VERANO SIN ATEMPERAR

Televisión Cubana

VERANO SIN ATEMPERAR

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televisión verano, programación coordinada, retroalimentación
  • Análisis crítico de la programación de verano. Foto Internet
    Análisis crítico de la programación de verano. Foto Internet

Un doble papel (más allá de lo que le compete todo el año) se requiere de la televisión durante el verano: no solamente los estudiantes de todos los niveles deben disfrutar lo más posible sus merecidas y necesarias vacaciones, sino también casi todos los que trabajan en esas instituciones y mucho más allá, sus padres y familiares que laboran en cualquier otro tipo de institución de todo sector.

Lo que no permite olvidar que la gran mayoría de los sectores e instituciones, no se pueden dar el lujo de cerrar en ningún periodo: mientras unos están de vacaciones otros deben mantener el trabajo: la salud pública, la policía, la prensa, los comercios, la gastronomía y otros servicios; es un periodo donde los artistas suelen trabajar más, justo para satisfacer tales y tantas necesidades.

Por otra parte, los problemas ambientales cada vez más álgidos, y en particular los calores agobiantes, el sol que llega a dañar, los eventos atmosféricos, buscan en la televisión dada su masividad e inmediatez hogareña, bases protagónicas para la resiliencia que nos permita al menos, atemperarlos y sobrevivir; deviene solución idónea frente a las dificultades de toda suerte para enfrentar cualquier salida a la calle sea con el objetivo que sea: recreativas, las compras cotidianas, visitas, salud, etcétera; dificultades económicas, de transporte, roce con todo tipo de personas incluida la agresividad por esos mismos problemas y los de cada individuo, empeorado todo por el calor… ¿se han cumplido estas funciones? Aun reconociendo cuando sí se ha logrado, predomina la hipótesis que no, y aún más: se demuestra que hay condiciones objetivas para cumplirlas pero mal empleadas, mal distribuidas y programadas, sabotean tan importante misión.

Ya el 22 de julio (aún no llegaba a la mitad el período estival) publiqué en este mismo sitio un artículo titulado “Parrilla en candela”, que valoraba puntualmente la situación hasta entonces; argumentos que claro está, no repetiré ahora. Confieso que son varios los motivos por los que ansiaba la “programación normal”, si bien la desinformación sigue siendo, lamentablemente, la norma. Por lo pronto no parece continuar “Nocturno”, tal vez la más acertada y orgánica forma de radio en televisión, al aportar lo que la radio no podía: disfrutar el espectáculo que no se veía tras aquellas canciones; fue uno de los aportes de la “Tv de verano” (heredado: no es nuevo), que sin embargo, se frustraba al tener que optar frente a “De La Gran Escena”, de la que por ello perdí momentos sublimes, tal vez irrepetibles; a pesar del señalamiento, así continuó todo el verano. Sabemos que un cambio en una programación (aunque sea mal) coordinada, no es nada fácil; aunque se improvisan cambios.

Cualquier otra noche en ese mismo horario (el que debe ser, desde la radio) la opción en este u otros canales era más justa, en dependencia de cada gusto y de cada necesidad cultural, pues son necesidades; por el mismo motivo por el que sería inconcebible imponer al público la disyuntiva en dos canales distintos a la misma hora, entre “Historia del cine” o “De cierta manera”; o entre “De Nuestra América”, “Solo la verdad” y “La séptima puerta”, lo que ya dependería de cada película anunciada (y que el anuncio sea cumplido, por supuesto); “Piso 6” y “Lucas”, o “Entre tú y yo” y “De tarde en casa” (aun cuando el primero se dirija al ambiente televisual, no dejaría de ser una opción que desgarre a muchos), o entre “23 y M” y “Entre amigos”; cada momento debe brindar opciones para todos, para elegir según gustos y no para excluir por coincidir.

Alguna que otra vez que quedé trabajando hasta la madrugada con la televisión al lado “por si acaso”, descubrí películas que muy bien pudieran sustituir a no pocas de las noches sabatinas que no por más patadas y piñazos ni más carros explotando, evitan la modorra, salvo excepciones loables a las que alguna vez he referido en este sitio; por solo citar un ejemplo, la alemana “Schwarz y McMurphy”, sin ser joya ni obra de arte, pero sí se agradecería mucho más una noche de sábado, con todos los requisitos sobrados para ello; o comedias estelares que jamás han pasado la noche del domingo donde sí han exhibido sus secuelas y repiten otras, pero sin la continuidad que se debiera esperar y que luego, ni la recomendable y sana expectativa dejan.

Del Centro de Investigaciones de la Radio y la Televisión (Cirt) se esperan resultados a tener en cuenta para una programación que reitero, no es solo programas más o menos gustados, mejor ni peor hechos, de mayor o menor alcance, sino bien ubicados en hora y en coordinación entre los canales, que aumenten las opciones lejos de contraponerlas entre sí. Es una fuente, que como toda fuente, debe tomarse de manera crítica, además de que dista mucho de ser la única: otras entidades han asumido total o parcialmente los gustos y preferencias (ahora llaman consumo cultural, igualmente polemizado) que yo prefiero atender como necesidades y demandas culturales: toda demanda deviene necesidad aunque sea ficticia, y muchas necesidades (incluso urgencias) suelen no ser demandadas. A ello se han dedicado el Instituto Cubano de Investigaciones de la Cultura “Juan Marinello”, algunas facultades universitarias, el Centro de Estudios de la Juventud y otros, que el Cirt deberían rastrear para su fundamental retroalimentación, a incluir todos los correos y llamadas telefónicas con inconformidades y sugerencias que a diario se reciben incluso en cada programa, y al respecto de lo cual publiqué en este mismo sitio “Crítica popular: retroalimentación necesaria”, el 1 de noviembre de 2017; entre otros a incluir, como este mismo sitio de la Uneac…¿lo leerán los decisores?

Como las estaciones siempre son procesos continuos, sin embargo nuestra televisión transita al otoño pero preocupa que se mantengan infortunios, y por puro azar descubrí ya casi culminando tan emblemática zarzuela, que “Un palco en la ópera” transmitía en dos partes “Los gavilanes”, aquella que tradicionalmente formó generaciones de cubanos y durante muchos años no se ha repuesto por nuestro teatro lírico, por lo que era un hito al que no le dieron la promoción debida y muchos perdimos, uno de los espacios que no se repite, ni tiene sentido repetirlo sin promoverlo; en el Teleavances del sábado 7, solo salió una escena anunciando su segunda parte con el nombre del programa, pero no de la zarzuela, solo reconocible para los que nos educamos en ella hace décadas. También merecía mejor promoción el cambio de horario que tendría la serie “Titanic, sangre y acero”, sin lo cual, muchos perdimos su continuidad, lo que desorienta y atenta contra la fidelidad de su público.

Espero estas sean consideraciones a tomar en cuenta durante nuestro próximo periodo estival y por qué no, mucho antes.