Teatro y ensayo, procesos de descubrimiento del ser

Rubén Sicilia

Teatro y ensayo, procesos de descubrimiento del ser

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  • El director del grupo Teatro del Silencio, Rubén Sicilia. Foto: cortesía del entrevistado
    El director del grupo Teatro del Silencio, Rubén Sicilia. Foto: cortesía del entrevistado

Conversar con el dramaturgo y ensayista Rubén Sicilia, director de la agrupación Teatro del Silencio, constituye un placer indescriptible con palabras para cualquier profesional de la prensa. Su discurso nítido, conciso y preciso sugiere la presencia de un comunicador que, al decir martiano, “apunta bien y da en el blanco”.

Nos conocimos en la capitalina sala El Sótano, donde el colectivo artístico que jerarquiza llevara a las tablas, en calidad de reposición, el monólogo Juicio y condena pública a Charlotte Corday, protagonizado por la carismática actriz Mirtha Lilia Pedro.

Con posterioridad, me re-encontré con Sicilia en la sala Martínez Villena de la UNEAC, en el vídeo-debate Palabras para la escena, donde se proyectara el tele-teatro El matrimonio Palavraski, de la dramaturga, escritora y directora escénica española, Angélica Liddell. El audiovisual generó un fructífero intercambio de opiniones, caracterizadas —básicamente— por el nivel conceptual y teórico-metodológico de los planteamientos formulados en ese contexto.

Una vez finalizada la actividad, me acerqué al también miembro activo de las asociaciones de Artes Escénicas y de Escritores de la UNEAC con el ruego de que nos acercara cuáles son los factores objetivos y subjetivos que han influido en su exitoso desempeño profesional en ambos campos artísticos; petición a la que accediera de inmediato, con la gentileza que lo identifica.     

¿Cuál fue la motivación fundamental que despertó su vocación hacia el teatro y el ensayo como género literario?

Para mí, el teatro y el ensayo devienen único proceso de descubrimiento del ser, la búsqueda de las esencias humanistas, existenciales y ontológicas, de todo tiempo y lugar. Creo que describo ese proceso en mi libro Teatro Ontológico, ya agotado. Los ensayos son un complemento del proceso de creación desde ese punto de vista.

¿Qué puntos de tangencia percibe usted entre el arte de las tablas y la literatura?

Mientras más lejos, más cerca, mientras más cerca, más lejos, reza un antiguo axioma. Creo que esa es la relación entre el teatro y la literatura. Tienen punto de encuentro y puntos de disonancia. Precisamente en mi teatro intento encontrar un nodo de energía que permita conciliar esas paradojas.

De los géneros dramatúrgicos que lleva a escena la agrupación Teatro del Silencio, ¿cuáles prefiere desarrollar con mayor sistematicidad y por qué?

No, no prefiero un género en particular, ni un solo estilo escénico. Me interesa abarcar un amplio espectro creativo, ver diferentes aristas de esa compleja manifestación que es la humanidad. Necesito explorar, cambiar de códigos, negar lo ya encontrado. Tomar un rumbo nuevo, y si es desconocido, ¡bienvenido sea!

De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias acumuladas en su archivo mnémico durante el ejercicio profesional de su carrera artístico-literaria, ¿podría relatar una que le haya dejado una huella indeleble en el intelecto y en el espíritu?

Este viaje a Madrid y Oporto con El Cerco, nuestra pieza de teatro de la crueldad, tuvo un extraordinario impacto para mí, así como para todos los integrantes de la agrupación. Tuve la satisfacción de que el público y la prensa especializada admiraran a mis actores como dioses, y que la obra tuviera una lectura insospechada sobre el problema de la emigración. Coincidente tal vez con sucesos recientes de la vieja Europa.

Como profesional de las artes escénicas, ¿qué opinión le merece la intelectual hispana Angélica Liddell y cómo valoraría sus controversiales puestas en escena?

Es difícil ser juez y parte, pero me arriesgaré. No cabe duda alguna de que es un extraordinario talento y que tiene una formidable energía creadora. Ahora bien, lo que pongo en duda es que ese camino tan marcadamente angustioso sea algo que deba recomendar […], al menos para mí.

¿Cuál es, en su opinión, el estado actual de salud del teatro cubano contemporáneo?

Creo que hay talento, pero con muchos altibajos, sin el aspecto de sistematicidad y rigor que hubo en los años ochenta de la pasada centuria. La situación existencial del momento influye en la concentración, y tal vez determina la pérdida de algunos centros de pensamiento técnico-artístico. Un descentramiento de la memoria y la tradición, que son tan importantes para la transmisión de una generación a otra.

Algún consejo o recomendación a los “pinos nuevos” que muestran interés por el estudio o el ejercicio de las artes escénicas en nuestro archipiélago…

Que no se dejen llevar por la cultura vulgar de la sobrevivencia o el confort. El artista, si lo es de verdad, tiene que arriesgarse. Tiene que sacrificar cosas para avanzar. Literalmente, ser capaz de crecer en el teatro, con la interpretación de una obra tras otra. Eso no lo van a encontrar —con ese nivel de profundidad— en ningún otro medio. Eso es todo.