Viajar al centro de la comunidad cubana

Viajar al centro de la comunidad cubana

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Guantánamo, trabajo comunitario, CIERIC
  • Positivos resultados en el XVIII Taller Regional de Intercambio de Experiencias.
    Positivos resultados en el XVIII Taller Regional de Intercambio de Experiencias.

Con toda intención he tomado prestado el título del pequeño folleto de crónicas realizado por el amigo Yunier Riquenes y su proyecto Claustrofobias, quien a su vez hizo la paráfrasis de la novela de Julio Verne, para brevemente referirme a los resultados de la XVIII edición del Taller Regional de Intercambio de Experiencias que auspician el Centro de Intercambio y Referencia Comunitarias (CIERIC) y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Para esta edición fueron anfitriones ideales la ciudad de Bayamo, merecidamente Monumento Nacional, y sus instituciones, desde la UNEAC a la Dirección Provincial de Cultura o viceversa.

Previo al taller, un equipo técnico y metodológico analizó las 31 propuestas de proyectos enviadas de la región oriental, de las que fueron seleccionadas 12 para ser visitadas como aspecto fundamental antes de llegar a este taller regional. A diferencia de otros concursos y eventos, a este lo distingue la constatación in situ de lo que se propone a nivel teórico en cada documento de proyecto, lo que ofrece, sin dudas, seguridad, transparencia y máxima objetividad en el momento del análisis. Y no es que se dude de lo escrito a partir de aquel viejo refrán de que “el papel aguanta todo lo que le ponen”, sino se trata de llegar a un análisis desde lo factual de cada proyecto, a veces las palabras y los documentos no reflejan en toda su magnitud cualquier realidad descrita. Esa actitud de “no conformarse” solo con lo escrito y constatar la realidad de un proyecto habla de las esencias humanistas de estos talleres: conocer al ser humano en su entorno, desde sus vivencias, con sus nexos y sus contradicciones. En una palabra, se trata de crecer junto a ellos.

Pudiera ser pródigo en elogios totalmente merecidos a la organización del taller, a los detalles tenidos en cuenta, pero lo realmente meritorio fue disfrutar como los coordinadores en los distintos paneles explicaron al auditorio las esencias de sus proyectos, de sus pretensiones y objetivos, cómo lo logran, quienes se les suman, con cuáles dificultades e incomprensiones tienen que lidiar en el día a día y al mismo tiempo cuáles han sido los resultados y valoraciones de los habitantes de esas comunidades, etcétera.

En esta diversidad expresiva hay un ganado crecimiento. Los proyectos todos, independientemente de su génesis generalmente artística no dejan de tener en cuenta otros aspectos que hoy atraviesan a la sociedad cubana como los relacionados con el género y la diversidad, lo medioambiental y la naturaleza, lo identitario, el cuidado de la salud.

Dentro de este caleidoscopio –sin visos localistas ni provincianos– valdría repasar los proyectos que presentara la provincia de Guantánamo, caracterizada por la diversidad geográfica. En el oeste del territorio, desde el municipio Niceto Pérez llega gracias a Geovisión la cotidianidad de los habitantes de ese territorio, los mitos y leyendas, creencias e idiosincrasia de ese grupo humano; captar todo aquello que pueda contarse a sus propios pobladores acerca de cómo se vivió y pensó antes. El trabajo y reconocimiento de este proyecto lo resume muy bien lo dicho por uno de sus coordinadores: Geovisión es un bohío, un mechón, un viejo contando historias y los niños escuchando.

El otro proyecto que obtuvo esta misma condición fue Changuiceros por una sonrisa, en Guayacán, municipio El Salvador, en camino hacia el noreste de la provincia. Con el changüí en la sangre y a través de él, se enlazan hombres y mujeres, se realizan concursos de bailadores del ritmo y resulta un catalizador para una comunidad que desde ese pedacito defiende a Cuba y trabaja por el mejoramiento de una comunidad que aspira a contar con electricidad y una casa para el changüí, entre otros sueños que aúna la energía y la voluntad humanista de todos sus gestores.

Casi en las antípodas de El Salvador, en la tierra que primero ilumina el sol en nuestro archipiélago, en la tierra de las terrazas, en la tierra golpeada sin piedad por Mathews, Maisí, resplandece el proyecto Arcoíris, que va más allá de lo artístico para irradiar el cuidado de la naturaleza, protegiéndola y fomentándola y que a la vuelta del tiempo ha sido el hogar natural de más de una generación de maisienses, entre los que hay maestros, médicos y hasta artistas del circo. Sin dudas, Arcoíris ilumina las terrazas y resulta esperanza para sus pobladores a pesar de las evidentes secuelas del ciclón.

Ahora nuevamente al norte, mejor hacia el noroeste, hacia Yateras, al encuentro de Arteflor, que junto a Arcoíris, obtuviera la categoría de Reconocimiento Especial. Desde los jardines y el cultivo de rosas y girasoles, pasando por el berro y su festival, por sus propiedades medicinales y alimenticias, hasta la artesanía y recuperación del tejido de fibras, refuncionalizando esta técnica tradicional hacia expresiones artísticas y utilitarias más contemporáneas, Arteflor es un complejo proyecto que trasciende cualquier clasificación desde el propósito de descubrir e incorporar las tradiciones de la comunidad de Monte Verde y devolvérselas tamizadas y engalanadas por las  miradas de nuestro tiempo. Al igual que Changuiceros por una sonrisa es un desprendimiento de un proyecto mayor como La Cumbancha, Arteflor lo es de El amor toca a tu puerta, importantes referentes cuando de proyectos socioculturales en la comunidad se habla.

Como émulos contemporáneos del profesor Lindenbroke, su sobrina Martha Grauben y Axel, el inquieto asistente, así los integrantes del equipo técnico de la XVIII edición de este taller fueron del llano a la montaña, de la costa al valle y de las terrazas a zonas boscosas, permitiéndonos descubrir los entresijos de la Cuba profunda, a ratos solo imaginada por poco conocida, gracias a este grupo de proyectos generados desde el mismo centro de la comunidad cubana, en lo que constituye las esencias populares de la cubanidad.

Por: Jorge Núñez Motes