Teatro de Gombrowicz, una manera distinta de discursar en las tablas

Teatro de Gombrowicz, una manera distinta de discursar en las tablas

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Escénicos, teatro cubano, Teatro El Público, Francisco López Sacha
  • La librería Fayad Jamís fue el espacio escogido para Una tarde con Witold Gombrowicz. Foto: Maykel Paneque.
    La librería Fayad Jamís fue el espacio escogido para Una tarde con Witold Gombrowicz. Foto: Maykel Paneque.
  • Los directores de teatro, Sahily Moreda y Carlos Díaz, además del narrador Francisco López Sacha. Foto: Maykel Paneque.
    Los directores de teatro, Sahily Moreda y Carlos Díaz, además del narrador Francisco López Sacha. Foto: Maykel Paneque.

Como parte de las celebraciones de la IX Semana de la Cultura Polaca en Cuba se desarrolló en la librería Fayad Jamís Una tarde con Witold Gombrowicz, espacio que realizó lecturas dramatizadas de varias de las obras del reconocido autor.

Este novelista, dramaturgo, ensayista y diarista polaco (Maloszyce, 4 de agostos 1904—Vence, Francia, 24 de julio de 1969), fue uno de de los intelectuales más relevantes en la llamada vanguardia europea y su trascendencia llega hasta hoy. Los organizadores del encuentro decidieron representar dos de sus obras teatrales de marca mayor, aunque se reconoce mundialmente como narrador.

Ivonne, princesa de Borgoña (escrita en 1933), es un descarnado retrato de lo que significa la lucha por el poder en una sociedad medieval corrupta. Ejerce su mirada sobre las relaciones que establece una joven poco atractiva, desmañada, apática, tímida, miedosa y aburrida, con un príncipe que, contrario a la tradición, la toma por amante. La corte desea eliminarla a toda costa y no medirá esfuerzos, hasta los más mundanos y crueles, para apartarla de su amado, demostrando las mezquindades y decadencias de una burguesía hedionda y corrupta.

En un escenario atípico como es la librería Fayada Jamís, actores de la compañía de teatro El Público, dirigida por Carlos Díaz, realizaron la puesta en escena. Al estilo más clásico de este género, donde la dicción, acción y movimiento son claves fundamentales, el desempeño actoral resultó convincente, permitiendo a los asistentes valorar el complejo ideo-estético de Gombrowicz.

Resultó llamativo el aprovechamiento del espacio de conjunto a la acción dramática que, sin dudas, potenció esta versión realizada por el propio Carlos, de la cual dijo: “es una obra importante para comprender el comportamiento humano”. Díaz tiene previsto llevarla a las tablas del Trianón, sede de su compañía, en el mes de septiembre.

Por su parte, El matrimonio (escrita en 1948), es según el dramaturgo y narrador Reinaldo Montero, otra vuelta de tuerca a la unión matrimonial. Ubica su índice sobre la farsa que constituye en sí mismo este acto, en una época que le insufla un halo religioso y divino cuando en la práctica, según la visión del autor, era otra cosa. Se trata del sueño de Henri, soldado polaco que lucha contra los alemanes alistado en el ejército francés, y que se angustia por su familia, por su mundo destruido. La traición filial, el amor verdadero, la amistad, son tópicos cuestionados por Gombrowicz, a la vez crónica de los grandes acontecimientos de su tiempo, como él mismo pronunció una vez en su diario.

El texto fue escenificado por el grupo de teatro El Cuartel, dirigido por la dramaturga Sahily Moreda, quien corrió a cargo de la versión y de la cual dijo: “es una obra olvidada, tratamos de escoger un fragmento en donde podíamos comunicar la idea fundamental del texto: todo lo referente a la ceremonia del matrimonio y ver las relaciones de poder en el personaje principal, movido entre la farsa y la traición”.

Como colofón de la jornada, el narrador Francisco López Sacha, presentó la novela Ferdydurke (Arte y Literatura, 2015), obra de la autoría de Witold, que, según Sacha, parte de la tradición de la vanguardia y juega con tres tipos de novela: la de aprendizaje, la romántica y la social. La trama principal aborda el recorrido del personaje principal desde la infancia  hasta la adultez y encuentra allí un raro sentimiento de pesar, rompiendo con la lógica búsqueda como adulto, “es un estudiante que no aprende nada en una escuela, con profesores que no enseñan nada. Witold se burla, rompiendo con la lógica. No hay un cuerpo doctrinal ni staff de profesores que justifique ese tipo de enseñanza en una escuela completamente atípica, se burla de ese tipo de escuela, toca un mundo que tiene al educando y al sistema de aprendizaje como punto de mira, él rechaza el dogma que puede significar el aprendizaje”, subrayó.

Desde lo formal, valoró los aportes que hizo el autor: “el narrador sabe tanto como los personajes, aunque no lo sabe todo. Así Gombrowicz se adelantó a la postmodernidad”, concluyó.