Sin pelos en la lengua

Sin pelos en la lengua

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Escénicos, Teatro El Sótano
  • Sin pelos…; puesta que no se debe dejar de ver y disfrutar como una vía idónea para combatir el estrés y los rigores del intenso calor que azota a los capitalinos en esta etapa estival.  Foto: Ismael Almeida
    Sin pelos…; puesta que no se debe dejar de ver y disfrutar como una vía idónea para combatir el estrés y los rigores del intenso calor que azota a los capitalinos en esta etapa estival. Foto: Ismael Almeida

Sin pelos en la lengua, con puesta en escena y dirección general del dramaturgo Hugo Alberto Vargas, es el título de la obra llevada a la sala El Sótano por la agrupación teatral A teatro limpio, y dedicada a la memoria de los maestros Héctor Quintero (1942-2011) y Mario Fernández González (1922-2008), principales artífices del Teatro Musical de La Habana.

El elenco artístico está integrado por los actores Yanela Gómez (actuación especial) Yamira Díaz, Ana Pomi, Duri Manduley, Niurka Castellón (“Bombón”), José Alejandro y Jaime Jiménez (“Estrellita”).

La trama de esa entretenida comedia, que hace reír a carcajada limpia a los amantes del buen teatro insular contemporáneo, trata problemas acuciantes que enfrenta la sociedad cubana actual, y en especial, los relacionados con la juventud.

El lenguaje utilizado en ese espacio humorístico por excelencia es netamente popular, criollo, sin llegar —en modo alguno— a la chabacanería, la vulgaridad o el uso exagerado de las palabras “mal sonantes”, como las califica el doctor Sergio Valdés Bernal, investigador titular del Instituto de Literatura y Lingüística Doctor José Antonio Portuondo, y de las que tanto se abusa hoy en las tablas, la radio, así como en los medios audiovisuales (cine y televisión, fundamentalmente).

La estructura en que se sustenta esa puesta es, en lo fundamental, festiva y lúdica, con apoyo en una coyuntura dramatúrgica donde el humor, tanto el cubano como el universal, mediatizan el tono y la concepción general de la obra; códigos estético-artísticos que pautan la necesaria comunicación actor-espectador; vínculo que se logra de un modo espontáneo y natural, o sea, sin forzar en lo más mínimo situaciones hilarantes o apelar a la sobreactuación.   

Como “un show cardiaco, crítico, místico, musical”, Hugo Alberto Vargas conceptúa el conjunto de monólogos incluidos en Sin pelos…, y lleva al escenario de esa acogedora sala textos de los escritores Humberto Robles, Jorge Fernández Era o de la propia producción intelectual y espiritual del director de la agrupación A Teatro Limpio; textos que involucran —desde la escritura y el proscenio— a varias mujeres, cuyos apodos tipifican algunos de sus conflictos emocionales o rasgos personográficos que las singularizan en ese contexto: “Insatisfecha”, “Humillada”, “Liberada”.

Si bien, en líneas generales, el espectáculo deviene divertido e ingenioso —en correspondencia absoluta con los guionistas que concibieron y llevaron al escenario Sin pelos…— el público y la crítica especializada descubren altas y bajas, tanto en su alcance, como en los desempeños actorales, ya que no se debe olvidar el hecho de que el monólogo es un género complejo y complicado, que le exige al intérprete una gran profesionalidad desde todo punto de vista, para mantener la atención e interés del auditorio. Sin embargo, esos puntos grises son susceptibles de eliminar, ya que la obra estará en cartelera durante todo el mes de julio.

No obstante existir un buen equilibrio desde la vertiente histriónica, la verdadera revelación se encuentra en la actriz que desempeña el papel de la “Liberada”, una monja lésbica que es toda una delicia, un verdadero show dentro de otro, ya que la artista se basa —esencialmente— en el despliegue de recursos técnico-expresivos adquiridos en la academia y consolidados en la práctica escénica, así como en una bien dosificada gestualidad, con la cual  enriquece el papel que se le asignara en ese ambiente eminentemente humorístico, y que ella convierte —por derecho propio— en punto focal o eje central de la acción dramática que se desarrolla en Sin pelos…; puesta que no se debe dejar de ver y disfrutar como una vía idónea para combatir el estrés y los rigores del intenso calor que azota a los capitalinos en esta etapa estival.