Las campanas doblarán siempre para Rolando López del Amo

Las campanas doblarán siempre para Rolando López del Amo

  • Rolando López del Amo, destacado poeta, periodista, profesor, político y diplomático.
    Rolando López del Amo, destacado poeta, periodista, profesor, político y diplomático.

Sin lugar a dudas hay que admitir que es un hombre polifacético desde todo punto de vista y, en especial, cuando plantea aquel pensamiento marxista que afirma que cada ser humano es la unidad de lo diverso. Más en él como ser humano, esa unidad en lo diverso es capaz de multiplicarse para darnos una sensibilidad ilimitada en lo profesional y en lo personal. Atributo a partir del cual ha logrado trascender no solo barreras idiomáticas y recurrentes misiones (allende los mares), como diplomático, periodista y poeta, sino también exponer sin miramientos la intransigencia de un revolucionario comprometido con su pueblo, su Revolución, su cubanidad. Y es que para Rolando López del Amo—al igual que para otro inolvidable autor-escritor, ya hijo de esta tierra desde hace muchos años—, las campanas continúan doblando “por alguien que ha tratado, y trata, de agradecer el don de vivir y contribuir al bien común, a la necesaria fraternidad humana”.

Escritor de lo lírico intimista a lo lírico social, ¿cómo evaluarlo en su obra? ¿En cuáles momentos de su vida?

“Lo íntimo se integra con lo social. Son las dos mitades de un solo ser. La misma sensibilidad mira hacia adentro y hacia el entorno. Lo íntimo no existiría sin lo social y, a la vez, es la particularidad que se aporta al todo que nos abarca e integra.

“La vida es movimiento, continuidad y cambio, evolución. Como descubrió un filósofo griego antiguo, todo está siendo. Más que un movimiento circular cerrado, prefiero la idea de Marx del movimiento en espiral ascendente. Cada momento es solo una parte, un eslabón de la cadena del acontecer individual. Cada ser humano es la unidad de lo diverso: el niño, el adolescente, el joven, el adulto, el anciano. Cada uno tiene su propia expresión. Son los distintos papeles que debemos actuar en la obra de nuestras vidas, para seguir el pensamiento de Shakespeare. 

“Dentro de eso hay una tendencia constante, unos rasgos existenciales que sirven de hilo conductor, con las adaptaciones y modificaciones del ajuste al quehacer vital, la experiencia de la práctica. Creo que ahí está lo característico individual, resultado del cambio en sí y para sí”.

La narrativa, ¿ausente o aún a la espera de nuevas vivencias?

“No soy un buen fabulador. Mi naturaleza me lleva más a la reacción directa ante lo que ocurre. Creo que ahí radica mi preferencia por la poesía lírica y por el artículo y el ensayo. He pasado mi vida ocupado con tareas que demandaban dedicarle mucho tiempo y la actividad literaria quedaba para horas fugaces. El deber siempre constriñó al otro quehacer. Sin embargo, tengo elementos de narrativa en mi poesía.

“Cuando era adolescente escribí algunos cuentos. También redacté diálogos para ser representados. Pero todo quedó ahí. No era ese mi camino”.

El periodismo, ¿senda segura dirigida a exponer un torrente de pensamientos críticos y veraces, o la poesía, como escondite (o abrigo) de momentos para el buen desempeño de un lirismo ilimitado?

“Amo el periodismo como dices, como el medio de relacionarme con los demás en el presente, en el día a día, en el fragor del torrente en que nos movemos para explicarnos el mundo y transformarlo, en la necesidad de compartir ideas que nos permitan ponernos de pie sobre nosotros mismos y tratar de alcanzar nuestra mejor naturaleza. El periodismo es un deber sagrado por el bien del hombre, que debe ser el objetivo de la actividad política y social.

