Venecia o andar La Habana en góndola

Venecia o andar La Habana en góndola

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cine, Radio y Televisión, Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, Venecia, Enrique Álvarez Martínez
  • Cartel promocional de la película.
    Cartel promocional de la película.

Venecia, del realizador audiovisual Enrique Álvarez Martínez, es el título del largometraje incluido en el programa de  la 37 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano.

El elenco actoral de ese filme está integrado por Claudia Muñiz, Marianela Pupo y Maribel García, quienes —con desenfado, pero con profesionalidad— desempeñan los papeles protagónicos en ese filme, que evoca en el espectador de la tercera edad el free cinema de los años 50 y 60 de la pasada centuria.    

El argumento gira alrededor de tres chicas que trabajan en una peluquería; y cuando devengan su primer salario, deciden emprender un recorrido por la Ciudad de las Columnas para alejarse un poco de la rutina diaria.

Esas tres mujeres, sin sospecharlo siquiera, comienzan un periplo que, entre ingenuidades y pícaras maldades, las llevará de peripecia en peripecia, hasta convertirse en algo tan impredecible como pudiera resultar cualquier destino, que genere una sensación similar al agridulce sabor de lo desconocido, que —en tan creciente medida— estimula la curiosidad de los seres humanos.

Por otra parte, la cinta pudo caer en un costumbrismo a ultranza, mediatizado por el cubaneo que la caracteriza, en parte, a la cinematografía caribeña contemporánea, para reflejar —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— los problemas y situaciones que enfrentamos quienes vivimos, amamos, creamos y soñamos en la perla de las Antillas.

Ahora bien, Álvarez Martínez no solo destaca las características psicológicas y espirituales en que se estructura la personalidad de la mujer cubana, sino que —como el águila— decide levantar vuelo hacia la cima de la montaña, o sea, va mucho más allá de lo convencional y reiterativo. Por ende, le confiere una huella de universalidad a esa historia chispeante y picante (incluida una relación heterosexual, donde solo prevalece el deseo puramente carnal).

Y lo logra de una manera tan convincente, que al cinéfilo le cuesta trabajo identificar físicamente a esa Habana nocturna que, en la búsqueda de emociones fuertes, pudiera ser comparada con cualquier otra urbe del planeta.      

En Venecia, se percibe —con meridiana claridad— el medio social que nos circunda y desborda el set cinematográfico, el ha­bla popular que se integra al conflicto en función de una mayor credibilidad y una crueldad que flota en el aire como para que se tenga conciencia de que no se viven tiempos de hadas ni de prin­cesas encantadas.

Con apoyo en esos postulados conceptuales y teórico-metodológicos, el laureado creador, les entrega a los amantes del séptimo arte la que quizás sea su producción intelectual y espiritual más au­téntica…, pero no la mejor.

No hay guión predeterminado en esa película en lo que a diálogos se refiere, pero sí una idea rectora, que signa la historia y la dramaturgia, sustentadas —en buena me­dida— en el tono que les imprimen las tres actrices.

Conversaciones que surgen de improviso y se desenvuelven con natural soltura. Con la ayuda del lenguaje dramatúrgico (tanto verbal, como gestual), el auditorio va conociendo lo suficiente de las protagonistas de ese alocado relato audiovisual, aunque la información ofrecida al público se dosifica de forma tal, que torna difícil —por no decir imposible— descubrir los “misterios” que le son inherentes al sexo femenino.  

Ansiedades, angustias, depresiones, frustraciones, sueños al parecer irrealizables, verdades ocultas, todo ello flu­ye y refluye como las olas del mar, proveniente de las situaciones en que esas tres mujeres se ven involucradas.

Es risible la angustia provocada en ellas por el deseo de navegar algún día por los canales de la ciudad italiana de Venecia, como símbolo de lo inalcanzable para tres jóvenes muy simples que, sin embargo, y ha­cia la coda, se propondrán convertir la romántica ciudad en una esperanza alcanzable (¿Por qué no, si el sol sale para todos?).

En opinión de este cronista, el único señalamiento crítico imputable a ese largometraje, que incita a la sonrisa, así como a la reflexión serena y profunda, es el abuso que se hace de las palabras malsonantes, las cuales no se justifican para nada en el guión ni en el contexto en que proliferan y crecen silvestres…, como el marabú.

Por último, en el tratamiento crítico que suele dárseles a los temas desarrollados por el cine cubano actual, Venecia deviene una forma sui generis de adoptar el desafío que implica, necesariamente, llevar a la praxis audiovisual tan compleja línea de trabajo estético-artística.