Conociendo al maestro Cecilio Tieles Ferrer

Conociendo al maestro Cecilio Tieles Ferrer

  • Cecilio Tieles.
    Cecilio Tieles.

“La cultura de una persona no se define por la pigmentación, sino por sus valores humanos y sociales”.

Reconocido ejecutor del piano nacional e internacionalmente desde hace décadas, al maestro Cecilio Tieles Ferrer, le distinguen muchas cualidades como ser humano. Diría que, entre otras, su talento no solo parte del dominio de ese instrumento y de su perseverancia como investigador y estudioso en la esfera de la Música –en especial, de autores cubanos–, sino también por su exquisita locuacidad al rememorar hechos que trascienden en la historia de la Cultura nacional y que, para alguien quien desde muy pequeño vivió y estudió en distintas ocasiones (y sin pretenderlo), fuera de las fronteras de esta Isla, ella continúa siendo su fuerza vital y su profundo orgullo de ser cubano y latinoamericano en cualquier parte del mundo. Algo que reafirma en: “(…) Es imposible desligar los procesos culturales acaecidos en España y América para entender en su profundidad nuestras respectivas culturas (…). La cultura de una persona no se define por la pigmentación, sino por sus valores humanos y sociales”.

¿Es solo el piano su instrumento musical predilecto? ¿Existió algún hecho novedoso durante su niñez o adolescencia que lo convocaron a la ejercitación y desarrollo ulterior de ese instrumento? ¿Por qué no el violín al igual que su hermano Evelio?

“Nací en el Cerro, en el seno de una familia muy musical, pero mis primeros años transcurrieron en la habanera calle Estrella (también Enrique Barnet). Mi padre, Evelio Tieles Soler, no obstante haber sido un reconocido odontólogo, siendo niño estudió música. Ésta siempre ocupó un destacado lugar en su vida; a tal punto que llegó a formar parte de destacadas orquestas populares, como la de Aniceto Díaz, creador del danzonete.

“En los bajos de mi casa se ubicaba la consulta de mi padre que siempre escuchaba la emisora radial CMBF dedicada a la música clásica —como aún lo está—. Mi madre, Digna Ferrer Mason, hija de emigrantes catalanes, nació en la oriental provincia de Santiago de Cuba, se educó en Cataluña y allí estudió piano. Por eso cuando estalla la Guerra Civil en España, se encuentran en Cataluña mi abuelo materno y sus hijos. Tras el derrocamiento del Gobierno de la República, a consecuencia de la sublevación de Franco, él tiene que emigrar por sus ideas separatista —ahora dicen independentista—y busca refugio en Cuba con sus hijas, entre las que estaba mi madre. En 1940, se conocen ella y mi padre, militante del Partido Socialista Popular (PSP) que en aquel momento era responsable de dar atención odontológica a los refugiados republicanos españoles. Contraen matrimonio poco tiempo después. De esa unión nacimos dos hermanos y una hermana. Esta última, profesora universitaria de idioma francés durante muchos años. Aunque debo decir que tengo otro hermano de un matrimonio anterior de mi padre.

“Me preguntas acerca de mi predilección hacia el piano…No te podría decir, por qué y cómo surge esa afición. Quizás el germen de mi predilección fuese mi madre, que como te dije, era pianista —había estudiado con unas monjas en Cataluña, en Sitges—, pero realmente, no te puedo decir. Si recuerdo que, de niño acostumbraba a decir que quería llegar a ser arquitecto, aviador o músico, hasta que me decidí por el piano. Mi madre, como cubano-catalana, aspiraba a que yo estudiara también el chelo, por su preferencia personal hacia el músico español Pablo Casals. Lo que sí tengo claro es que ambos eran grandes aficionados a la música. Ella relataba a menudo que, en cierta ocasión, siendo yo un recién nacido y para celebrar mi nacimiento, fue a una tienda para comprar bebida. Cuando entró, estaba sonando de fondo el Concierto Número Uno para Piano de Chaikovski y pensó: “Ojalá él pudiera tocarlo algún día…”. Eso demuestra que había una predisposición y la voluntad de que estudiásemos música.