“La poesía es bálsamo y confirmación; pero es también comunicación. Es compartir una experiencia humana que, por serlo, no es ajena a los demás. Creo que todo lo que pueda ofrecerse a los demás debe estar enraizado en la idea del bien. No se tiene derecho a desear el mal. El respeto al otro es el respeto a uno mismo. Una experiencia extraordinaria que nos enseñó Fidel fue la de luchar por las ideas hasta la victoria, pero tratar humanamente al enemigo derrotado. Cervantes nos enseñó que la justicia no puede separarse de la misericordia. Sin altruismo, sin solidaridad, no se es revolucionario. Y ese es, como nos enseñó el Che, el escalón más alto de la especie humana, la mayor prueba de amor. Y sin amor grande no hay poesía ni periodismo”.

En esta era de galopante avance de las tecnologías de la información, ¿qué observaciones hacer con vista al perfeccionamiento del trabajo de nuestros medios de difusión desde el comienzo de una nueva etapa de desarrollo de la Revolución Cubana?

“En esta etapa, como en todas, el apego a la verdad es lo primero. Siempre con el oído atento a los clamores del pueblo. No azuzar odios inútiles, pero decir a tiempo la verdad es un gran legado martiano para la prensa. Y como las noticias hoy viajan al momento casi de producirse, el periodismo contemporáneo demanda agilidad, rapidez para informar, pero también para enfrentar la desinformación. En nuestro mundo globalizado los principales medios de comunicación masiva están dominados por los mismos intereses que dominan la economía mundial. La prensa revolucionaria tiene que aprender a trabajar con las mismas tecnologías avanzadas que los enemigos de la humanidad emplean para sojuzgarla y utilizarlos como medios de liberación. Eso requiere buena preparación técnica, pero sobre todo cultural y política. Requiere tener convicciones claras y firmes.

“Nadie puede hacer bien las cosas en las que no cree. Siempre recuerdo una anécdota que nos contaba José Antonio Portuondo. Decía que en los tiempos en que se construía en París la Catedral de Notre Dame un escritor se acercó a uno de los obreros que trabajaba allí y le preguntó qué hacía. Este le respondió que cargaba piedras. A la misma pregunta un segundo obrero respondió que ganaba el pan para su familia. Finalmente, un tercero respondió: 'estoy construyendo una catedral'. Y ese espíritu de saberse parte de la construcción de una obra magna es el que da fuerzas para enfrentar lo que sea necesario.

“Señalar donde está el error o lo mal hecho es parte del trabajo. Y estimular lo que se hace bien. Descubrir las mentiras y argucias de los enemigos y los que obran mal a propósito y refirmar la validez de nuestra obra. Censurar el mal trabajo y alabar el bueno. Destacar el mérito, sobre todo el de los humildes. Tener criterio propio, expresarlo, aportar ideas, y asumir  la responsabilidad necesaria sin esperar a que le lleguen instrucciones de un mando superior.

“Creo que lo primero es estar comprometido con el pueblo y su causa. Lo segundo, tratar de prepararse lo mejor posible, constantemente, para ser un buen profesional”. 

¿Agradecido a un contexto y avatar político-cultural que le entregó las cimientes de la creación? ¿Invicto en el tiempo como creador?

“He tenido la suerte de haber nacido en Cuba en el momento más extraordinario de su historia. Ha sido un privilegio el poder participar en la realización de los sueños de muchos generosos predecesores y comenzar a dar vida a los nuestros.

“Los hombres podemos ganar o perder y, a veces, una aparente derrota es una victoria mayor. Lo importante son las ideas. Las de buena ley, siempre emergen invictas. En mi caso, me situé siempre del lado del deber y puse en paz mi sangre con el viento.

“No se vive para la posteridad, sino para el tiempo que nos toca, en el que todos somos peregrinos del devenir velas encendidas para alumbrar nuestros pasos mientras consumimos toda la esperma con el calor de nuestras propias llamas”.

Poeta, periodista, profesor, político, diplomático… ¿por quién doblan las campanas para López del Amo?

“Por alguien que ha tratado, y trata, de agradecer el don de vivir y contribuir al bien común, a la necesaria fraternidad humana”.