Viajes sobre antílopes dorados

Viajes sobre antílopes dorados

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Escritores, Ediciones UNIÓN, Carmen Hernández Peña, Roberto Fabelo, mujer, desnudez
  • Portada del libro.
    Portada del libro.

-¡Mamá! Por favor, levántate. Otra vez los leones tratan de comerse a los antílopes. ¡Levántate!

La mujer se movió de la cama. Abrió los ojos y escondió debajo una botella casi vacía. Habló con desgano:

-Cariño, en este pueblo no hay antílopes.

Y se durmió otra vez. 1

El comportamiento de esta mujer, que niega burdamente la fantasía a su hija, encierra una de las tantas metáforas que en si mismo constituye el libro En este pueblo no hay antílopes (Ediciones Unión, 2014), autoría de la escritora Carmen Hernández Peña y puesto a circular en la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana (FILH) 2015.

Ya, desde la misma cubierta del volumen, se dan indicios de extrañamiento y duda, contenidas en las doce narraciones aquí agrupadas. El cuerpo desnudo de una mujer aparece de espaldas, sin dudas, unas de las invocaciones al disfrute del placer sexual y espiritual más añejas en la historia de la humanidad. Exhibe, sin recato alguno, sutiles y delineadas curvas que me llevan al recuerdo de la antiquísima canción de Corona: “y en las sensuales líneas de tu cuerpo hermoso, las curvas que se admiran despiertan ilusión”. Sus pomposos glúteos descasan inertes sobre una fruta, a merced de la lujuria. En su hombro, yace un querubín con las alas extendidas. Sin embargo, a pesar de no mostrar ambos sus rostros, cierta mirada, inquisidora e incisiva, émula de interrogación, se nos hace cómplice.

Salta a la vista en el lienzo, rubricado por Roberto Fabelo, la preocupación y el escrutinio. Esa fémina que con ligereza muestra su desnudez, a la vez dirime pudor y cuestionamiento. El artista ha utilizado trazos finos y pronunciados, un tanto irregulares, —en mi opinión— la única manera de convidar al diálogo con esta dama que, inocentemente pero con decisión, profesa en esa pose inquietud y desasosiego.

Esos desasosiegos sirven de argumento y let motiv de En este pueblo… Una mujer con varios rostros, camina sobre estos cuentos, travestida en matrona, celestina, amante, seductora, infiel, también niña, soñadora y endeble. Se debate entre varios temas: el despertar sexual de una adolescente, tocado suavemente como un cuento de hadas; los aciertos y desaciertos de la existencia signada por los vericuetos propios de esta, el sexo rentado, la inmediatez como meta profana, entre otros.

Como Fabelo, Carmen utiliza trazos en su lienzo escritural, ora gruesos e irregulares, ora finos y delineados, en multiplicidad de lecturas; en ocasiones, utiliza la figuración explícita, en otras, el más puro abstracto, resultando su libro un interesante collage de las letras, difuminado en las fronteras de la narrativa, la poesía y el testimonio.

Se advierte un indudable hálito de confesión en estas cuartillas dado lo vívido de las experiencias narradas en cada uno de los pueblos aparecidos en este libro. Pueblos anegados en el miedo, la desconfianza, la ignorancia y el misticismo, o acaso, la ficción se torna en realidad gracias al oficio desplegado por la autora.

En el título se ubica además, un escenario para representar en una misma línea dos aristas contrarias que la autora ha querido enmarcar de manera especial: una de ensoñación, ilusa, casi infantil, de fuerte carga surrealista que hace notable la permanencia y voluntad por erigir un ideal o convicción, muchas veces insignificante o irracional, pero defendido en el texto convincentemente, apoyándose en un ambiente bucólico con imágenes conmovedoras y; otra dirección, más ríspida y soez que muestra todo lo contrario: ese lado oscuro, rudo, de la naturaleza humana, representado sin medias tintas.

Hechos para seducir, los textos de este libro derrumban el axioma del mal llamado sexo débil. Hernández Peña nos recuerda que los antílopes dorados, remedo de la mujer en el ideario fantástico de la literatura, se prestan el vuelo sin restricción alguna en todas direcciones, al igual que la vida misma, tan llena de matices y altiplanos. De ahí que nos regale estos pueblerinos antílopes en iluso viaje que traslada a la reflexión sobre el devenir femenino y la naturaleza humana.

