Alicia Valdés: La música es un canal que rellena vacío y soledades

Alicia Valdés: La música es un canal que rellena vacío y soledades

  • ''La música enlaza recuerdos, rellena vacíos y soledades'', según palabras de Alicia.
    ''La música enlaza recuerdos, rellena vacíos y soledades'', según palabras de Alicia.

Esta habanera por nacimiento escogió invertir toda su energía no en  la com posición o interpretación de una melodía, sino en  su estudio para  desentrañar misterios de un a de la bellas artes
Habanera por nacimiento ¿y por gusto musical?
Nací en La Habana pero disfruto de los géneros que nacieron y se cultivan por toda la geografía musical cubana, sobre todo aquellos apacibles y sosegados como el bolero, sin descartar el  son de oriente  que me descontrola plenamente.
¿Por qué la música desde niña?
A  mi madre le gustaba y nunca pudo estudiarla. Sus sueños de niña y adolescente siempre fueron sueños y cuando yo nací,  ella vio la posibilidad de hacerlos realidad. Me matriculó en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana (hoy Escuela de Música Amadeo Roldán) y allí estudié piano pero  sin emociones y sin graduarme. Mi madre no se daba cuenta de mi disgusto cuando me ¿invitaba? (obligaba) a tocar el piano para “deleitar”  a familiares,  amigos o vecinos que miraban insistentemente mis manos como si leyeran un periódico. ¡¡¡Qué pena sentía!!!. Ese mirar de todos hacia mis dedos interpretando un estudio o pequeñas piezas como El pájaro carpintero y  el vals Danubio azul, las obras preferidas de mamá Zenaida, me ocasionaba terror. Felizmente, tuve mentores como el pianista César López que se dio cuenta de mis angustias privadas y supo  -nunca le agradeceré suficientemente-   guiarme hacia el camino adecuado que fue el preámbulo de lo que hoy soy porque aunque no quería estudiar el piano el gusto por la música nunca me faltó. Espero que el Maestro, desde el cielo, me esté escuchando sonriente y orgulloso porque aquella niña gordita, de gigantes lazos de muselina blanca en el pelo, hoy tiene 64 años,   investiga, enseña, promueve proyectos  y dirige programas culturales que la emocionan, llenan de satisfacción y le han proporcionado experiencias vitales.
¿Cómo te hiciste Dibujante Musical? ¿Qué tiempo le dedicaste a esa profesión?
Me hice Dibujante Musical porque es un trabajo que se realiza en solitario. Como te mencioné anteriormente, fui una niña penosa e insegura  que  no soportaba las miradas hacia  lo que hacían mis manos. El pianista César López, en aquellos momentos director del Conservatorio Municipal de Música de La Habana, que me conocía bien, me  aconsejó matriculase  una nueva carrera que resultó ser la de dibujante musical. Desde el inicio me resultó atractiva porque  nadie está pendiente de los trazos que hago con las  manos. En el dibujo lo que importa es el resultado final que es la partitura bellamente manuscrita. Y pienso ahora  --y mira que ha pasado el tiempo-- que la opción del Dibujo Musical como profesión me permitió, en aquellos momentos,  quedar bien con mi madre, y de cierta forma, conciliar lo que ella esperaba  de mí, aunque tampoco  sería el destino final. La investigación musicológica acechaba y al final, aposté por ella con intereses en la historiografía y la sociología de la música lo que años después demostré con hechos concretos a partir de la publicación de mi primer libro y de los que llegaron después, sin contar los artículos  y reseñas publicadas en revistas nacionales y extranjeras.
Hoy mi madre siente orgullo por su hija musicóloga, y no quieras verla en las presentaciones de mis libros en las que no se le otorga la palabra pero ella se la toma para exclamar sin rubor alguno:  ¡¡¡Ella hizo ese libro por mi!!! Esa es la Zena, mi Zena que continúa siendo,  aún hoy con 88 años de edad,  una mujer gigante de temperamento y fuerzas para sortear dificultades y adversidades, y salir siempre adelante. 
Al Dibujo Musical le dediqué dos años, como estudiante y ocho como profesional aunque resulte hoy  extraño hablar de ello,  por la existencia de disímiles  programas digitales que nada tiene que ver con las reglas, plumas, plantillas y puntos números 0,4 y 0.5  de antaño que se requerían  para dibujar las notas y las claves musicales que previamente se planificaban en un papel en blanco convertido posteriormente  en papel   pautado por obra y gracia de las manos de las dibujantes musicales que los trazaban.
Siempre la música como estudio ¿y por qué no como composición o interpretación?
Permíteme responderte con algunas preguntas. ¿Quiénes entonces se dedicarían a desentrañar los misterios de la música si todos fuéramos compositores o intérpretes; quiénes realizarían las  investigaciones y los  estudios musicológicos de carácter  complejo y heterogéneo; quiénes compilarían, analizarían y sistematizarían  todo tipo de información necesaria para el estudio de las leyes más generales del desarrollo en el campo de la música? ¿Quiénes se encargarían de realizar el diseño de las investigaciones musicales  -de campo y  bibliográficas-   procesar los resultados  en las mismas y realizar  las transcripciones musicales complejas en función de sus trabajos investigativos? ¿Quiénes ejercerían la docencia en los niveles elemental,  medio y superior de la enseñanza artística e impartirían y organizarían cursos, conferencias y talleres dentro y fuera del país?  ¿Y la crítica musical especializada  en manos de quién estaría? ¿Quiénes laborarían en la industria cultural y en los medios de comunicación (radio, televisión, prensa)? ¿Quién redactaría  las comunicaciones  científicas, ensayos, conferencias y  artículos para su exposición? ¿ Quiénes serían los jurados  en concursos musicales de cualquier índole, dentro y fuera del país, participarían  en labores de dirección de la cultura y asesorarían a los organismos, empresas e instituciones musicales?. Paquita todo eso hacemos los que nos dedicamos al estudio científico de la música.
