Testimonios al desnudo, apuntes sobre la producción de Irving Torres

Testimonios al desnudo, apuntes sobre la producción de Irving Torres

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Plásticos, Cienfuegos, arte cubano
  • Retorno a la inocencia de la expoción Los de atrás vienen conmigo.
    Retorno a la inocencia de la expoción Los de atrás vienen conmigo.

Pareciera que al estar tan intoxicados de información, tablas y datos, no hubiera ya espacio para una reflexión íntima, de esas que no pocas veces nos hacen mirar hacia atrás, desandar caminos y valorar no sin cierto temor el presente o preguntarnos sobre la bruma que se cierne sobre el futuro. En medio de estas incertidumbres, de la revolución de los LEDs y Smartphone, de plataformas donde todo se comparte como Instagram, aún hay artistas que apuestan por la pintura y un discurso que se centra en los devaneos del ser como ente dentro de la porosa arena citadina.

Irving Torres (Cienfuegos, 1979) es un artista audaz que ha incursionado en diferentes manifestaciones, tales como la escultura y la instalación. Sin embargo, es la pintura con toda su tradición-asumida, pero no como camisa de fuerza-donde se concentra el grueso de su producción visual, caracterizada por un manejo de la anatomía humana a voluntad como resultado de una figuración realizada sin luces, ni sombras, como parte de su gusto por el dibujo lineal para después incorporar el óleo y finalmente la pintura de aceite.

Irving, en 2003 aprobó las pruebas de la Academia de Artes Plásticas de su provincia natal, pero solo cursaría tres meses. Desde entonces, continuaría como autodidacta, aunque ya poseía en tan temprana fecha el conocimiento del funcionamiento de cada músculo, debido a sus estudios anatómicos previos, como parte de su Licenciatura en Cultura Física.

Dos exposiciones de este período Miserias alegóricas, en 2004 y Estados y ánimos del 2006 efectuadas en la galería de la AHS provincial y la Universidad de Ciencias Médicas avizorarían los temas que se convertirían en centro de su poética: los problemas de su contexto, pero no desde un sesgo político, sino desde el comportamiento humano y las relaciones sociales. Comienza así un camino Torres, que lo incluye dentro de una amplia hornada de artistas que se vinculan a lo sociológico dentro del panorama del arte cubano contemporáneo. En esta primera etapa, desde la alegoría, y creando sencillas composiciones, pero aún preocupado por situar los motivos o personajes en un contexto específico.

La muestra Craff City del 2008 presentaría un nuevo sujeto en sus piezas que, desde entonces, pasaría a estar presente en varios momentos de su trabajo: la figura femenina. Las obras de esta exposición fueron retratos realizados en vivo, sobre papel craff, en el taller del artista y posteriormente se mostraron en la calle, la intención fue denunciar la desvalorización de la cual es víctima la mujer al ser tratada como un simple objeto de placer.

Su trabajo, a medida que transcurrió el tiempo, se fue perfilando con características singulares como el empleo del collage. Tres años estaría Torres al frente del Centro Provincial de Artes Visuales de su provincia y posteriormente vendrían tres intensos años de experimentación, antes de llegar al estilo que hoy le distingue. En su cuadro Metamorfosis del 2014 se dan cita todos los estilos transitados hasta llegar al actual. El mayor interés, el ser humano en su ir y venir por la vida, en una paleta que recuerda a los fauves, las nuevas fieras, muy pop. Torres consigue adentrarse en estéticas cosmopolitas y desmarcarse del color local.

En sus exposiciones personales De Ravel al Benny y más, realizada en la Galería de Lajas en el Marco del Festival Internacional de Música Popular Benny More, en Cienfuegos y Los de atrás vienen conmigo, exhibida en la Galería Fayad Jamiz durante la 12ma Bienal de La Habana, en 2015 se asiste a la concreción de su discurso plástico. Ambas, tomando como punto de partida la música con los legados del Bárbaro del ritmo y de Josep Maurice Ravel, en el primer caso; y en el segundo, apelando a un tema de la popular agrupación puertorriqueña Calle 13, como parte de sus indagaciones acerca de la descendencia, manifiestan ya el carácter maduro de su poética.

¿Dónde está la música?, FM y Soy mi voz, fueron instalaciones realizadas como parte de la muestra De Ravel al Benny y más, y constituían objetos relacionados con el sonido que fueron refuncionalizados al ser intervenidos por el artista con pintura y añadirles otros propios de las artes visuales como los pinceles. Las tres, piezas resueltas sin grandes artificios y que no carecen de un acertado toque de humor.

Puede afirmarse que el período comprendido entre el 2004 y el 2013 fue de experimentación, de búsquedas y tanteos, en pos de llegar a un estilo que se desmarca de estéticas precedentes hasta arribar a una visualidad que es auténticamente suya y donde, por supuesto, el retrato tendría un papel protagónico. Estas exposiciones hacen evidente el punto de giro que se verifica en su obra toda en el minuto actual.

Primero, hay un cambio en los materiales, del inicio con papel craff con tiza, carboncillo y óleo a una presencia recurrente de la pintura de aceite, con una paleta de colores cálidos y cierto reciclaje de los códigos del pop. Segundo, el detenerse en las esencias humanas sería una constante, pero tratando de alejarse de localismos, en busca de liberar su discurso de un espacio específico, precisamente porque las acciones humanas acontecen una y otra vez en todos los rincones de la tierra, no importa bajo que cielo. No es una intención de no mirar críticamente el presente, sino de trascender la frontera geográfica para llevar la reflexión hacia lo universal ya que a veces el localismo también genera miles de vacíos y espacios comunes para el arte. Tercero, el fondo se hace completamente neutro y el protagonismo lo toma completamente el retratado. Por tanto, la obra gana en síntesis y el mensaje se hace más directo, al quedar desprovisto de otros elementos que pueden incitar a otro tipo de vocación narrativa.

Sin embargo, existe detrás de esos colores tan atractivos toda una psicología muy personal del artista: " La utilización de los colores amarillo, rojo, el azul y el empleo del negro es por el siguiente significado: el amarillo, es luz; el rojo, es la pasión con la que pinto y el inicio de algo; el negro, es como veo el espíritu y al mismo tiempo, es el color del universo que necesita ser iluminado, y remite a que todo tiene un fin. El azul, el color con que identifico los sentimientos".

Entra su producción dentro de una línea sociológica que tuvo gran fuerza durante los 80 y que ha mantenido dentro del patio varios cultores. Su trabajo contiene un alto grado de vocación etnográfica, solo que una etnografía hacia el interior de la conducta humana, de su saber y modos de actuar dentro del tejido social.

Es un proceso creativo donde los títulos tienen gran relevancia, ya que ayudan a los receptores a entrar en diálogo con la obra. Irving persigue conmocionar, generar un despertar, una transformación en la conducta o, al menos, un estado de conciencia. Tanto por parte de quien hace la acción como por quien es perjudicado por ella.

Irving Torres ha realizado más de diez exposiciones personales y más de 40 colectivas, participando en salones Provinciales, nacionales y eventos internacionales. Ha obtenido varios premios, menciones y reconocimientos. Dreams, lleva por título su futura exposición en su natal Cienfuegos, en el 2017, para abrir el año siendo objeto de ojos curiosos y de críticas, laudatorias o no, pero que siempre partirán del trabajo exhibido, y disfrutado por el público. Una oportunidad para nuevamente dejar sus cavilaciones al desnudo y quizás ser centro de nuevos apuntes. Hasta entonces, la invitación ya fue hecha.