Último número de La gaceta de Cuba

Último número de La gaceta de Cuba

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Escritores, La Gaceta de Cuba, Jesús David Curbelo, literatura cubana
  • Último número de La gaceta de Cuba correspondiente a 2016.
    Último número de La gaceta de Cuba correspondiente a 2016.

Este miércoles en nuestra sala Villena y con la concurrencia habitual para estos casos fue presentado el último número de La gaceta de Cuba correspondiente a 2016. Fue el destacado poeta, narrador, crítico y ensayista Jesús David Curbelo quien prologó el lanzamiento de esta revista cultural que se sitúa hoy día a la vanguardia de sus similares en la Isla.

Se trata de una publicación que se las arregla para hacer de sus números material de referencia, tanto por nómina de autores en cada entrega, como por sus asuntos de marcado interés.

No pierde tiempo La gaceta en la lisonja, el compromiso fútil ni en huir del tema que pudiera hoy parecer escabroso aunque más que nunca necesario. Y todo con tino, sin estridencias ni fanfarrias. Tal como ha de ser cuando de obra cultural se trata. La gaceta es un proyecto que actualiza, pone a tono y llena de vez en cuando vacíos artificiales. Una revista que acompaña a la UNEAC en sus afanes de servir a la nación.

Tras escuchar las palabras de Curbelo sobre esta entrega y tomar, de alguna manera mi orden de lectura, decidí empezar por los trabajos críticos de los autores menos conocidos (incorporación que también yo aplaudo) porque suele ser la crítica —el verdadero—  flaco eslabón en nuestros espacios de comunicación. Y alienta ver que jóvenes de 25 años comiencen a sentar cátedra en el ejercicio, precisamente en una revista como esta.

El dossier dedicado a Paradiso, esa obra (no me atrevo a decir novela pues estaría sólo constriñéndola a un género literario) que ha navegado en tiempo y espacio, delirante a veces, inmune a flagelaciones, salvada y salvadora e impenitente como un dolmen de carne, alma y hueso, da un peso especial a este número, sobre todo por el tercio táctico de lujo en la autoría repartida.

Otros trabajos que versan sobre las críticas de Borges en El Hogar; la pieza de Fabelo —la cual, por cierto, ilustra portada e interiores— la incidencia de la revista Social en la cultura cubana, cuecen el plato fuerte de manos de Enrique Sacerio-Garí, Rafael Acosta de Arriba y Olga García Yero, respectivamente.

Un interesante trabajo de Alfredo Prieto sobre el teatro Shanghai, estampa seguramente desconocida por muchos, devela una zona oscura de la escena cubana del siglo pasado.

Secciones habituales de ficción en narrativa y poesía, la entrevista, el obituario, completan la cuidadosa edición de esta revista que se espera cada bimestre y se agradece por siempre.