“Visto desde la perspectiva del tiempo pasado, me veo como un niño normal, pero talentoso y disciplinado. Nunca olvidaré las travesuras que realicé siendo muy niño. En una ocasión, coloqué los muñequitos —o comics, como se les conoce en buena parte del mundo— sobre el atril del piano y los leía, mientras tocaba. Mi madre me recriminó el estar leyendo esos muñequitos cuando el compromiso era estudiar; ante mi sorpresa por su descubrimiento, le pregunto cómo se había percatado del engaño. Su respuesta fue: ¡Llevas un buen rato tocando el mismo pasaje!

“Mis padres se complementaban. Mi padre, era un hombre exigente, voluntarioso y comprometido. Fue uno de los fundadores de la Asociación de Amistad Cubano-Soviética y su último presidente hasta el rompimiento de relaciones con la Unión Soviética por parte del gobierno de turno. No recuerdo bien si del gobierno de Carlos Prío Socarrás o de Batista. Mis padres fueron muy exigentes con nuestra educación, el estudio y descanso. Pero, recuerdo que mi padre decía que para estudiar bien, había que descansar bien. De ahí que todos los sábados nos llevaban al conocido cine de barrio habanero Cinecito. Él destacaba que había que estudiar muy bien de lunes a viernes y descansar o recrearnos los sábados y domingos.

“En 1952, nos trasladamos a París. Algunos amigos recomendaban que fuéramos a estudiar a los Estados Unidos, pero esa posibilidad estaba descartada por la militancia comunista del viejo. Nos fuimos a París. Y gracias a las recomendaciones del amigo y maestro de mi padre, Ernesto Xancó, mucho tiempo establecido en La Habana como chelista y del gran violinista polaco-mexicano Henryk Szeryng fuimos atendidos y recibimos clases de los mejores profesores franceses. Fue así cómo inicié mis estudios piano en la capital francesa y pude ingresar en el Conservatorio de París.

“A principios del año 1958, por recomendación del PSP, pasé a la Unión Soviética, país donde residí durante ocho años y cursé estudios de música en el Conservatorio Chaikovski de Moscú, en la clase de Samuil Feinberg. Tres fuimos los primeros cubanos egresados de ese prestigiosísimo centro: Evelio, Karelia Escalante y yo con notas sobresalientes. Los excelentes resultados académicos y artísticos favorecieron que la dirección del Conservatorio Chaikovski, recomendara la continuación de los estudios, en este mismo centro, en la llamada Aspirantura en Interpretación. Este grado equivalía, en aquella época, al grado de doctor en ciencias, que no se otorgaba a los intérpretes por la sencilla razón que la verdad artística, al contrario que la científica, es muy relativa… En 1966, tras culminar nuestra aspirantura retornamos a Cuba. Aquí iniciamos nuestra vida laboral y artística en la Escuela Nacional de Arte (ENA), a la vez que interpretábamos conciertos en distintos lugares a lo largo y ancho del país. Asimismo nos incorporamos a la membresía de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y al resto de las organizaciones políticas”.

Entre sus autores favoritos, ¿con cuáles se siente más identificado?

“Creo que no sería exacto y justo, si sólo me refiriese a la etapa actual. Siempre digo que la vida transcurre con etapas y objetivos diversos y cambiantes, por tanto, cada etapa ha tenido autores, objetivos o temas más favorecidos que otros. “Cuando, tras culminar los estudios, uno se abre al mundo y se percata de todo lo que hay que saber, conocer, experimentar, uno no se puede guiar tan sólo por lo que le gusta, sino también por investigar y conocer otras épocas, estilos, piezas y autores musicales. Muy importante: acercarse a los autores contemporáneos. Decía Hemingway: “Para conocer el pasado tienes que conocer el presente.

“Cuando regreso a Cuba dediqué mucho tiempo a ampliar mi repertorio, cuyos frutos siempre he considerado muy positivos. Fue una época en la que tuve que realizar un sinnúmero de actividades no sólo relacionadas con la música, sino también de carácter político-ideológico. Fue una época de la Revolución, apasionante, una época de lucha; época contradictoria, pero todos nos entregamos en cuerpo y alma a ella.

