Ya no es antes

Ya no es antes

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Plásticos, exposición
  • Su obra reciente ha ganado en síntesis y recoge una parte significativa de sus credos y vivencias: las relaciones personales y filiales, conviven junto a su pacto con la luna en todos sus ciclos y al persistente contraste de claroscuro. Foto de la autora
    Su obra reciente ha ganado en síntesis y recoge una parte significativa de sus credos y vivencias: las relaciones personales y filiales, conviven junto a su pacto con la luna en todos sus ciclos y al persistente contraste de claroscuro. Foto de la autora

Supongo que cuando pasan cinco años dentro de cualquier carrera artística los cimientos se hacen más fuertes y comienzan a ser saldadas las deudas. En el caso de Armando Recamán, su filiación desde hace ocho años a la abstracción, posee ya un camino con varios aciertos y donde finalmente, el impulso creador se ha encontrado con las verdaderas problemáticas de su artífice.

Si bien todo proceso de creación se alimenta de informaciones y vivencias nacidas en el orden de lo privado, en la obra de Mandy se hacen reconocibles varios marcadores, que hacen que su trabajo se incline actualmente más hacia lo espiritual y esotérico, los misterios de las cartas astrales y ya no tanto a la ciudad como ha sucedido en gran parte de los cultores del patio que se enfocan en ofrecernos el espacio citadino o de la ínsula traducida en colores o abrazan la abstracción geométrica.

 Su obra reciente ha ganado en síntesis y recoge una parte significativa de sus credos y vivencias: las relaciones personales y filiales, conviven junto a su pacto con la luna en todos sus ciclos y al persistente contraste de claroscuro donde la presencia del blanco apela directamente a la fe, o la cascarilla para despejar el camino y librarse de energías negativas. Tres tipos diferentes de vivencia que logra poner en diálogo con total comodidad, saberes que conviven sin conflicto y se complementan armónicamente para conformar piezas de una poderosa energía.

Es un alivio conocer que una personalidad y la obra van en paridad, que el sosiego transmitido en el lienzo encuentra en la música una correspondencia, que su fe se plasma en trazos, signos y se despliega con elegancia en una gama atenuada de colores.

Recamán tiene ya un camino recorrido en exposiciones colectivas y personales. Una pieza temprana de 2012 ya avizoraba lo que sería su proyección contemporánea al separarse de su homenaje a Carlos Enríquez, pieza que forma parte de su serie Fantasías (2010) o trabajos previos donde el espacio es dado a los orishas como en Olorun para dar el salto en ese propio año a un Homenaje a Raúl Martínez hacia la abstracción.

La metáfora es su herramienta, el recurso lingüístico para transmitirnos su imaginario. En dos series del 2016 Pacto con la luna y Encuentros, realizadas en técnica mixta sobre cartulina el color adquiere una cualidad emocional, y los símbolos van ahora a casas, lunas, al nombre del propio artista y a la religión del palo monte. Asimismo círculos conviven con áreas que se superponen, sobre todo en la serie Encuentros que hacen que la recepción sea un proceso que implique detallar cada uno de sus collages.

Fluidos (2017) es una pieza donde se unen todos los elementos: el cuerpo celeste y un ritmo interno creado a partir de líneas que pretenden representar los fluidos del cuerpo. En Hoy soñé contigo y Osafún se hace más evidente su influencia del paisaje en parte debido a la paleta de color donde predominan mayormente tonos de verde y en último caso se hace patente la referencia a los cuatro puntos cardinales y el fenómeno del campo y el cambio. El empleo de verdes, ocres y negro, va siempre atemperado por un blanco esperanzador, una luz para el nuevo camino, una vela de espiritualidad.

Cuando se contempla este salto dentro de su poética se puede afirmar que ya no es antes. La referencia directa a las deidades del panteón yoruba y prehispánico ha sido transformada en una alusión resuelta a base de signos y símbolos, lo figurativo cede ante lo abstracto. La mente se ha liberado de los homenajes para enfocarse en un discurso íntimo. La ciudad con sus estructuras es relegada a un segundo plano para que sea la recreación de una comprensión personal del mundo y sus elementos lo que reine en cada pieza. El artista y su universo pueblan cada pedazo de la tela en una celebración infinita de la vida que lo acerca puntualmente a códigos del paisaje, pero sin dejar el camino marcado por su signo tierra. Por tanto, con Mandy, hay que contar cuando se habla de abstracción cubana contemporánea. No hay espacio para dudas, ¡Enhorabuena¡