La cubana atraviesa casi toda su obra ¿por qué?
Atraviesa casi toda mi obra investigativa pero no así la docente. Estudio y analizo con sistematicidad, por ejemplo,  la historia de la música de Latinoamérica y el Caribe porque la imparto a un grupo de estudiantes que cursan la maestría Música Educación y Sociedad en la Universidad Pedagógica Enrique José Varona,  y en algún momento de mi vida realicé estudios comparativos entre la trova cubana y la yucateca aprovechando reiteradas visitas que hice a Mérida. Como investigadora, en algún momento abordaré las músicas de otras zonas geografías, y no quiero adelantar nada por ahora pero algunos de mis proyectos como investigadora y promotora cultural tienen mucho que ver con Latinoamérica.
Me gustaría dejar sentado que mis perspectivas de análisis  como musicóloga no está permeada de  divisiones ni de preferencias. Considero que tanto la música cubana como la de otros países, en mayor o menor medida, han adquirido relevancia y todas merecen que se les estudie. Lo que pasa que a veces te trazas un camino, y como en mi caso, no quiero atravesar otros sin antes sentirme satisfecha porque el elegido fue analizado en toda su integridad. Quizás esto no tiene que ser así,  pero por ahora pienso así.
De tus libros publicados ¿cuál te ha dado más satisfacción?
He publicado cuatro libros y todos me han proporcionado alegrías y satisfacciones. ¿Cómo no sentir gozo con el primero, publicado y resultado de un premio obtenido en una jornada científica convocada por el Instituto Superior de Arte en 1985?  El músico en Cuba (Editorial Pueblo  y Educación, La Habana, 1989, 109 páginas) como se llama el primogénito describió las estrategias de articulación de los músicos profesionales al campo cultural musical en Cuba, y  mostró  las opciones de trabajo y  limitaciones que tuvieron estos profesionales antes del triunfo de la Revolución. El marco interpretativo de este estudio  permitió no solamente describir empíricamente lo que sería la  “condición social del músico profesional en Cuba”, sino inscribir esa situación en una sociedad mediatizada que no garantizó, de manera estable, las posibilidades de ejercicio de la profesión de músico. Este estudio abrió una nueva línea de investigación, en su momento, para la música y la musicología en Cuba por los métodos y procedimientos estadísticos empleados de varias disciplinas como la sociología, demografía, estadística e historiografía y supo configurar, por vez primera, una caracterización socio-política y económica del músico en nuestro país. 
Nosotros y el bolero (Editorial Letras Cubanas, La Habana 2000, 315 páginas) es el fruto de mi trabajo como coordinadora de una de las voces principales del Festival Internacional Boleros de Oro: su evento teórico que desde 1987 se convoca para examinar con criterios teóricos los diferentes enfoques de pensamiento que pueden existir sobre el bolero. El libro   incluye una selección  de trabajos firmados por estudiosos cubanos, colombianos y venezolanos que hoy compilados, a través de Nosotros… proporcionan un valioso material  teórico para todos aquellos que pretenden un acercamiento riguroso al estudio del género, ya sea el ámbito de la música y los músicos ó en el de los textos, además de pertrechar al festival de una literatura investigativa, propiciadora y estimuladora del reconocimiento internacional que tiene el género en nuestra área cultural. 
Con música, textos y presencia de mujer (Ediciones UNION, La Habana, 2005, 344 páginas), es  el primer Diccionario de mujeres en la música realizado en Cuba. Con su publicación se proporcionaron las pautas para entender a las mujeres en su espacio y experiencias concretas, además de visibilizarlas y otorgarles un realce significativo y manifiesto. No te puedo expresar la cantidad se sentimientos que se agolparon cuando años después supe que el libro está considerado como “un referente a seguir en el ámbito latinoamericano” (Carmen Cecilia Piñero Gil en  Rosa IniestaMasmano, editora: Mujer versus Música. Itinerancias, incertidumbres y lunas., Colección Rivera Editores, Valencia, España, 2011). Indescriptible fue mi alegría   cuando supe del criterio de la Gil,  una de las más sobresalientes investigadoras españolas en los campos de la Música Iberoamericana Culta y en los estudios sobre las mujeres y de género en música (con especial dedicación a las compositoras españolas e iberoamericanas), campos en lo que desarrolla una intensa labor, además,  como conferencista y ensayista. Sin embargo, fue la valoración que hizo el maestro Harold Gramatges cuando el libro se presentó en el Hotel Inglaterra,  el 8 de marzo de 2005,  la que me dejó sin habla y aún me emociona: “El Diccionario de Alicia constituye un nuevo sol refulgente para la música cubana”.
En la segunda edición del Diccionario de mujeres notables en la música  cubana (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2011, 457 páginas) pude incorporar nuevas fotos, varias de ellas inéditas,  y sustituir algunas  por otras de mayor calidad; actualizar la lista de musicólogas que obtuvieron el Premio UNEAC “Argeliers León” a la Investigación Musical en Cuba y el de las integrantes de las agrupaciones musicales femeninas; y agregar  fechas de fallecimientos ocurridos entre la primera y la segunda ediciones, además de poder añadir  un esbozo de mi trayectoria profesional actualizada y diseñar una nueva cubierta. Entre  las aportaciones más novedosas se encuentran sus nueve  anexos,  con nuevos datos, que revelan  las estadísticas demográficas de la mujer en la música en diferentes momentos históricos. Y no quiero dejar de  mencionar que con  esta nueva edición tuve la posibilidad de conocer y trabajar con un equipo de compañeras ilustres y entrañables: el de la Editorial Oriente, que en todo momento fueron esmeradas y dedicadas demostrando así  el respeto que sienten hacia su profesión y hacia las obras de los autores con los que trabajan.

