Temporada de la Danza: un estimable aporte cultural del Terry

Temporada de la Danza: un estimable aporte cultural del Terry

Etiquetas: 
Cienfuegos, Teatro Tomás Terry, danza
  • El miembro de la UNEAC Joel Zamora e integrantes de su Compañía, frente al teatro Tomás Terry: ente auspiciador de la Temporada de la Danza, que concluye su XVI edición este 5 de noviembre. Foto: Del Autor
    El miembro de la UNEAC Joel Zamora e integrantes de su Compañía, frente al teatro Tomás Terry: ente auspiciador de la Temporada de la Danza, que concluye su XVI edición este 5 de noviembre. Foto: Del Autor

La Temporada de la Danza del teatro Tomás Terry, de Cienfuegos, es un hecho cultural de notable dimensión, en diversos planos.

Su arco espacial, que cubre un segmento de agenda considerable en las propuestas de la institución escénica (cerca de dos meses, incluyentes de todo octubre y parte de noviembre) permite trabar contacto con prestigiosos exponentes de la danza al espectador local. Ese receptor tiene en el propio patio a cultores de mérito pero no posee otra oportunidad, si no es esta, para apreciar el talento extramuros.

Con devoción franciscana, los articuladores de tan plausible opción no desmayan —año tras año—, a la hora de fraguar este paréntesis que oxigena y distiende, al abrir fronteras de confraternización con la disciplina. Y ello, a pesar de los consabidos valladares que encuentran en su paso para este o cualquier intento de armar cartelera (y que en el 99 por ciento de los casos sortean y logran vencer mediante iniciativas propias y la mar de estrategias) en los temas de transporte, fundamentalmente; algo menos en el de alojamiento. Valga la digresión, pero resulta paradójico que un teatro que aporta cerca de un cuarto de millón de dólares al año manifieste tantas dependencias y carencias en la transportación de los artistas.

Volviendo al asunto, la Temporada de la Danza ensancha la educación estética de los espectadores y favorece la aproximación de las nuevas generaciones a las variantes más modernas de una forma de expresión escénica inherente al desarrollo humano desde tiempos inmemoriales.

La actual décimosexta edición de la Temporada, iniciada al arrancar octubre y con fecha de terminación el 5 de noviembre, rompió el estambre inaugural a través del más reciente trabajo de la Compañía Rosario Cárdenas, a solo pocos días después de su estreno mundial absoluto del 29 de septiembre al 1 de octubre en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana: la pieza Afrodita, ¡oh, espejo!

Un segmento de noveles bailarines pertenecientes a la estructura artística de la maestra cubana, Premio Nacional de Danza, preparó desde hace meses el montaje que constituye un poema dancístico inspirado en el paralelismo entre Afrodita, la antigua diosa de Chipre, quien se hizo famosa en todo el mundo, y Oshún, patrona de Cuba: deidades ambas de las aguas, del amor, símbolos de la belleza y la fecundidad.

Se trata de una verdadera superproducción de cara a la cual la experimentada creadora le solicitó el apoyo sonoro al pianista Frank Fernández, Premio Nacional de Música, en cuanto supuso la primera incursión del maestro en el universo de la danza contemporánea. Las luces corrieron a cargo de otro Premio Nacional de Danza, Carlos Repilado, habitual colaborador de la internacionalmente reconocida bailarina y coreógrafa. Los diseños fueron a cuenta de la joven Alisa Peláez.

La obra estuvo compuesta por los segmentos Canción de cuna, El ascenso y Ouroboros. Y, como todas las creaciones de su mentora, propuso reflexiones sobre la condición humana, a decodificarse no sin cierto grado de dificultad en algunos casos por parte del receptor.