“Aparte de dar conciertos y clases fui asesor nacional de piano, jefe de cátedra en la ENA, presidente de la Comisión de Implantación de la Evaluación Artística en La Habana, presidente del comité organizador de la Jornada de Música Contemporánea Cubana (1976), tuve responsabilidades en las organizaciones políticas, comencé mis investigaciones, entre otras tareas--; todo esto suponía hacer un gran esfuerzo para no afectar el tiempo dedicado al trabajo artístico y, por ende, que no atentasen contra la calidad de la interpretación de la obra que presentaba ante el público. Si lo logré o no lo dirá el tiempo y el público. En aquel momento no me planteaba qué me gustaba más, sino cumplir mi propósito de ampliar mi repertorio.

“Ya después decidí tocar lo que me gustaba teniendo en cuenta el público concreto para quien toco. Los intérpretes, en cualquier sociedad, estamos en un mercado: o gustas o no gustas. No todo depende de la calidad del intérprete, también depende del repertorio que escojas: si gusta más o gusta menos. No es lo mismo tocar a Ernesto Lecuona que a Harold Gramatges, a Beethoven que a José Ardévol. Con toda franqueza, eso no lo entendí en aquellos momentos. Algunos intérpretes se comercializan y deciden tocar solo lo que es de la preferencia del público. Esto lógicamente da fama y popularidad… pero, la “fama” o la popularidad no lo es todo.

“Volviendo a la pregunta. Es así como en estos momentos interpreto piezas de Nicolás Ruiz Espadero, autor de mi interés y con cuya obra defendí mi tesis de doctor hace años. Déjame decirte, soy el primer cubano que defendió en la Universidad de las Artes (ISA), en 1992, una tesis referida a un músico cubano. Mi “cruzada” a favor de Espadero me ha dado la satisfacción de que próximamente, en marzo, en Madrid, —como resultado de mi ponencia sobre este compositor en el marco de la II Bienal de Música Isabelina, celebrada en abril de 2016— se realizará una jornada dedicada a este músico; algo que me hace sumamente feliz. Consta esa actividad de dos conciertos con obras de Espadero; en uno tocarán artistas españoles y en el otro actúo yo con obras para piano y junto con mi hermano —tocaré obras para violín y piano que prácticamente serán primeras audiciones en España—; además, realizaré una conferencia sobre la obra de Espadero y una clase magistral con los alumnos participantes. A la vez, he sido invitado a participar en otra actividad organizada por la prestigiosa Universidad Complutense sobre la música cubana y, ¡claro!, hablaré de Espadero.

“No puedo dejar de expresar, al mismo tiempo, cierto sentimiento de frustración al percatarme de que este autor no tiene igual resonancia en nuestro país. No se estimula el conocimiento y la interpretación de este gran compositor cubano. Espadero es cubano y es un ejemplo del alto nivel artístico y profesional alcanzado, en el siglo XIX, en la Isla, pues nunca salió; es decir, su formación es totalmente nacional y obtuvo su reconocimiento internacional sin haber pisado otra tierra que la cubana. Realice la investigación partiendo de la riqueza y complejidad de nuestra cultura. En este sentido rememoro la crítica que le hizo Alejo Carpentier a Espadero tildándolo “de europeizante” porque, supuestamente, en su obra no se escuchaba la influencia africana. Crítica injusta, a partir del hecho concreto de que los negros, como José White, Secundino Arango, Tomás Buelta Flores, Brindis de Salas, por solo mencionar estos pocos, no hacían música africana y fueron capaces “de hacer música de blancos” y crear un nuevo género: la Contradanza Habanera de la que, con posterioridad, surgió la Habanera Cantada. Entonces, si no se acusa a estos compositores negros de traicionar sus raíces africanas, ¿por qué va a ser menos cubano Espadero que sigue ese mismo camino? Esto lo llevé a mi tesis de doctorado defendiendo la tesis del euronegro, término que cambié más tarde por el de euroafricano o, dicho con otras palabras, del negro que es europeo. La cultura de un individuo no se define por la pigmentación, sino por sus valores humanos y sociales.

