Una visión italiana de Cuba

Una visión italiana de Cuba

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UNEAC, Holguín, artes plásticas
  • La fotógrafa Clarissa Collenzi en la inauguración de Una visión italiana de Cuba en la UNEAC en Holguín. Foto: Carlos Rafael)
    La fotógrafa Clarissa Collenzi en la inauguración de Una visión italiana de Cuba en la UNEAC en Holguín. Foto: Carlos Rafael)

Decía Alejo Carpentier en el ahora lejano 1940 que “La Habana es la ciudad de lo inacabado, de lo cojo, de lo asimétrico, de lo abandonado”. Añadía Carpentier en su artículo “El amor a la ciudad. La Habana, ciudad sin terminar” que, aunque no lo notemos, “transcurre el tiempo y nos habituamos a tropezar con los mismos terrenos cercados por las mismas vallas; con las mismas casas a medio construir, con las mismas aceras hundidas en torno a una placa de alcantarilla mohosa…”[1]

En estos fragmentos inacabamos y asimétricos –no solo habaneros sino cubanos en sentido general– de los que hablaba Carpentier, toma inspiración la fotógrafa Clarissa Collenzi para conformar su muestra Una visión italiana de Cuba/Una visione italiana di Cuba que se exhibe actualmente la pequeña galería Fausto Cristo de la sede provincial de la UNEAC en Holguín.

En la visión asimétrica de Clarissa, artista italiana residente en México, hay algo que recuerda las consideraciones de la filósofa española María Zambrano, algo distinto que se observa, además, en sus fotografías donde la luz, no cualquier luz, sino la del trópico, esa que derrite Cuba en determinados meses de año, preside la acción: ella ve en las ruinas, en el deterioro, no la destrucción, la ausencia y el vacío de sentido, sino todo lo contrario: lo que hay en estas de sobreabundancia y plenitud: “Las ruinas [hacen] alusión a algo muy íntimo de nuestra vida. Son el abatimiento de esa acción que define al hombre entre todas: edificar. Edificar, haciendo historia. Es decir, una doble edificación: arquitectónica e histórica”, asegura Zambrano en uno de sus textos. [2]

Este edificar de María Zambrano, presente en la muestra de Clarissa Collenzi, no solo tiene un sentido utilitario: es también la expresión de una naciente composición entre lo exterior que está asociado con la luz y lo interior (no visible pero presente en las obras) que es intimidad, refugio del verdadero existir...

Podrían clasificarse las fotografías de Clarissa Collenzi en dos partes: la mayor de ella, la más amplia, dedicada a las construcciones y sus enigmáticas ruinas, señales de innegable deterioro y asidero de belleza; y otras enfocadas hacia los viejos automóviles que todavía desandan las calles habaneras o de otras ciudades del país, y sus diferentes partes…

Las fachadas captadas por el lente de Clarissa muestran esa asimetría (sinónimo de juventud) de la que hablaba Rene Chard; estructuras roídas por el tiempo y el abandono, pero al mismo tiempo hermosos símbolos del pasado; mosaicos artesanales creados por la inventiva humana; balcones desvencijados con las típicas sábanas colgando; vitrales coloniales en diversos tonos de azules; columnas oxidadas, mohosas, roídas; adoquines gastados por el paso del tiempo y los transeúntes; viejas columnas; baldosas con motivos florales y geométricos; rejas igualmente oxidadas; fragmentos de fortificaciones… Incluso, lo que parecen ser vegas con hojas de tabaco secándose; las extrañas formas de los troncos y raíces de algún árbol; un atardecer…

Es en las fotografías a viejos automóviles donde la luz se agudiza y digamos “tropicaliza” en cierto sentido, como símbolo de lo caribeño, en las fotografías de Clarissa: partes de la carrocería, focos, llantas, ruedas, puertas de viejos autos, como un Buick Special de 1956… hacen que lo metálico (en su contraste de luces) se refleje y agudice en la pintura de estos antiguos autos casi de colección…

El ojo de Clarissa es milimétrico, detallista… No le interesa fotografiar automóviles o construcciones en pose de turista asombrada; busca, en cambio, el encuadre del elemento en la composición: no los objetos en sí, sino los fragmentos, las resonancias de esas pequeñas figuraciones insulares…

Clarissa Collenzi es graduada de Nivel Superior en el Liceo Artístico de Bologna y se dedica, actualmente, a la fotografía profesional y la restauración fotográfica. La crítica mexicana la ha definido como una artista que transmite sensaciones sobre la dinámica de la vida, apelando a las visiones sorprendentes de la naturaleza. Desde su primera participación en la exposición colectiva Arte en Vidrio, en el Centro de Arte Vitro, VIII Salón de Artes Plásticas hasta la última, Mujeres, ExpoTour 2013, en el Museo Metropolitano, Monterrey, Nuevo León, ha participado en varios proyectos personales y colectivos en México, entre los que destacan la exposición itinerante Artistas italianos en México, en las ciudades mexicanas de Monterrey, Nuevo León, Chihuahua, Aguascalientes, Guadalajara y Guanajuato; Artists & Runners for Human Rights, Monterrey, Nuevo León, y A dos manos, México D.F., entre otros. Es miembro, además, de la Asociación Nacional de Fotógrafos Profesionales, miembro del Consejo Editor del periódico El Norte/Reforma por la Sección Cultural y miembro del Comité Directivo del Consejo Cultural de Nuevo León, en México. 

Notas:

[1] Alejo Carpentier (1996): Crónicas del regreso. La Habana: Editorial Letras Cubanas, p. 28-32.

[2] María Zambrano (2011): Obras completas. Edición Jesús Moreno. Barcelona: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, p. 245.