UNIÓN de la literatura y el arte

UNIÓN de la literatura y el arte

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Escritores, revista UNIÓN, Laidi Fernández de Juan, UNEAC, Eduardo Heras León

Si fuéramos (que no somos) cultivadores de lo que se ha dado en llamar “Cultura geek”, que no es más que el resultado de la fascinación desmedida por la tecnología moderna, hasta el punto de ver cuanto ocurre como un inmenso e inacabado videojuego, pensaríamos que estamos ante una Revista Rompecabezas, un crucipalabrastemático, un acróstico literario bien engranado. Tal apreciación se podría justificar por el hecho de que tanto los muestrarios de poesía como de ensayo y de la narrativa que aparecen aquí, se relacionan unos con otros como prolongaciones de una misma línea de pensamiento. La idea de la concatenación que se percibe al leer este número pareció tambalearse por un solo artículo, justo a mitad de revista, donde además de una aparente ruptura con el resto de los textos, el diseño interior adquiere el repentino erotismo que proporcionan varios desnudos de mujer. Es posible que el pintor Orestes Castro, autor del diseño de este número 86 de UNIÓN no haya sospechado que dichos dibujos irían a parar a las páginas 54 y 57, acompañando al crítico de arte Roberto Medina en el ensayo “Una propuesta interpretativa de IDENTIDAD MENOS 1”, donde analiza la coreografía creada por George Céspedes para Danza Contemporánea de Cuba. Pero lejos de resultar anacrónico este trabajo en medio de propuestas puramente literarias, encaja perfectamente con la idea geek de un juego. Cito al crítico: “las matemáticas y en general las ciencias se caracterizan por formular preguntas en principio inverosímiles”, sentencia traída a colación por el curioso dato de que dicho coreógrafo utiliza en varias de sus creaciones términos matemáticos, como su anterior trabajo “Ecuación”, lo que sería altamente satisfactorio para cibernéticos y programadores, habituales geeks. Veamos los componentes de esta fórmula revistera.

La poesía, ya se sabe, reino autónomo, aparece aquí en su forma más pura, más literal, a través de “Las bibliotecas inundadas”, de Reynaldo García Blanco, dedicado a Teresa Melo y a León Estrada, poema que cuestiona el destino de los libros, y de algunos versos extraídos de “Península de Hicacos”, escritos por Ángela de Mela, autora que cuatro páginas antes es analizada por el ensayista e investigador Enrique Saínz. En enero de 2014, fue precisamente Enrique quien presentó este poemario en el centro Dulce María Loynaz, de modo que quién mejor para advertirnos que “este cuaderno es más que un ejercicio de retórica o de construcción verbal porque percibimos una búsqueda que está implícita en las visiones de lo que se nos dice”. Con poetas continúa el acople de esta revista: Lina de Feria, ganadora del primer Premio David de poesía convocado en 1967, con su libro “Casa que no existía” y al decir de Juan Nicolás Padrón en su crítica “La angustia de las contradicciones”, autora cuya obra es una constelación de otro universo, puede ser recorrida en tanto creadora, desde los finales de los sesenta hasta “Los poemas del alquimia”, aparecidos en 2013. El holguinero Delfín Prats, ganador del David de Poesía un año después de Lina y otro poeta venerado por las jóvenes generaciones sobre todo, al igual que Lina, es justamente enaltecido por su coterráneo Ronel González Sánchez, quien no duda al afirmar que estamos en presencia de “uno de los poetas menos estudiados”, “alguien que hasta 1987 había sido un transterrado en Holguín, un desertor de la bohemia capitalina incapacitado para la frivolidad del casi inexistente coro tertuliante provinciano”. Es Prats, según Ronel, (y estamos de acuerdo) “un poeta intenso y meticuloso, dueño de la palabra y su connotada polisemia”. Y si de grandes y exquisitos poetas se trata, la figura imprescindible del guadalupano Saint John Perse, Premio Nobel de Literatura en 1960, no puede faltar. A 40 años de su muerte, el crítico de arte y ensayista Jorge Bermúdez le rinde tributo en el ensayo “El amor cubano de Saint John Perse”. La figura de Rosalía, sobrina de la conocida benefactora Marta Abreu, y a quien el poeta llamara Liu e inmortalizara en el conocido “Poema a la extranjera” de 1942, destaca por su desafío ante las rigideces sociales de la época. Una mujer osada se nos presenta, como también lo fue, sin discusión posible, otra cubana raigal que hubo de enfrentar más de una oposición: Gertrudis Gómez de Avellaneda. La Doctora en Ciencias Filológicas Elina Miranda, a través de “Doña Safo y Doña Tula”, trabajo ensayístico de alto vuelo, permite el acercamiento a definiciones académicas que mucho aportan al conocimiento no solo de la entrañable Tula, sino de todo el contexto de su gran obra. Safo, el mote escogido por los detractores de Avellaneda para burlarse de sus deseos de ingresar a la Real Academia Española, fue también el preferido de quienes deseaban congratular a la gran escritora. Así, la poetisa griega del siglo VI a.n.e encontró una resonancia hasta entonces desconocida en las letras hispánicas. Mirta Yáñez, nuestra querida e incansable batalladora, despliega (una vez más) sus habilidades ensayísticas y defensoras de la mujer en el trabajo “El personaje femenino en el romanticismo latinoamericano”, donde además de arremeter con subtítulos elocuentes como “De ángel del hogar a bruja transgresora”, “Los hombres proponen y en cuanto a la literatura romántica… también disponen” y “Las mujeres románticas toman la palabra, la poca que le dan”, reverencia a la Avellaneda, situándola como “la más grande de las escritoras que plantaron cara a muchos de los estereotipos del romanticismo, con los prejuicios de raza y clase”. Como vemos, Elina reverencia a Gertrudis, y otro tanto hace Mirta, elogiada a su vez por otra gran profesora, ensayista y narradora: Margarita Mateo. En sus palabras de recibimiento a Yáñez a la Academia Cubana de la Lengua, Maggie destaca la versatilidad creativa de la recién ocupante de la letra “r”, que va desde la poesía a la novela, de la literatura infantil al ensayo, del testimonio al cuento. Mateo Palmer es elogiada a continuación y con total justeza por Daniel Díaz Mantilla en el trabajo “Escribir en crisis: Margarita Mateo entre el ensayo y la ficción”. Con rotundo conocimiento, Díaz Mantilla expone la hibridez genérica, la trasgresión de los límites del ensayo, su simbiosis con otros géneros, y la recurrencia de temas de la cultura del Caribe como principales características de la obra de Maggie, para lo cual señala como ejemplos el paralelismo entre el ensayo “Ella escribía poscrítica” y la novela “Desde los blancos manicomios” y “Narrativa caribeña: reflexiones y pronósticos”, entre otros títulos. Ya entrados en el puro terreno de la narrativa, nos topamos con dos cuentos: “El engranaje”, del dramaturgo David Camps y “El cuerpo en la percha”, del angolano José Eduardo Agualusa, traducido por Bertha Hernández López. En ambas narraciones, no faltaba más para este juego literario, existen puntos comunes. El primero describe el diálogo de Jesús Cristo con dos de sus nietos, Simón y Pedro. Humor incluido, Jesús demuestra el tronco común de todas las religiones a través de la sapiencia que corresponde a sus 105 años de edad. O sea, Jesús nos habla 72 años después de haber sido crucificado, dictando el modo en que debe procederse luego de su muerte natural. El cuento angolano, por su parte, contiene alta dosis de religiosidad al abordar de forma mística la relación espiritual que se establece entre un hombre y una mujer antes y después del coito. La interrogante femenina de ¿Entre mi cuerpo y mi alma qué escogerías? vaga sin respuesta en las líneas de esta intensa narración.

