Thelvia: otro ramalazo de la parca

Thelvia: otro ramalazo de la parca

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Escritores, poesía cubana, Periodismo
  • Thelvia y el autor de estas líneas.
    Thelvia y el autor de estas líneas.

  “Yo soy una pregunta sin respuesta”, dijo alguna vez en verso.

Imagínese usted. Si la mismísima Thelvia Marín (Sancti Spíritus, 1922–La Habana, 2016) no pudo concluir el inventario de sus paisajes interiores, ¿Qué esperar de la exploración emprendida por nosotros, ínfimos mortales que ni siquiera en sueños hemos acariciado la epidermis de la verdad?

Fue la mujer total. ¿Cómo retratarla? Mayúscula indagación es tal sondeo. ¿Hurgar en la escultora, quien en piedra grabó cánticos que andan por los 32 puntos de la rosa náutica? ¿en la combatiente clandestina, cuyo cuerpo aún cimbrea ante la simple mención de su jefe, el santiaguero angélico? ¿en la diplomática que mostró extramuros el digno rostro de los cubanos? ¿en la poetisa enfebrecida? ¿en la periodista, tan incisiva como esa mirada suya, capaz de taladrarnos hasta los tuétanos?

Aquella descendiente de isleños, nacida en la cintura de la Isla, hizo muy suyo el reto contenido en sus versos: “Ahí está el universo, / no es de nadie: / ¡llévatelo si puedes!”.

  Ahora se nos va y quedamos, desvalidos, musitando su poema:

Es demasiado el número de ausencia
para que mayo, abril o agosto
quieran dejarme sin septiembres.

De algún lugar lejano o próximo
surge el fantasma que les roba
las formas a mis células.
No es un morir,
diría:
más bien será la noche
que se quedó en suspenso.

Hierve el cristal
que habrá de ser la copa
donde pueda quizá beber
un adiós o el color de unos ojos.

Ella nunca estuvo muy convencida en cuanto a la existencia de un trasmundo. Tampoco lo está quien escribe estas líneas adoloridas. De todas maneras, se siente uno tentado a recordar Auld Lang Syne, la vieja canción escocesa que nos dice: “No es más que un hasta luego…”.

Y, quedarse esperando, hasta que volvamos a presenciar su adolecente risa de cubiche picarona.