Un Don Quijote único e irrepetible

90 Cumpleaños de Fidel Castro

Un Don Quijote único e irrepetible

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Escénicos, Ballet Nacional de Cuba, Fidel Castro
  • Don Quijote un regalo a Fidel por sus 90. Foto: Nancy Reyes
    Don Quijote un regalo a Fidel por sus 90. Foto: Nancy Reyes

Para cerrar con broche de oro las funciones de lujo dedicadas por el Ballet Nacional de Cuba (BNC) al cumpleaños 90 del Comandante Fidel Castro Ruz, la emblemática compañía llevó a las tablas de la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso, el ballet Don Quijote, un clásico de todas las épocas y todos los tiempos, para evocar las raíces hispánicas ancestrales del líder de la Revolución Cubana.

Esa gema de la danza universal, con coreografía de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, sobre la original del maestro Marius Petipa y la versión de Alexander Gorski, cuenta con la dirección artístico-coreográfica de las maîtres Marta García y María Elena Llorente, Premio Nacional de Danza, y la música del maestro Ludwig Minkus.

Los papeles protagónicos fueron interpretados por los primeros bailarines Anette Delgado, Viengsay Valdés, Sadaise Arencibia, Grettel Morejón y Dani Hernández, muy bien secundados por solistas e integrantes del cuerpo de baile, quienes se adaptaron —con la precisión y exactitud que los identifica— a las exigencias técnico-interpretativas y estilísticas de esa joya danzaria llevada al proscenio.

Don Quijote es un ballet complejo desde los puntos de vista técnico e interpretativo, diseñado para que los bailarines demuestren, ante todo, el dominio absoluto de esos recursos básicos indispensables que, según el maestro Fernando Alonso (1914-2013) deben intelectualizar y espiritualizar para alcanzar la categoría de verdaderos profesionales del arte de las puntas.

Esas legendarias figuras de una de las mejores agrupaciones del orbe no solo cumplieron al pie de la letra dicho requisito, sino también hicieron gala de una técnica académica impecable y de una depurada interpretación teatral (dos caras de la misma moneda), que conmocionaron las fibras sensibles del público y de los colegas de la prensa especializada que cubrían esas funciones estivales.

En esta ocasión, el personaje de Kitri, la hermosa, fue magistralmente desempeñado por V. Valdés, A. Delgado, S. Arencibia y G. Morejón, quienes le aportaron a la seductora moza energía vital y riqueza espiritual, según las características psicológicas que las individualiza en cualquier escenario nacional o foráneo y la concepción estética elaborada por cada una de ellas para calzar al personaje que encarnaran en ese contexto danzario y dramatúrgico.

La Kitri de esas excepcionales bailarinas, quienes se encuentran —¿quién lo duda?— en un momento culminante de su fecunda carrera artístico-profesional, es de una alegría que contagia, de una sensualidad que hechiza, porque tienen el don de la simpatía innata, y cuando ellas saltan y giran, lo hacen con tanta gracia y elegancia, que enardecen al auditorio más circunspecto.

Por otra parte, D. Hernández es —sin duda— un noble dancer, que interioriza e incorpora a su quehacer técnico-interpretativo las coordenadas psicológicas en que se mueve el personaje de Basilio (el barbero), a quien le presta pie y alma con gran seguridad yoica, hasta lograr —sin realizar el más mínimo esfuerzo— un equilibrio casi perfecto entre técnica académica e interpretación teatral, y además, lo enriquece con su vasta cosecha profesional y personal para espiritualizar al enamorado fígaro.

No creo que a nadie que haya asistido a esas funciones veraniegas pueda albergar la más mínima duda de que el Don Quijote del BNC deviene uno de los mejores regalos danzarios obsequiados a Fidel por el nonagésimo aniversario de su natalicio.