Un narrador innato, de pura cepa

A propósito del centenario de José Soler Puig

Un narrador innato, de pura cepa

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Escritores, José Soler Puig, narrativa cubana
  • Su Bertillón 166 fue sin dudas una obra cardinal de la novelística en la época revolucionaria.
    Su Bertillón 166 fue sin dudas una obra cardinal de la novelística en la época revolucionaria.

Tuve la suerte de conocerlo personalmente, sentado frente a nosotros los del Taller Literario Heredia, con el profesor Repilado a su diestra en clase magistral de su oficio narrativo. Con el cigarro pertinaz, Soler le escuchaba y parecía que se asombraba de los hallazgos que aquel hacía en su obra.

Después, en varias ocasiones cambié palabras con él y con su hijo Rafael, el de “la noche de fósforos”. Los jóvenes gozábamos con su presencia de patriarca. Algunos con más suerte, denuedo o privilegio, frecuentaron su altar en el Reparto Sueño. No pocos de aquellos visitantes asiduos luego se convirtieron en importantes escritores del país.

Se cuenta que de joven transcribió a lápiz la magna obra de Cervantes y que se propuso alguna vez escribir un cuento diario. Era un creador con una voluntad indoblegable. Más de una docena de novelas radiales, alguna que otra después convertida en libro, fueron transmitidas en el país.

Su Bertillón 166 fue sin dudas una obra cardinal de la novelística en la época revolucionaria, traducida a más de treinta y cinco idiomas y adaptada a diversos medios audiovisuales. Una novela que narra el Santiago de Cuba convulso de finales de los cincuenta en plena dictadura batistiana.

Sin embargo, como algunos certeros críticos apuntan, suele verse esta novela como el clímax de su narrativa, incluso llegó a ser estereotipada por algunos, lo que ha hecho que otras de sus obras no hayan sido suficientemente estudiadas ni leídas a pesar de que en ellas Soler alcanza aún mayor maestría literaria.

A Soler Puig la nación le debe mucho más. Fue un pilar en el arte de testimoniar, ficción mediante, años duros de la patria —sobre todo de su Santiago— gente real que hizo posible lo que hoy somos y que él dibujó magistralmente en sus novelas. Y a los jóvenes de hoy, a veces más dispuestos a beber de otras influencias —sin dudas necesarias— que de las propias, les debemos las nuevas revisitaciones de la obra soleriana.