“Estas ideas están en un libro de mi autoría que se editará próximamente en nuestro país, donde realizo un análisis global sobre la cultura euroafricana en la Isla y en España. No te adelanto más hasta que lo vea hecho realidad… En esta obra abordo temas como las cofradías, los batallones de pardos y morenos, la personalidad de Juan Latino, de Aponte, los villancicos de negros … todo ello para explicar, argumentar, enfatizar la influencia del negro —proveniente de una cultura africana—, en la cultura europea y en particular en la música a partir de un profundo proceso de transculturación. Al respecto puedo mencionar a Juan Pareja –alumno del pintor Diego Velázquez--; a Juan Latino, uno de los más importantes poetas neolatinos de España, mencionado en el prólogo de El Quijote; a Alejandro de Médicis, hijo de un Papa…Todos eran negros europeos que ejercieron su influencia en la sociedad del Viejo Continente.

“Asimismo, en dicho título resalto la casi desconocida existencia del tráfico regular de negros libres entre Cuba y España; la presencia, en Sevilla, alrededor de 1855, de negros cubanos pertenecientes a la Cofradía de Nuestra Señora de los Ángeles, quizás músicos, procedentes de cárceles de la Isla…Recalco: el negro transculturado, comienza en España, no en América. A veces da la impresión, leyendo algunos autores, que lo “afrocubano”, es decir, el negro transculturado, surge en nuestra tierra sin vínculo con los procesos que, se inician en España a partir de la ocupación y dominio por los árabes de la Península durante ocho siglos.

“En una de las obras cumbres de la literatura hispana, El Lazarillo de Tormes, publicada en 1554, el padrastro del protagonista es un negro…Por tanto existía una relación fluida y natural; un profundo proceso de transculturación que superaba fronteras y continentes.

“En mi opinión, lo dicho demuestra que es imposible desligar los procesos culturales acaecidos en España y América para entender en su profundidad nuestras respectivas culturas. Ese es el fundamento, expresado en Madrid, de la imposibilidad de escribir una objetiva y real historia de la música española del siglo XIX sin mencionar los aportes de los músicos cubanos. Desde el punto de vista cultural y económico, aunque fuésemos una colonia, Cuba no era periferia de la Metrópoli, era centro. Recordemos que los políticos hispanos más prominentes —Martínez Campos, O’Donell, Dulce entre otros—, se hallaban en la Isla. Por tanto no pueden desconocerse músicos e intérpretes cubanos como Buelta y Flores, White, Brindis de Salas, Espadero, Cervantes, Villate… La vinculación entre las dos culturas era tal que, por ejemplo, el pot-pourri de Cervantes, convencido independentista, concluye con una melodía española, o Souvenirs de l’Havanne de Julián Fontana basada en temas cubanos, finaliza con la jota aragonesa, mientras que el popurri de White, connotado independentista, está basado solo en música cubana”.

¿Qué autores cubanos y universales gozan de su preferencia a la hora de ejecutar una obra?

“Como te he dicho antes, cada momento determina los nombres de los compositores que tocaré. En repertorio tengo a Cervantes, Buelta y Flores, Ardévol, Valera, Gramatges, José María Vitier. En la actualidad estoy tocando obras de Espadero, Saumell y de Juan Piñera. De los europeos, Chopin, Schumann, Chaikovski, Falla y Albéniz.

Si tuviese que tocar en estos momentos una pieza en el Gran Teatro Alicia Alonso, ¿cuál escogería?

“Una vez, me hicieron casi idéntica pregunta y contesté: —La sonata op. 111 de Beethoven. Ahora, después de transcurrido un año y teniendo en cuenta todo lo dicho en esta entrevista, te digo: —Tocaría a Chopin o Lecuona. Cada lugar y público debe ser tenido en cuenta a la hora de proponer un repertorio”.

Influencia de la música cubana en el mundo…

“La música cubana ha tenido tanta influencia en el mundo. Hay que destacar que antes y después del triunfo de la Revolución han existido y continúan existiendo una gran hornada de músicos cubanos quienes han demostrado su magnífica calidad y profesionalismo universalmente. En mi caso estuve más de treinta años trabajando en España --donde he tenido excelentes contactos y experiencias junto a compositores y músicos catalanes--, y puedo afirmar que el músico y la música cubanos se tienen en alta estima”.