¿Qué te aporta la bella cubana? ¿Cómo fue su parto?
La Bella Cubana es una de las grandes satisfacciones que el estudio de la música me ha proporcionado porque es el resultado de una elección. Como te dije anteriormente la ejecución pianística me aterraba porque de niña era muy tímida y no me gustaba que me mirasen. Al final del camino elegí la investigación de la música y el análisis de la obra creacional de compositores cultos y populares,  y  la música popular contemporánea. Hoy, y desde hace varios años, investigo la presencia de la mujer en la cultura musical cubana,  con contribuciones  notables y visibles. El programa cultural La Bella Cubana es uno de mis más visibles y  notables resultados como investigadora.
Creado en abril  de 1999 marcó, desde entonces,  una importante dirección en la visibilidad, promoción y reconocimiento de las cubanas que han enriquecido y consolidado el escenario artístico de esta Isla. Mucho se habla de la obra de los “Padres Fundadores” pero la creación musical de las “Madres Fundadoras” no ha contado con la cobertura informativa que merece. El escueto tratamiento dado al aporte cultural femenino impide que hoy comprendamos la continuidad histórica y los nexos relacionales entre nuestras antepasadas y nosotras.
El sistema de discrímenes que ha obstaculizado el acercamiento a la verdadera historia del quehacer femenino en los escenarios musicales, atraviesa todos y cada uno de los ámbitos sociales mostrándonos cuánto queda por indagar y cambiar. Esta realidad nos convoca a la urgente búsqueda de información  y al reanálisis de sus contenidos pero desde una perspectiva más racional.
La Bella Cubana cumplió  ya 17 años de vida, y al tiempo que nos permite hacer un reconocimiento público a la vida y obra de figuras femeninas de la música, nos enriquece a través del intercambio directo y afectuoso con quienes fueron, son y serán valiosos puntales del patrimonio cultural cubano

