Fernando Quiñones: dirigir la compañía Rita Montaner es un sueño hecho realidad

Fernando Quiñones: dirigir la compañía Rita Montaner es un sueño hecho realidad

  • Fernando Quiñones, director de la compañía Rita Montaner.
    Fernando Quiñones, director de la compañía Rita Montaner.

La Tertulia de Arte y Literatura Sol Adentro, inspirada en el eminente escritor y humanista mexicano, don Alfonso Reyes (1889-1959), y coordinada por la poetisa, narradora y promotora cultural, Juanita Conejero, tiene su sede habitual en la Casa del Benemérito de las Américas, don Benito Juárez (1806-1872), en el Centro Histórico de La Habana.

La cita mensual con el arte, la literatura, la música y el humorismo dedicó la sesión correspondiente al mes de marzo al Día Internacional del Teatro y al aniversario 55 de la fundación de la emblemática compañía Rita Montaner, que dirige el teatrólogo Fernando Quiñones Posada (Camagüey, 1947), quien accedió —con la gentileza que lo caracteriza— a dialogar con los lectores del Sitio Web de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) acerca de esas efemérides y de otros temas no menos importante.

Licenciado en Teatrología por la capitalina Universidad de las Artes (ISA), desde hace más de cuatro décadas, integra el elenco de esa agrupación a su digno cargo.

Al principio, el también miembro de la Asociación de Artes Escénicas de la UNEAC se desempeñó como actor, y posteriormente, comenzó a incursionar —con éxito indiscutible— en el campo de la dirección artística. Disciplina a la que se ha entregado en cuerpo, mente y alma desde los años ochenta de la pasada centuria, y por la que ha recibido los más disímiles lauros y reconocimientos.

¿Cuáles fueron los factores motivacionales que orientaron su vocación, primero hacia el arte de las tablas, y posteriormente, hacia la dirección artística?

“La infancia deja huellas sorpresivas. En la Ciudad de los Tinajones, en la casa de maternidad, mi madre me lanzó al ruedo de la vida. Ahí comencé a respirar mis ilusiones […] de niño intranquilo y demasiado juguetón, según Catuca y Posada, abuelos cariñosos de un nieto único. Desde ese momento, comenzó lo que sería mi vocación por el arte: disfrutar los espectáculos de los San Juanes agramontinos, el mundo atractivo de la televisión, el Juego de Locutor de un «Día de Reyes»; situaciones que abrieron las compuertas de lo que sería más tarde mi yo artístico.

“La actuación de seres humanos que interpretan personajes ajenos a sus vidas, siempre me atrajo de manera soberana. Después, el útil y necesario aprendizaje durante el tránsito por varias carreras afines al teatro: Actuación, Pedagogía de la Actuación y Dirección Artística, Teatrología, Dramaturgia, etc., me condujeron a lo que realmente me realiza como profesional del arte de las tablas: La Pedagogía Escénica y la Dirección Artística […]”.

¿Qué representa para usted, como profesional de las artes escénicas, festejar el Día Internacional del Teatro, y al mismo tiempo, formar parte —desde hace más de 40 años— de la compañía Rita Montaner, que está celebrando su cumpleaños cincuenta y cinco?

“Festejar en la mayor isla de las Antillas y en todo el orbe el Día Internacional del Teatro constituye todo un acontecimiento cultural, que incentiva a los teatristas insulares y de todo el planeta a esforzarnos aún más para ofrecerles lo mejor de cada uno de nosotros a los amantes de las artes escénicas de aquí y de allá, sin la latitud geográfica donde nazca y crezca esa bella flor que para nosotros constituye el hecho teatral.

“Dirigir la compañía Rita Montaner es un sueño hecho realidad. Esa agrupación, a la que amo con todas las fuerzas de mi ser, me abrió sus amantísimos brazos para acogerme, protegerme, y mucho más que eso: crecer junto a ella desde los puntos de vista artístico-profesional, humano y espiritual.