Rosario Cárdenas (1953), actual miembro del Consejo Internacional de la Danza, fue desde 1971 hasta 1990 bailarina de la Compañía Nacional Danza Contemporánea de Cuba, con la cual interpretó alrededor de 50 obras presentadas en Europa, América Latina, el Caribe y Africa. Fue también coreógrafa del mencionado cuerpo dancístico. En 1990 crea su propia compañía, denominada Danza combinatoria (hoy Rosario Cárdenas). Entre sus números premios destacan los Villanueva de la Crítica, otorgados en 1995, 1998 y 2001.

La maestra cubana prestigió con la presencia suya y de su equipo aquí la XVI Temporada de la Danza. Luego de las presentaciones de Afrodita, ¡oh, espejo!, el habitual paréntesis dedicado a la manifestación escénica continuó a través de la Compañía Havana Compás Dance, creada en 2004 y cuyo principal elemento distintivo es su imbricación de danza y percusión.

Proseguiría con la primera participación de talento local de esta versión, cuando el público pudo presenciar el Programa Concierto de Joel Zamora y su Compañía Flamenca; y también constatase el Programa Concierto de la Academia de Baile Flamenco de Joel Zamora: ambos cuerpos artísticos articulados por el creador cienfueguero, miembro de la UNEAC.

La primera función de la Compañía fundada en 2002 estuvo conformada por una selección de algunas de las obras más relevantes del repertorio del llamado “Gitano de Cuba”.

En tanto, de cara a la segunda función fueron contempladas las obras coreográficas más relevantes de los diferentes niveles de enseñanza y algunas de las premiadas en los concursos de interpretación, improvisación y coreografía del baile flamenco, que organiza cada año la Academia de Baile Flamenco, la cual arribará a sus 21 años de creada en diciembre.

A continuación, y durante el último fin de semana de octubre, irrumpió el Ballet Folclórico Cutumba, de Santiago de Cuba.

Surgido en 1976 en tanto desprendimiento del Conjunto Folclórico de Oriente, Cutumba (por la fusión de Cuba con tumba, imprescindible instrumento de la percusión), el colectivo oriental es una agrupación músico-dancística abocada durante toda su trayectoria a la investigación, desarrollo y promoción de las manifestaciones afro-haitiano-cubanas: aspecto este último en torno al cual articulan talleres internacionales.

La unidad artística —Premio Villanueva de la Crítica—, ha mostrado su cubano arte en escenarios de Reino Unido, Italia, Francia, España,  Portugal, Alemania, EUA, Noruega, Nueva Zelandia, Canadá, Venezuela Surinam, México, Jamaica, Curazao, Nicaragua, Martinica y Guadalupe.

El cierre de la XVI Temporada de la Danza está fijado por conducto del Ballet Contemporáneo de Camagüey, dirigido por Yaylín Ortiz.

Este ofrecerá presentaciones durante sábado 4 y domingo 5 de noviembre en el teatro Tomás Terry. A Retratos en tus ojos y Un lugar en el tiempo, par de obras del coreógrafo cubano-estadounidense Pedro Ruiz, se agregará como plato fuerte uno de los más recientes estrenos de dicho creador con la compañía: Paseando mi alma, cuya música corre a cargo de Dafnis Prieto y con diseño de luces de Milton Ramos.

Ballet Contemporáneo de Camagüey es el nombre que desde hace pocos meses identifica a Endedans, surgido en esa ciudad hace tres lustros.

El cambio de denominación se fundamenta en la proyección asumida por la estructura artística a lo largo de la franja más próxima, consistente en observar una línea estética de mayor enfile hacia la vertiente contemporánea, mediante un repertorio que ha remodelo su entramado conceptual y simbólico, merced a la incorporación desde 2014 del arriba mencionado coreógrafo.

Es realmente un logro articular una propuesta como la de la Temporada de la Danza en provincias, sin los medios de transporte adecuados, pero con el deseo irrenunciable del equipo de dirección del teatro de llevar el arte dancístico al pueblo y continuar fortaleciendo el sedimento cultural de los espectadores.