Un Caballito de Coral entre los pinos

A los 55 de la UNEAC

Un Caballito de Coral entre los pinos

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  • Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor
    Onelio Jorge Cardoso, el Cuentero Mayor

Era mi primer viaje a Topes de Collantes. A los sobresaltos que me provocaba la peligrosa carretera se añadían la inseguridad y la emoción de una filóloga recién devenida reportera que iba al encuentro de uno de sus escritores preferidos.

En el camino no abrí la boca y solo por momentos los ojos, para admirar el hermosísimo paisaje que se me iba descubriendo entre las curvas.

Comenzaba la década de los años 80, y por aquel entonces la UNEAC tenía en esas elevaciones de la geografía yayabera una casa de descanso para sus miembros de todo el país.

El Castillito la llamaban sin que resultara exagerado pues, más allá de lo poco pretenciosa de la construcción, la rodeaba una belleza natural digna de los cuentos de hadas.

Allí estaba en aquellos días Onelio Jorge Cardoso, recuperándose del estrés citadino, aunque siempre expuesto al asedio de la prensa local, carente de oportunidades como esta.

No me perdono no conservar la entrevista con quien hace ya treinta años no está entre nosotros. La inexperiencia, la mala calidad de los cassettes ORWO y el carácter efímero de la Radio hicieron lo suyo.

Sin embargo, guardo indeleble en la memoria mi encuentro con el Cuentero Mayor: su sencillez, la suavidad de la voz, su humor y la paciencia que me tuvo.

A la filóloga que por entonces aun me dominaba, le habló del modo intuitivo en que a veces él escribía. Como no hubo premeditación alguna de su parte al vestir de verde a Visia cuando partió llena de esperanzas; y de gris, cuando regresó vencida.

A la reportera de Radio Sancti Spíritus que yo comenzaba a ser, le contó de sus experiencias en ese medio. De cuanto le ayudaron después para lograr la síntesis imprescindible en una narración breve. Es todo lo que recuerdo.

Eso, y la magia de El Castillito, bajo cuyo balcón la voz de Onelio me hizo ver, entre las copas de un Mar Caribe de verdes pinos, cómo serpenteaba un caballito de coral.