Esa gama diversa de mujeres que lo contemporáneo desecha para dar un modelo de mujer maniqueo, es mostrada. Hembras firmes, decididas y enérgicas pero también soñadoras y edulcoradas. El estrógeno, vital hormona femenina, aboga aquí, no solo por el sexo, sino por la igualdad. La autora sabe manipular esa adrenalina femínea, con ella maniobra aspectos de trascendencia social como la homosexualidad y tópicos netamente humanos de la cotidianidad como son la fidelidad, el amor y la muerte.

Para ello se vale de prolíferas maneras de narrar: fantasía, aventura, suspenso, humor e ironía, hacen gala. Distribución coherente y fértil de varios planos narrativos en un mismo cuento sin perder el hilo conductor. Dominio envidiable de la historia corta: imán al leer las primeras líneas y conflicto definido. Mezcla de la narración corta, el relato, la poesía y la crónica. Finales sorprendentes. En algunas historias el tratamiento narrativo es clásico: aristotélico y dialógico; en otras es trasgresor: pura exposición de ideas sin conflicto definido, solamente la enunciación del tema en forma de flashazo, casi una viñeta. 

A repeler, algunos finales fáciles y esperados. Más de un texto no engarza con el espíritu general del libro, restando organicidad y bríos al grupo de historias.

El lenguaje es variopinto, según la intención. En ocasiones utiliza un lenguaje sencillo y común, coloquialmente criollo y ameno, sin uso de términos complicados y provistos de hondo lirismo, pero en otros instantes sucede todo lo contrario: acude a la experimentación y descompone la gramática.

Algo significativo en este libro es la contraposición de actitudes: el absurdo, la violencia y el asesinato los contrapone a los sentimientos más nobles como la distinción, la prestancia, la solidaridad y la ilusión, aunque para ello la historia contada resulte un tanto inverosímil y chata. 

De nuevo los guiños con la literatura en la propia narración, está de moda y Carmen no escapa a ese influjo. Lovecraft, Ena Lucía Portela, el poeta alemán Heinrich Heine, aparecen aludidos como rocío de la mañana. Más de una intertextualidad histórica o del mundo del arte, es referida. Es el caso de la oreja de Vant Goth y la mención a esa monumental obra del séptimo arte: Viridiana, autoría del gurú del absurdo cinematográfico, Luis Buñuel; de ella, apropia el nombre y la trama.

En el cuento Otra vez Tarkovsky, en mi opinión uno de los mejores, logra construir una atmósfera de misticismo e intriga que atrapa rápidamente al lector. Los personajes de este cuento se revelan a través del juego de sombras y espejos, mostrando las pasiones, miserias y aprehensiones humanas que son víctimas como son el doble discurso y el fingimiento, dados por las normativas sociales e individuales que minimizan al individuo, en este caso, la mujer.

Eventos insólitos que solo ocurren en la ciencia ficción y la fantasía, sintonizan, a mi entender, con lo real maravilloso de Carpentier y el realismo mágico de García Márquez, acentuando las debilidades del carácter humano y su condición de ser. Muestra de ello es el cuento Tres diamantes, otra joyita narrativa que disfrutará el lector, donde un caballo perteneciente a una familia de alcurnia, a pesar de defecar apestosamente, es capaz de llorar por el nacimiento de un niño o, al morir algún miembro de la familia, actos sublimes que en ocasiones el hombre reacciona rutinariamente.

Sin dudas, trae a colación ese desapego de los humanos en esta época de tables y teléfonos móviles, aunque en algunos casos narre en tiempos pretéritos. La posibilidad de conjeturar al leer es inmensa.

Carmen desea hablar desde ese territorio mental, un tanto apócrifo, en desuso y viejo: el de las emociones verdaderas, transparentes y fluidas como el agua y el de las pasiones tenebrosas a las cuales los mortales no pueden renunciar.

En oposición, la estanquidad del mundo actual, sitiado por modelos trazados y metas a cumplir que anegan esas bitácoras que conducen al ejercicio pleno de los sueños, lo que hace atractivo a más no poder la lectura de este volumen.

Se suman estos cuentos y su autora a la notable plebe de escritoras del ya radicado ejército de narradoras femeninas cubanas contemporáneas, en donde militan nombres como el Marilyn Bobes, María Elena Llana, Mirta Yáñez, Aida Bahr, Ena Lucía Portela; Anna Lidia Vega Serova y otras tantas.

Carmen es una mujer del siglo XXI, aunque en ocasiones elija lo sedicioso; a cambio, decanta lo superfluo, lo banal, entregándonos una obra que aboga por replanteo de la condición de mujer, aunque con cierto proselitismo, pero en cordial invitación a la lectura.

1 Hernández Peña, Carmen. ¨En este pueblo no hay antílopes¨, Ediciones Unión, 2014, pp. 124-125.