Así las cosas, como decía un comentarista de la televisión, llegamos al Dossier de UNIÓN, dedicado a un querido narrador, editor, periodista y profesor, porque sucede que esta revista, fundada hace 53 años, hoy rinde homenaje al Premio Nacional de Literatura Eduardo Heras León, con una editorial y varios textos. Cuando se haga la historia de los procedimientos que se llevaron a cabo en aras de otorgar el Premio Nacional de Literatura en 2014, tendrá que consultarse este número, donde se recogen los argumentos esgrimidos por Ambrosio Fornet para su propuesta (ver su “Fundamentación” al inicio de la revista), y las palabras que le dedicara a Eduardo su ex alumna Dazra Novak, leídas con inocultable emoción en febrero de este año 2015, en el acto de Premiación en la sala Nicolás Guillén de San Carlos de la Cabaña. Asimismo, bajo el título “Una promesa, un premio: un sueño compartido”, forma parte del dossier el texto de agradecimiento de Heras León, una suerte de testamento y de herencia literaria y personal que el laureado también compartió con el público presente en la ceremonia y con sus familiares ausentes. Una narración del Chino, “La visita” y su Evocación y homenaje a Josefina Méndezcon motivo de la muerte de la gran bailarina coronan —si acaso fuera necesario—, la dulce manera que escoge este maestro para enseñarnos que la literatura, más que una herramienta, es un sueño delicado y sedoso que debemos proteger, aunque esto resulte paradójico en el exponente iniciático de la llamada narrativa de la violencia. Por último, llegamos a la editorial de UNIÓN. O sea, hemos realizado un recorrido inverso al leer esta revista o mejor aún, un camino azaroso, de saltimbanqui, como si fuéramos damas chinas, porque no hay que ser geek para darse cuenta de que al menos en esta entrega, todo encaja, todo confluye. Como un rompecabezas, un crucigrama, un acróstico. Un juego instructivo de los buenos, digamos. Invitamos al público a la lectura de la revista, y agradecemos la atención prestada.

Número 86 de la revista UNIÓN.

Muchas Gracias.

Septiembre 22, 2015.