busca su billetera en el bolsillo trasero del jeans para enfrentarse a la pesa del agromercado o intuimos los no tan secretos pensamientos del pepillo que contempla la retaguardia de una voluptuosa transeúnte mientras devora un bocadito de jamón.

Como en esos frascos de especias maceradas donde conviven el ajo, la cebolla, el laurel y el clavo de olor, las pinturas de Santana entremezclan los ingredientes de la vida en un amasijo de colores vibrantes y pinceladas espontáneas, libres, que hacen de lo inacabado y lo fugaz su estamento visual. A ello se suman los incómodos encuadres de las composiciones, sesgados y desequilibrados, construidos “al descuido”, lo cual busca reforzar la idea de inmediatez y velocidad, proporcionándonos rápidos vistazos a cuerpos y rostros que nunca vemos de frente, cuyas identidades no se nos revelan con claridad.

Ellos pudieran ser cualquiera; pudieran ser usted o yo, o la muchacha que arranca chiflidos a los albañiles de la esquina, o el obeso vecino del frente que vende carne a precio de oro en el mercado de la cuadra siguiente. Todos, mezclados en la enloquecida dinámica impuesta por el día a día de una Cuba que, aun sin saber cómo, se sobrepone a múltiples carencias, sobrevive y se reinventa.