¿Qué utilidad le ves a tu trabajo en la UNEAC?
Con la UNEAC he crecido profesional e intelectualmente. 
La UNEAC me ha dado la oportunidad de establecer y cimentar  amistades con compañeros eficaces que gustan de la obra colectiva y apoyan incondicionalmente una  institución que ha crecido en propósitos. 
La UNEAC me ha dado la posibilidad de  construir proyectos y continuar otros. Eso  es para mí un elogio que me encanta y me hace pensar que todo vale la pena y mucho  aunque a veces me angustio porque me falta el tiempo y siento que  no todos los que me rodean se entregan en cuerpo y alma para hacer de la institución un espacio mucho más sólido en todos los sentidos. 
¿En qué proyecto andas metida ahora? ¿Cómo investigadora, profesora, directiva,  promotora, hija, madre, esposa  o abuela?
Como investigadora escribo varios libros pendientes desde hace algún tiempo. 
Como profesora atiendo a un grupo de maestrantes de la Universidad Pedagógica “Enrique José Varona” a quienes les imparto la asignatura, Música Latinoamericana y Caribeña.
Como directiva me ocupo de la vicepresidencia de la Asociación de Músicos de la UNEAC y de su Sección de Musicología, además de la atención responsable,  cuidadosa y esmerada  que presto a la  Comisión Cultura Turismo y Espacios Públicos,  responsabilidad en los últimos tiempos ha crecido en propósitos y problemas pero que hemos sabido manejar con mesura y organización.  
Como promotora cultural no le quito los ojos a La Bella Cubana, sobre todo, los terceros sábados de cada mes; y junto a mi esposo, el trovador Gerardo Aldana atiendo el  proyecto de  música tradicional, Presencia simplemente que ocupa la sala de concierto del Memorial Salvador Allende, los  segundos viernes de cada mes. Allí nos acompañan la voz de Gerardo y las historias que acompañan  los boleros, canciones, sones y guarachas de  todos los tiempos, aunque prevalecen las creaciones de los trovadores tradicionales de fines del siglo  XIX y años 30 del siglo XX, la época más representativa del hacer trovadoresco.
Como hija, atiendo y quiero a mi mamá por como es y  porque supo escoger y casarse  con un hombre, mi padre,  que a pesar de que es hoy un latido ausente, no he cesado de adorar.  
Como madre cuido mucho a Gipsy y le soporto sus majaderías porque tiene 43 años pero cree que es una adolescente de solo quince años.
Como esposa atiendo con esmero  a Gerardo porque lo quiero; porque me cuida y alerta; porque está presente en todas mis realizaciones y afanes; porque llevamos veinte años en un bregar común sufriendo y disfrutado malos y buenos momentos en la perseverante profesión  de defender y proteger las cosas que amamos y en las que creemos.  
 Como abuela disfruto a mis dos nietos: el de 14 años que no ceso de mirar,  disfrutar y asustarme porque hasta ayer yo lo arrullaba, y hoy, me estremece con su voz grave cuando enfurecido me reprocha que no le diga más “Titi” delante de sus amigos ni  de cualquier persona, porque  él no es  un pollo,  dejó de ser  niño y se llama Nevin Domínguez Guerra.  Y me enorgullece que mi nieto mayor de 22 años, sea cantante lírico graduado desde hace tres años, pertenezca a la agrupación Habana Clásicos y sea un joven que lucha por ser cada día mejor persona y un excelente profesional.   

¿ Y me podrías definir en pocas palabras que es la música para ti?
Un canal proyectivo que enlaza recuerdos y rellena vacíos y soledades.

Tomado de Cubasí