Virtuosismo técnico-interpretativo de bailarines cubanos

Virtuosismo técnico-interpretativo de bailarines cubanos

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Ballet Nacional de Cuba, prima ballerina assoluta Alicia Alonso, clásicos, danza, Escénicos
  • Carmen interpretado por Viengsay Valdés y Víctor Estévez.
    Carmen interpretado por Viengsay Valdés y Víctor Estévez.

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), y su directora general, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza (CID-UNESCO), iniciaron una gira por España, signada por el éxito de público y la crítica especializada. Dicho periplo comenzó por la capital de la península ibérica, con la versión cubana del clásico El lago de los cisnes, en los Teatro del Canal.

En las primeras presentaciones se han destacado las actuaciones de los primeros bailarines Anette Delgado, Dani Hernández y Sadaise Arencibia y el bailarín principal Alfredo Ibáñez. Al decir de la colega Julia Martín, del diario El Mundo, la compañía cubana es un “caso único en la historia de la danza”, y señaló que Anette Delgado, “brillante y segura, clava en el sitio unos fouettés dobles y “a tempo”. Con ella, Dani Hernández, un Siegfried dotado de gran elevación en salto, limpio de ejercicio y elegante”.

Con respecto a Sadaise Arencibia, reseña que es “una bailarina de figura y elasticidad destacadas”, y que su Odette fue “sugestiva, en movimiento enlazado y buen dibujo romántico. Su (partenaire) Alfredo Ibáñez, (desempeñó) su papel con presencia escénica. Es un estupendo bailarín “noble” de porte y cualidades, que dejó impecables tours, giros y saltos elevados”.

Por su parte, el periodista Julio Bravo, del rotativo ABC, estima que “ha arrancado el conjunto cubano su temporada en los Teatros del Canal con “la madre de todos los ballets”, El lago de los cisnes, casi un seguro para cualquier teatro que la programe. La versión de Alicia Alonso es sólida, cuidadosa desde el punto de vista estilístico, clara y movida [...]”.

El crítico Roger Salas, del diario El País manifiesta complacencia con los rostros nuevos en las filas de la compañía insular “con su versión de El lago de los cisnes esmeradamente presentada. Es un producto muy depurado y rodado que se mantiene y donde se le puede coger el pulso [a la agrupación, ya que] es en la zona del gran repertorio académico-romántico donde despliega sus saberes y los resultados de una escuela propia”. Más adelante significa que Sadaise […] “bordó algunos fragmentos y se le sintió muy segura”. De Alfredo [afirma] que es “un atento partenaire, un buen actor, con una refinada credibilidad al [papel]. Otro ejemplo de una tradición cubana, es que primeras figuras interpreten la breve, pero intensa danza española del tercer acto; en esa función, la [interpretaron] Anette […] y Dani […] con un resultado vistoso y chispeante”.

Las presentaciones de la compañía caribeña continuaron en los madrileños Teatros del Canal con un programa que incluyó tres atractivas obras del repertorio: Las sílfides, Celeste y Carmen.

La emblemática compañía cubana “demuestra su versatilidad con tres coreografías que recorren todos los extremos de la danza”. Así escribió el colega Eduardo López-Collazo, crítico de Brachtrack, al referirse al segundo programa, que comprende esas tres gemas del ballet universal. 

 En el diario El Mundo, la crítica y periodista Julia Martin, señala que en “Carmen […] sigue siendo ejemplar el magnetismo de la caligrafía y la intencionalidad que el coreógrafo supo imbuir a cada momento de la danza interpretada por los protagonistas […] Lo seguro es que la afirmación de la línea, el perfecto control de peso y la caligrafía de gestos y acentos, se ve aquí como la perfecta labor de ensayo para una escritura fragmentada y llena de oposiciones [formales]. La primera bailarina Viengsay Valdés fue segura y convincente en una cigarrera que no hizo alardes técnicos, pero construyó un personaje [muy bien delineado desde el punto de vista psicológico-espiritual]. Sobresalientes fueron los perfiles y la implicación del primer bailarín Víctor Estévez como Don José, y de Alfredo Ibáñez como Zúñiga”.

Según la valoración crítica que de Celeste hace dicha colega […], “se enfrenta bien y con riesgo a la grandeza de Chaikovski y [establece] un buen “diálogo” corporal con su tensión y su lirismo. Celeste es una obra valiente y con un estupendo uso de la técnica que sirvió para lucir el manejo del lenguaje de la creadora y la brillantez de esa gran cantera que es la escuela cubana de ballet”.

Finalmente, López-Collazo opina que “[…] esta nueva generación de bailarines han de trabajar con profundidad las peculiaridades de la coreografía, compleja y retadora. No obstante ello, el objetivo inicial se cumple con creces […]: decir que [el BNC] es cantera inagotable de buen hacer [en el arte de las puntas]”.

A partir de octubre, continuarán con Don Quijote, uno de los clásicos más ovacionados por el público de todas partes del orbe.