Un calendario de veinte años poéticos: una década de poesía cubana (Parte I)

Un calendario de veinte años poéticos: una década de poesía cubana (Parte I)

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Una nueva antología: La isla de los peces blancos. Veinte años del Premio Calendario de Poesía llega como resultado del trabajo de Ediciones La Luz, un volumen que se agradece por los lectores cubanos, pues cuenta con una muestra del quehacer de los merecedores de este galardón. El libro fue una vieja aspiración del poeta Ray Faxas y la editora Margarita Mosquera, quienes quisieron compilar la poesía generada en esa primera década de existencia del premio, ese intento fallido, viene a realizarse otra década después, cuando el Premio celebra sus veinte aniversarios.

Como propuesta, La isla… es como una casa con las puertas abiertas, invitando para que los nuevos poetas lleguen cada año con sus versos y podamos seguir definiendo a Cuba como una isla de las palabras. En la introducción, Margarita Mosquera realiza un señalamiento interesante cuando revisamos la historia de este premio, cuando refiere de sus objetivos: “estimular la creación de los jóvenes valores, en momentos en que apenas existían opciones de publicación para ellos, ha permanecido fiel a su propósito original y nombres que hoy es imposible dejar de mencionar cuando se habla de literatura cubana, entregaron sus primeros legados a Calendario”.1

Estos criterios tienen clara una visión acerca del futuro de nuestra literatura con la inclusión de nombres, libros, poéticas… que aportan otra visión acerca del quehacer literario cubano. Mosquera hace referencia a elementos comunes como: “ha sido un espectro amplio de la literatura cubana más joven, encabezada por autores nacidos a partir de los años sesenta, que debe ser la generación que marque el futuro en todos los órdenes de la sociedad cubana e, incluso, está marcando el presente, sentando pautas, rompiendo códigos, escribiendo de otra manera temas de nuestra cotidianidad, de nuestro país que, por el arte de su pluma y su ingenio, son transformados en universales.” (p. 9)

Es Roberto Manzano, el encargado de prologar esta muestra poética. Como nos tiene acostumbrado el ensayista, realiza una profunda valoración de los autores y su obra, de las características y maneras de asumir el hecho poético. En sus palabras aborda la importancia de la isla para los poetas cubanos, tema que ya tuvo su antecedente con la publicación de La isla en versos: Cien poetas cubanos (Ediciones La Luz, 2011) donde se recogían cien bardos cantándole a la isla y al espacio insular.

Entre los incluidos, es Juan Carlos Valls, quien inaugura estas páginas como el primer ganador del Calendario en 1996 y justamente en sus primeros versos se lee:

esta es la gloria / lugar de quieta agua en la mañana / sitio para el reposo / donde turbios pájaros van a aquietar su alma / y consolar su hambre / herida por la farsa de estos tiempos

Un canto a la isla, marcado desde la descripción de espacio de nostalgias e idilios. Del mar que sondea en la arena, dejando su marca en los arrecifes, dejando una huella del desgaste, del tiempo. Un tema que sostiene José Felix León, cuando en el poema Los hermosos muertos que agitan el mar, escribe:

yo busco el rastro que dejan en la playa / su vanidad de grupo reducido agitando el mar

un sitio para mi cuerpo / que espera como un vaso guardando su flor seca.

En 1997, el premio lo mereció Javier Marimón y en su texto también está presente lo insular: 

En el puerto los hombres voceaban. / Yo no tuve a nadie que me despidiera, / pero sentía que todas esas voces se agolpaban por mí.

Un motivo recurrente en nuestra poesía, el viaje, las despedidas, el puerto y un viajero que llega o se despide. Tema que alcanza coronación en Dulce María Loynaz, cuando escribe ese fragmento acerca de la soledad: soy como el viajero que llega y no lo espera nadie.

En ese año también merecieron el premio Atilio Caballero, quien hace gala de síntesis al escribir:

Imagínate que eres un estanque / con peces que nadan hacia atrás / Ignorando el alcance del ojo.

Y René Hechavarría, y el tema del viaje encuentra otro instante de indagación: un pasajero olvidado en el andén. Esta triada componen otra hoja de este calendario, otra marca de agua.

Reynaldo García Blanco (premiado en 1998) le canta a El mar y Homero: Todo se mueve por amor:

Y también vi como la tempestad ha empujado verticalmente / un barco, con la palma de su mano, hacia el fondo del mar / y sobre la jangada sólo quedaba un hombre que no decía adiós / ni daba vivas.

En ese mismo año Antonio Armenteros, dibuja Siluetas, que:

El mar que lamía los cuerpos no responde, las playas hacia un / ultimo sendero languidecen. Era el rastro cierto hasta sus manos, / nuestras propias frases por los ojos.

Dentro de La isla de los peces blancos…, los autores también hacen gala de un recurso bastante común en la época contemporánea: la intertextualidad. De esta forma, Eduardo René Casanova, también merecedor del premio en 1998, le dedica su Conversación muy personal con la gloria a Juan Carlos Valls:

Siempre quise imaginar otros horizontes / donde la tristeza no impulsara / las almas hacia el negro horizonte.

Luis Manuel Pérez-Boitel, Alpidio Alonso e Israel Domínguez, fueron los acreedores del Calendario en 1999. Tres nombres que han sostenido una obra relevante en el panorama de la poesía cubana. Donde se insertan con sus cantos a la isla de los peces blancos y sus verdes fronteras.

En un fragmento del poema de Pérez-Boitel, nos recuerda un tanto al poemario Casa que no existía de Lina de Feria:

La huella que me conduce al polvo milenario / será que es fin de siglo / y la casa será otra casa

y el árbol / y las cosas que dejamos por azar en el olvido.

Mientras Alpidio realiza un homenaje a uno de los grandes poetas cubanos: Ángel Escobar.

Tus predilectos seres adversos. / Tus predilectos seres conversos / Tus predilectos seres dispersos.

Dispersos, conversos, adversos, / tus predilectos seres.

Mientras Domínguez pondera el viaje nuevamente:

Un barco anuncia su partida / Es la hora del regreso. / Llegar a un sitio es volver al mismo.

El viaje siempre ha estado en mí.

En el año 2000 otra tríada de autores fue coronado con el Calendario. Manelic Ferret, Edelmis Anoceto y Julio Mitjans, este último escribe:

También tenía un puerto, un esclavo de agua, / un ídolo, / una flor siempre escurridiza.

Michael H. Miranda, Liudmila Quincoses y George Riverón, lo obtuvieron en el 2001. Mientras al año siguiente lo recibieron Livio Conesa, Dolores Labarcena y Abel González Melo.

Y en el 2003 Leonardo Sarría, Mariela Pérez Castro & Filiberto González y Eduard Encina. Para el 2004, René Coyra, Herbert Toranzo; y en el año 2005: Isván Álvarez, Ian Rodríguez y Luis Yuseff, uno de los compiladores del volumen.

Con la obra de estos autores, premiados en la primera década de existencia del Premio Calendario, podemos hacernos una idea del quehacer poético en Cuba en la etapa de transición del siglo y milenio y cómo la obra de estos jóvenes autores dialoga con una tradición de la poesía cubana. La isla de los peces blancos… es como un catálogo de una exposición, hay diversidad de estilos, marcas, maneras de presentar un cuadro, sea desde un boceto hasta la obra terminada, o una instalación, o un performance. Todo esto hace la poesía.

Nota:

1 Colectivo de autores: La isla de los peces blancos. Veinte años del Premio Calendario de Poesía, p. 9.