Un libro para personas un poco rebeldes, un poco inquietas

Un libro para personas un poco rebeldes, un poco inquietas

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Casa del Alba Cultural
  • Chavarría, Rafael Hernández y Rogelio Riverón durante la presentación. Fotos: Rubén Ricardo Infante
    Chavarría, Rafael Hernández y Rogelio Riverón durante la presentación. Fotos: Rubén Ricardo Infante
  • Esta nueva obra de Chavarría llamó la atención de muchos de sus lectores. Fotos: Rubén Ricardo Infante
    Esta nueva obra de Chavarría llamó la atención de muchos de sus lectores. Fotos: Rubén Ricardo Infante

A Daniel Chavarría lo conocemos por muchas cosas: por escribir para que se entienda, por señalarse escritor cubano nacido en Uruguay y, sobre todo, porque sus libros tienen la marca a fuego de la aventura. Ya sea en la Atenas de Pericles y Alcibíades, o en la escritura simultánea de los siglos XVII y XX, o en un concurso altamente remunerado, Chavarría nos involucra en la búsqueda de tesoros, joyas perdidas y vueltas a recuperar, la persecución, la resolución de enigmas, el montaje paralelo de vidas cuya relación escapa a las fronteras espacio-temporales, y en la piel de aventureros de todo tipo y nacionalidad.

Pareciera entonces que su libro sobre Raúl Sendic, revolucionario y guerrillero uruguayo, líder histórico del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, poco o nada tiene que ver con la misma pluma que creó las Viudas de Sangre, Adiós, Muchachos o Príapos. La impresión dura poco, sin embargo, cuando se sepa que la historia de Sendic padre, en el libro Yo soy Rufo y no me rindo, está repleta de aventurasy más compleja que la más enredada de las tramas de ficción.

Yo soy Rufo y no me rindo es un libro de liderazgo y clandestinidad, de errores y proezas, donde la historiografía va más allá de la exposición novelada para convertirse en un proceso de recuperación de quiénes somos en América Latina, un continente tan amenazado por la rapiña que incluso es necesario hablar de la memoria y el olvido como pérdida y sustitución. “Por eso escribí este libro para una juventud más o menos rebelde, más o menos inquieta, pero que es capaz de leer tratados políticos. A esa gente yo espero captarlos, en parte por la vía de la emoción”, explicó Daniel Chavarría durante la presentación del título en la Casa del Alba Cultural, de la Habana.

Con prólogo de Rafael Hernández, esta edición de Letras Cubanas trae a la isla un libro publicado desde el 2013 en Uruguay, pero que guarda con respecto al lector cubano una relación intrínseca de ser parte indirecta de una historia que engloba al movimiento guerrillero de los 60’ y 70’, desde Brasil hasta El Salvador, y la Colombia de nuestros días, y donde el propio proceso revolucionario en Cuba fue influencia determinante. No hay profusión de uruguayismos que desvirtúe este hecho subyacente. Por ello, según Rafael Hernández, es una obra importante no sólo para entender el pensamiento y la dimensión histórica de Sendic, sino también para entender lo que está pasando en la América Latina de hoy, y la América Latina que se avizora en futuro a mediano y largo plazo.

Yo soy el Rufo…es una historia de revolucionarios, pero no es una odisea revolucionaria. No se trata de personajes ideales que siempre tuvieran la razón o que siempre supieran lo que tenían que hacer, sino de personas reales con defectos, inmersos en historias reales, que lograban a pesar de eso convencer, crear, confundir al enemigo una y otra vez, y que dentro de la misma imperfección legaron un ser social y las raíces del cambio político en Uruguay.

Con una clara vocación apelativa, la más reciente obra de Daniel Chavarría registra acontecimientos y facetas del líder de los Tupamaros, que de otra manera no hubieran salido a la luz pública, porque vienen contadas de primera mano y de una construcción del hecho literario a partir de la búsqueda de lo vivencial y el testimonio. Indaga Chavarría en los recuerdos de sus propios familiares, vecinos colindantes de la familia Sendic, y los articula luego con la perspectiva más conocida de quien fuera procurador, guerrillero y político, pero sobre todo líder de la guerrilla urbana más famosa del siglo pasado en nuestro continente. El movimiento de los Tupamaros no fue una organización monolítica, irreprensibleniabsoluta, pero que sí posee, como Sendic, una memoria que merece ser contada y leída.

Chavarría trasluce y confiesa abiertamente su intención de reflejar a una figura que califica de “verdadero Quijote uruguayo”, y es coherente con ello cuando describe a un líder cuyas cualidades atentaban hasta contra sí mismo, tal y como la romántica concepción del héroe de Cervantes lo llevaba una y otra vez al fracaso, -si en términos duales de éxito y fracaso pudiera describirse al Quijote-. Aunque la obra roza la apología, aun así se muestra la valentía desmedida de Raúl Sendic, su afición al peligro y la búsqueda de un orden justiciero que atentaba contra su propia capacidad de mando. Queda plasmado así en la escena que da el título al libro, cuando Raúl se abalanza frente a la ametralladora y paga su arrojo con severas secuelas de heridas que le acompañaron el resto de su vida.

El interés fundamental es revelar a una figura prácticamente desconocida a pesar de su significación en América Latina, y cuya significación no está dada por la valentía, sino por la persistencia en la lucha.Emerge de Yo soy el Rufo…, el crecimiento de un personaje al que 13 años de prisión no le privan de sus inquietudes, ni el sufrimiento físico logra borrar las convicciones que le animaron progresivamente durante la creación y disolución del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Se trata, entonces, de una aventura complicada que logra comprometer al público lector con la trama, incluidos aquellos que no sean ni un poco rebeldes, ni siquiera un poco inquietos.