Se acerca el bolero

Se acerca el bolero

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Músicos, Festival Boleros de Oro, México, Latinoamérica
  • El bolero es el espejo musical de nuestro continente.
    El bolero es el espejo musical de nuestro continente.

Cuba es la tierra del bolero, se considera la gran síntesis vocal de la música cubana, ya que la canción sentimental es una de las preferidas aquí y en el continente latinoamericano, donde cada país le aporta su estilo y costumbres. A través del bolero conocemos mucho de la similitud y las diferencias de los hombres y los pueblos.

Sabemos que se puede contar casi toda la historia de nuestros países escuchando boleros, es nuestra tragedia griega, según definiciones del poeta argentino Jorge Luis Borges.

El bolero también está relacionado con lo cursi, con el kitsch, pero Mario Benedetti consideraba que “en una zona tan particular de los boleros, del amor en verso, esa proximidad es menos que inevitable. La verdad es que si nos alejamos demasiado de semejante linde, corremos el riesgo de caer en la academia, zona donde el amor raras veces se instala”.

Agustín Lara nunca tuvo miedo de decir: “Soy ridículamente cursi y me encanta serlo”. El genial compositor fue detestado por los rivales de las canciones de amor, los censores, vigilantes de las “buenas costumbres” mexicanas y lo excomulgaron por escribir boleros de bares y cantinas que hoy escuchamos tan inofensivos y naturales, imprescindibles en la cultura de México y de América.

El bolero nació, entre la gente más humildes, los desheredados de fortuna que no tenían otra fiesta que asistir a las serenatas y descargas bohemias, pero también fue enrolado con la fantasía, la magia o las costumbres aristocráticas. Aquellas escenas que describe magníficamente el profesor colombiano Adolfo González, de salones del alto mundo social, llenos de muebles de “bajo imperio”, uvas de vidrio azul, mujeres con brazos como serpientes adormecidas y párpados violáceos, cuerpos envueltos hasta las orejas en terciopelo verde con turbantes áureos, gatos de Angora, zapatos de charol, brillantes vestidos de seda artificial, muñecas con vaporosos trajes de organdí, galanes del cine mexicano, la bailarina Tongolele, la mirada seductora tropicalísima de María Félix escuchando, entre bocanadas de humo, los bolerones de su esposo Agustín Lara y de Lucho Gatica. De todo eso viene el bolero como una crónica y espejo musical de nuestro continente.

A diferencia del tango argentino, el bolero supo “fecundarse”, en perpetua evolución, se enriquece, modifica su instrumentación y su armonía, de la que hablaba con mucho tino Alejo Carpentier. Se fundió con todos los géneros musicales cubanos (habanera, son, chachachá, mambo, beguine con ritmo prosódico, el montuno, el son, la ranchera, el jazz y hasta el tango, fue como el “blues” de Cuba. Se hizo bailable, sentido y querido, sin dudas es una expresión modulada, letra apta para ser declamada melódicamente (sin melodía no hay bolero).

Bolero Victrolero

El frenesí llega con el bolero victrolero, cantinero, de humo y espuma, facturado por grupos de son, al estilo del Conjunto Kubavana (Alberto Ruiz), el Conjunto Casino (Roberto Faz, Fernando Álvarez, Orlando Vallejo), La Sonora Matancera (Bienvenido Granda, Daniel Santos, Celio González, Laíto), El conjunto “negro” de Arsenio Rodríguez (René Álvarez, René Scull, Miguelito Cuní), José Tejedor, Ñico Membiela, Orlando Contreras, Lino Borges, Orestes Macías, Raúl Plana, Roberto Sánchez. Todos ellos eran boleristas que, con sus arreglos y conjuntos, creaban una atmósfera, un ambiente, un clima emocional.

En su visita a Cuba, el compositor de Puerto Rico, Tite Curet me dictó aquellas palabras suyas aparecidas en muchos lados: “La gente siempre vive el amor en un enfrentamiento fecundo y dramático y de él siempre queda el drama (…) La gente cuando habla del amor, habla porque este ya pasó y quieren que vuelva a pasar y es ahí donde viene el bolero, (…) un acto de agresión, de alevosía, el reto por lo que fue y el reto por lo que vendrá”.