Una estación con nombre de país

Una estación con nombre de país

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performance, artes plásticas
  • Muestra colectiva Estación Cuba. Foto de la autora
    Muestra colectiva Estación Cuba. Foto de la autora
  • Muestra colectiva Estación Cuba. Foto de la autora
    Muestra colectiva Estación Cuba. Foto de la autora

Un tren de subterfugios y metáforas visuales, así se presentaba en las palabras al catálogo la exposición Estación Cuba, colectiva de trece artistas provenientes de ocho provincias del país, realizada en la sala Polivalente del Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño. La muestra se propuso el desafío de visibilizar a creadores que no siempre tienen la oportunidad de quebrar el fatalismo geográfico de vivir en la periferia. A la vez, se buscaba una perspectiva de país en la reinterpretación de la vivencia de la ciudad a lo largo de tres períodos: los 60’, época de fervor y épica; los 80’, testamento de la emigración; y la porosidad de la experiencia contemporánea.

El performance abrió el flashback a través de la Isla, la ciudad y sus gentes. La música compuesta por el dj productor Jamnael Casanova, ofreció una introducción a los 60’ y su euforia manifestada en la clave elegida, y el tránsito a los 80’ con un canto de Lázaro Ross a Yameyá -como alusión a la emigración-, para cerrar con una sesión que tomaba también de los estilos contemporáneos a la usanza de las fiestas de música electrónica de Ibiza. La coreografía danzaria de Tania Mesa llevó al público de la planta baja a los salones, ofreciendo la trayectoria histórica desde la utopía hasta el choque con las barreras contemporáneas. El material fotográfico iniciaba en imágenes populares de Liborio y Korda, para continuar con conquistas como el viaje a la luna de Armando Tamayo, y concluir en diversas vistas de espacios, turistas, pobladores y emprendimientos de negocios que marcan la actualidad. La compilación fue hecha por  Abiney Barrios.

Las obras bidimensionales se apoyaron en esta tesis y presentaron una serie de personajes populares, espacios citadinos, estados emocionales y soluciones dentro de las situaciones que impone la vivencia cotidiana. Carlos René Aguilera ilustraba el caminar por la ciudad, la aventura constante que lo conducía a espacios de sosiego, duda o espera. Ariel Broche y Yasiel Elizagaray se centraron en personajes populares. Elizagaray desde la cita de la historia del arte con una vis humorística en su cuadro Saturno devorando una vaca, y también haciendo alusión a la posibilidad que existe ahora de vender las casas. Broche, se mostró más centrado en la importancia de los valores cuando hay tanto en subasta. Manuel Vidal (Manolo) se unía a Agustín Rebull en las reflexiones sobre la emigración como fenómeno social.

La aproximación de Yeremy Guerra fue desde la memoria de su natal Manzanillo, como espacio olvidado al ya no ostentar el esplendor de antaño. Por su parte, Sergio Marrero en su serie Cronotopo experimentaba la ciudad, pero desde el propio tiempo que demoraba en hacer el cuadro. La vivencia, en este caso, constituía tiempo y energía acumulada en la obra que se presentaba.  Henry Crespo cerraba la sala con dos lienzos que figuraban las típicas cajas de envasar que vemos en almacenes, en parrillas de bicicletas o mercados. El objeto representado aludía directamente a todo el movimiento de productos, así como se situaba en el centro mismo del día a día, de la dinámica social.

Daniel Madruga realizó piezas en dibujo de acuerdo con su teoría de la semántica social, o sea, el discursar de problemáticas sociales, pero desde el uso de diferentes animales; y Discurso fue una de las piezas más polémicas al mostrar plumas doradas que siguen una espiral sin fin, como el falso poder que surge de la simulación del color. Yoxi Velázquez, mediante el fotoperformance, presentó una pieza creada durante la intervención Ciudad Generosa, al ser en el marco de la ciudad su cuerpo atrapado por el entorno, al estar bajo un círculo de cristal como parte de la serie Sueños inconclusos.

Estación Cuba, como ensayo visual, propuso un replanteamiento de la ciudad y procesos sociales sin obviar el valor de la memoria histórica vista desde el arte. Desde este punto de vista, la muestra contenía también parte de la memoria individual de cada artista ampliada hacia la colectividad. En momentos donde se hace compleja la visibilidad de poéticas de la periferia, la exposición aporta otros nombres al consumo visual del circuito habanero. A fin de cuentas, esta Estación…estaba abierta a la narratividad y a la dualidad de la metáfora, siempre que los discursos respondieran a la máxima central: repensar la ínsula, desde la cita de la propia historia del arte o valiéndose de la sutileza y connotación de objetos tan simples como unas cajitas de envasar.