Anette Delgado: Premio Lorna Bordsall 2015

Anette Delgado: Premio Lorna Bordsall 2015

  • Anette Delgado, figura insignia del BNC. Foto: Héctor Navarro
    Anette Delgado, figura insignia del BNC. Foto: Héctor Navarro

Bailar es vivir
Anette Delgado

La primera bailarina Anette Delgado, figura insignia del Ballet Nacional de Cuba (BNC) recibió (ax aequo) el Premio Lorna Bordsall-2015, que otorga la Asociación de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Dicha actividad tuvo lugar el 29 de abril, Día Internacional de la Danza, en la sala Martínez Villena de nuestra cincuentenaria institución, donde fueron honrados —con idéntica distinción— los primeros bailarines y maestros Lizt Alfonso, directora de la agrupación que lleva su nombre, y Miguel Iglesias, director de la compañía Danza Contemporánea de Cuba (DCC).

El ejecutivo de dicha Asociación adoptó —nemine discrepante— el acuerdo de conferirle ese premio a la carismática bailarina, con apoyo en su impecable trayectoria artístico-profesional en el campo de la danza clásica.

Con la sencillez y humildad que la caracterizan, tanto en el proscenio como fuera de él, le pedí que les hablara a los lectores del Sitio Web de la UNEAC acerca de ese lauro, de su exitosa carrera y de muchas otras cosas.

¿Qué significa para usted haber obtenido el Premio Lorna Bordsall 2015?

Es un honor inmenso haber merecido este galardón, entregado —en ediciones anteriores— a Cristy Domínguez, Alberto Méndez, Manolo Micler, Eduardo Rivero, Perla Rodríguez, Silvina Fabars, María Elena Llorente y Viengsay Valdés, ilustres personalidades de la danza, a escalas nacional e internacional. Pero, sobre todo, representa una gran emoción poder compartir este premio con Lizt Alfonso y Miguel Iglesias, a quienes tanto admiro y respeto.

Por otra parte, deviene un gran compromiso adquirido con el público cubano y foráneo que, al igual que a mi esposo, el primer bailarín Dani Hernández, me sigue con incondicional lealtad. Recibir este lauro implica la realización de mayores esfuerzos y sacrificios, en la barra, los ensayos, las clases, el escenario […], para ofrecerles a los espectadores lo mejor de mi yo artístico (como sé que le agrada decir a usted).  

¿Podría explicar, con pocas palabras, cómo se produjo su llegada al mundo de la danza clásica?

Comencé mis estudios, a finales de la década de los 80 de la pasada centuria, en la capitalina Escuela Provincial de Ballet Alejo Carpentier y los continué en la Escuela Nacional de Ballet, donde tuve como profesoras a Ramona de Saá, Alina Díaz, Margarita Naranjo y Martha Iris Fernández, quienes me enseñaron a amar la danza clásica con todas las fuerzas de mi ser y entregarme a ella en cuerpo, mente y alma.

Con la dedicación y la profesionalidad que le imprimen a la impartición de los conocimientos teórico-prácticos en que se estructura esa disciplina artística, fui descubriendo, en esas maestras de talla excepcional, tanto en el aula como fuera del contexto académico, los genuinos valores en que se sustenta la formación integral de un bailarín

En mi etapa de estudiante, gané importantes galardones en eventos competitivos, tanto locales como internacionales, que me motivaron a continuar superándome y dando lo mejor de mí en la profesión que, desde niña, escogí por decisión libre y soberana.

¿Qué caminos transitó después de su graduación en la Escuela Nacional de Ballet?

Desde 1996, fecha de mi graduación como bailarina profesional, formo parte del BNC, con la dirección general de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza.

Como parte del elenco de una de las mejores agrupaciones danzarias del orbe, he actuado en varios países de América, Unión Europea y Asia, así como en Egipto y Australia. Desde 2001, integro el Joven Ballet de Francia.

Desde 2005, hace exactamente once años, fui promovida al rango de primera bailarina, el escalón más elevado al que puede aspirar un miembro del BNC.

¿Cuáles son los papeles que más le agrada interpretar?

Mis papeles predilectos son los protagónicos en obras de la gran tradición romántico-clásica: Giselle, El Lago de los Cisnes, Don Quijote, por citar solo tres ejemplos. Sin embargo, también me agrada participar en coreografías contemporáneas, diseñadas por artistas cubanos y extranjeros.

¿A qué se debe esa «química especial» que, como pareja, los distingue a Dani y a usted?

Tenemos muchas cosas en común. Tanto es así que decidimos formar una pareja, no solo en el arte, sino también en la vida. El amor inmenso que le profesamos a la danza clásica, así como estar conscientes de que no son los battements a la barre ni el virtuosismo técnico (al que —por supuesto— no renunciamos ni renunciaremos), los que producen el milagro del vuelo. Es la dimensión espiritual que le aportamos a toda obra que, como pareja de baile, llevamos a escena.

Los gustos afines que nos unen, la forma (eso sí no lo voy a revelar, porque constituye un «secreto clasificado»), en que les insuflamos «vida» en las tablas a los personajes protagónicos de los clásicos de todas las épocas y todos los tiempos. Es todo eso […], y muchísimo más. Tanto que no sería posible sintetizarlo en el contexto de una entrevista periodística.

Desde la vertiente artístico-profesional, ¿cuáles son sus planes a corto, mediano y largo plazos?

[Sonríe, y responde a la velocidad de la luz] Seguir bailando hasta que mis condiciones físicas me lo permitan. Después, […] ya veremos.

¿Algún consejo o recomendación a las jóvenes que, como usted decidió hacerlo desde hace más de dos décadas, se interesan por develar los entresijos del arte de las puntas?

Que tengan en cuenta que esta carrera es muy corta y sacrificada a la vez. Hay que olvidarse, desde muy temprana edad, de muchas cosas agradables que influyen en el desarrollo de la personalidad de un niño o adolescente […]. Pero vale la pena realizar el esfuerzo, renunciar a lo que sea necesario, porque bailar es expresar —a través del cuerpo en movimiento— emociones, sentimientos, vivencias, pensamientos, experiencias, que forman parte de la leyenda profesional y personal que con proverbial paciencia he tejido […], y seguiré tejiendo.