¿Qué otros campos le interesan…?

“Debo confesar que en algún momento la composición me interesó, pero rápidamente la descarté. Porque, cuando se compone hay que aportar algo nuevo, diferente… no se trata de seguir los patrones de los clásicos o románticos. Cuando dominas una serie de procedimientos agradables al público, parece que has compuesto “algo”… hasta puede gustar, pero en realidad son composiciones banales, pues es más de lo mismo… Hacer música que aporte novedad y a la vez no pierda contacto con el público es muy difícil y solo a muy pocos es dado ese “milagro”. Halagar al público, es una suerte de oportunismo musical. ¡¡Y el oportunismo es tan lamentable!! En un memorable exabrupto, Glenn Gould dijo de Mozart que ya se estaba repitiendo y que por suerte se murió… Me interesa mucho más la investigación sobre todo la referida a la Cultura cubana y, en especial su música Todo arranca en 1980, cuando se planteó en el ISA la necesidad de tener más profesores con el grado de doctor. Entonces, determiné estudiar la vida y obra de Nicolás Ruiz Espadero… “Antes, en Moscú y en La Habana, realicé algunos trabajos de investigación, pero ninguno tan ambicioso como éste. La motivación surge por mi amistad con las hermanas López Carvajal, hijas de la primera oftalmóloga cubana, Laura Martínez de Carvajal. Una de ellas, Laura, fue alumna de Angelina Sicouret, a su vez, discípula de Espadero. Ellas me animaban para que hiciera justicia a Espadero, situándolo en su justo lugar. Incluso, el piano que tengo en mi casa fue un obsequio de estas hermanas. Tanto insistieron que me embullé a doctorarme con una tesis sobre Espadero”.

“Te confieso que, además de la investigación, me gusta mucho la enseñanza. Deduzco que el haber estudiado en el Conservatorio de Moscú, me permitió entender que una de las razones de la grandeza histórica de la Escuela Rusa es la de combinar la presencia de grandes profesores junto a grandes artistas; tener la oportunidad de compartir con grandes pedagogos, que no son necesariamente grandes intérpretes, con artistas en pleno dominio de la escena, es unir el saber con la predica del ejemplo. Con los últimos, al contemplar cómo ejecutan, realizan, una obra se desencadenan una serie de procesos psicológicos y físicos muy interesantes y, a la vez inexplicables, pues tan sólo con la observación se transmiten. No puedo descartar que, al estudiar también allá, tuve la oportunidad de relacionarme con personas y artistas muy talentosos”.

¿Qué le falta por hacer a Cecilio Tieles?

“Tocar mejor el piano y continuar investigando y enriqueciendo el tema sobre lo euroafricano. Ahora que estoy de regreso a nuestro país después de haber pasado una buena temporada en Cataluña —en el Conservatorio Superior de Música de Liceo de Barcelona y en el Conservatorio Profesional de Música de Vila-seca— en coordinación, primero con la empresa Cubatécnica y con posterioridad con D’Arte, puedo decir que estoy muy contento de haber representado allí la cultura y la experiencia docente de nuestro país. Me gustaría compartir mis experiencias con mis colegas y alumnos, en caso de que lo consideren necesario”.

¿Qué observaciones hacerles a los jóvenes talentos?

“Entre los jóvenes están surgiendo nuevos talentos pianísticos en este país. Además, Cuba tiene un sistema educativo muy sólido; la selección del alumnado por parte de los profesores la considero sumamente rigurosa y profesional.

“Hay que tener mucha confianza en el talento de los jóvenes. El joven artista si no cree y no tiene confianza en si mismo y sus posibilidades, mala cosa. Uno de mis principios pedagógicos es apoyar al alumno, darle confianza en sus posibilidades y que no tenga miedo en expresar lo que siente y lo que piensa. Primero, hay que apoyar al ser humano que aspira a ser artista y después: estudiar, estudiar mucho, siempre de modo inteligente… ¡Toda la vida!”.