Se nos fue el campeón de los insolentes

Se nos fue el campeón de los insolentes

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Escritores, Homenaje
  • Nicanor Parra falleció recientemente a los 103 años de edad. Foto tomada de internet
    Nicanor Parra falleció recientemente a los 103 años de edad. Foto tomada de internet

Sí, a no dudar, el difunto no le guardó respeto a nada ni a nadie. (Ni a la madre de los tomates, según gusta decir nuestro pueblo).  Alguien declaró que, para seguirlo, había que ser valiente. Y que él escribía como si de inmediato fuera a ser electrocutado.

Para dar inicio a la nómina de sus pecados capitales, dígase que con soberano desprecio se burló de las estrictas fronteras que en cualquier  campus, tradicionalmente, se establecen entre las facultades de ciencias y de letras. Fisicomatemático,  especialista en indeterminación, relatividad y mecánica avanzada, también se graduó de cosmología en Oxford. Lo cual no le impidió cumplir –al menos parcialmente— la profecía de Gabriela Mistral, expresada cuando él era un muchacho: “Será el mejor poeta de Chile”.

No dudó en arremeter contra sus colegas. “Durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”.  Y no dudó en bajarlos de su Olimpo: “El poeta es un hombre como todos; un albañil que construye su muro; un constructor de puertas y ventanas”. Por eso concibió la “antipoesía”. (Aunque algunos afirman que el inventor de tal subgénero  fue nuestro compatriota José Zacarías Tallet).

¿Los premios?  Pues llovieron…y le resbalaban. Desde el Reina Sofía hasta el Cervantes.  Encuevado, solía enviar a algún pariente para que los recibiera. (Tres veces estuvo postulado para el Nobel, nunca concedido, pues esos nórdicos son alérgicos a nosotros, los mulatoides aindiados allende el Atlántico. Que le pregunten a nuestro científico insigne, el doctor Finlay…).

Antirreligioso a matarse, que se declaraba “ateo, con el favor de dios”,  la emprendió, según podía esperarse, contra los ensotanados, los que se visten por la cabeza. Ante la promesa del trasmundo paradisíaco, ironizó: “Descansa en paz, claro, / descansa en paz. ¿Y la humedad? / ¿Y el musgo?/ ¿Y el peso de la lápida? / ¿Y los sepultureros borrachos? / ¿Y los ladrones de maceteros? / ¿Y las ratas que roen los ataúdes?/ ¿Y los malditos gusanos que se cuelan por todas partes, / haciéndonos imposible la muerte?”. Pero llegó más lejos: “Cordero de dios que lavas los pecados del mundo, / dame tu lana para hacerme un sweater. / Cordero de dios que lavas los pecados del mundo, / déjanos fornicar tranquilamente, / no te inmiscuyas en ese momento sagrado”.

Dígase ahora que incursionar alrededor de este sacrílego, transitando por parajes de la política, sin lugar a dudas es moverse en terreno minado.

Ante todo, nunca renegó de su humildísimo origen, hijo de un infeliz maestro de escuela, “trasunto fiel de la Edad Media”, y de una madre modistilla, que supo enseñarle lo que decía y cantaba el pueblo. (Fontanar de futuras inspiraciones).

En lo más neurálgico de la Guerra Fría, fue de los intelectuales latinoamericanos que viajaron a la Unión Soviética y a China. Simpatizó con la Revolución Cubana. Mostró su apoyo al presidente Allende. (Después, los pinochetistas dirían que algunas de sus líneas eran “la más insolente crítica” que habían recibido).

Claro, con todas las entidades de izquierda antes mencionadas tuvo sus trifulcas. (¿Acaso ese evangelio de la sabiduría popular, el refranero, no dice que “genio y figura, hasta la sepultura”?).

Supo retratar, con su ironía vitriólica, los inmundos rejuegos de la política: “Acuérdate de mí cuando esté en tu reino. / Nómbrame Presidente del Senado. / Nómbrame Director del Presupuesto. / Nómbrame Contralor General de la República./ Hazme Cónsul de Chile en Estocolmo. / Nómbrame Director de Ferrocarriles/ Nómbrame Comandante en Jefe del Ejército. / Acepto cualquier cargo...”.

No perteneció a ningún partido político, pero tenemos su filiación ideológica: “Yo soy más dadaísta  que anarquista , más anarquista que socialdemócrata, más socialdemócrata que estalinista”.

Y nos dijo: “Como su nombre lo indica, el Capitalismo está condenado a la pena capital”.

Coda fúnebre:

Nicanor Segundo Parra Sandoval (San Fabián de Alico, 1914 -Santiago de Chile, 2018), quien se firmaba sencillamente como Nicanor Parra, acaba de pronunciar su adiós a este mundo tridimensional.  

A él –anticlerical rabioso—,  le ofrecieron una misa en la catedral metropolitana de su país.

A él  --enemigo jurado del poder--, le dedicaron dos días de duelo oficial.

Y no hay que ser una pitonisa para adivinar que, en su fosa, los huesos de aquel dinamitero están mascullando: “Muerto, no te levantes de la tumba. / Qué ganarías con resucitar… / una hazaña...y después...la rutina de siempre. / No te conviene, viejo, no te conviene”.