“A propósito, en la sala El Sótano, sede de nuestra compañía, se está presentando —hasta el 2 de abril— el estreno de la obra Cámara lenta, de la autoría del talentoso dramaturgo, escritor y periodista Maykel Paneque, y dirección y puesta en escena de quien le habla, para conmemorar dignamente ese nuevo aniversario de la fundación de la Rita Montaner”.

¿Qué ganó y qué perdió con el tránsito de actor a director artístico primero y director general después?

“Nada se pierde, todo es ganancia. Un director artístico y un director general, que se respeten, deben conocer de todo, es una carrera muy amplia y abarcadora. En primer lugar, debe dominar con maestría la forma de conducir a los artistas en la interpretación de los personajes a los cuales deben prestarles piel y alma.

“La mejor forma es tener experiencia, conocer las reglas básicas indispensables de la actuación, no solo en teoría, sino también sufrirlas en carne propia. Sin la vivencia, la formación integral que debe recibir un director artístico o general resulta —a mi juicio— incompleta […].

“El director artístico organiza todo un espectáculo, donde la materia prima indispensable es el actor, hacedor de la concepción, de los objetivos, del hecho creador en sí, mientras que el director general es el que traza las pautas éticas, ideo-estéticas, estructurales y administrativas que mediatizan el buen funcionamiento de la agrupación. No se pierde nada, reitero, sino se gana todo”.

De las muchas vivencias y experiencias, ¿podría relatar alguna que le haya dejado una huella indeleble en el intelecto y en el espíritu?

“En varias décadas de labor artístico-profesional, podría enumerar cientos de vivencias […], y experiencias muchísimas más. Siempre que inicias un nuevo proyecto, es como el estudiante en su primer día de clases. Es comenzar a descifrar un texto dramático, precisar si es una comedia, un melodrama o una farsa, entre otros géneros dramatúrgicos.

“Es, en síntesis, abrir una ventana a la creatividad, para […] establecer los cimientos de un nuevo espectáculo. Hay que organizar muy bien todos los factores que lo configuran, para que nuestro edifico artístico no sufra fisuras, y mucho menos desplomes, que pueden resultar fatales. Es ahí donde nacen las vivencias que crecen con la “semilla emocional”, para utilizar el lenguaje técnico de su ¿antigua? profesión.

“Día a día, deben estar ahí los conocimientos y las experiencias, para culminar satisfactoriamente el proyecto iniciado. La mejor vivencia […], la más vívida, la más reconfortante de todas las experiencias, está al final de cada función, cuando el auditorio aplaude y así agradece todo el esfuerzo realizado por los actores y los técnicos”.

¿Alguna sugerencia a los jóvenes que se inician, tanto en el campo de la actuación como en el de la dirección artística y general?

“Estudiar, leer, investigar, acribillar a preguntas a quienes tienen más experiencia en el medio, adueñarse de todos los conocimientos posibles, no dejarse influir por una sola tendencia o sistema y conocer todas y cada una de las posibilidades reales y potenciales de que se dispone. Solo así, se llegará a ser un artista integral, con un estilo personalísimo que lo distinguirá en cualquier escenario nacional o foráneo”.

Con mucho gusto le cedo la página en blanco para que plasme en ella cualquier aspecto que, según su opinión, no debe dejar de aparecer en el contexto de esta entrevista, que amablemente me ha concedido.

“Ante todo, quiero darle las gracias por los muchos años de amistad que nos unen, por esos lazos afectivo-espirituales que cada vez se estrechan aún más entre nosotros, y por permitirme interactuar con los lectores del Sitio Web de la UNEAC, para hablarles de mis alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, buenos y malos momentos que he tenido que enfrentar durante el ético ejercicio de una profesión que te exige darlo todo, para ganarte el afecto y el respeto del público […], que es y será nuestra principal razón de ser”.