Luis Cabrera Delgado: un escritor que vive para escribir

Luis Cabrera Delgado: un escritor que vive para escribir

  • El narrador, crítco y promotor cultural Luis Cabrera Delgado.
    El narrador, crítco y promotor cultural Luis Cabrera Delgado.

El multilaureado escritor y psicólogo villaclareño, Luis Cabrera Delgado, miembro emérito de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), a quien conozco desde que era estudiante de la Escuela, hoy Facultad de Psicología, de la Universidad Central Martha Abreu en Las Villas, acaba de recibir un reconocimiento en la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra, del Estado Plurinacional de Bolivia. Lo anterior es una razón más que suficiente para establecer un ameno diálogo con uno de los más prolíficos cultores de la literatura infanto-juvenil en Iberoamérica.

¿Qué representa para usted haber obtenido este reconocimiento?

Este, como cualquier otro reconocimiento que haya recibido o pueda recibir, lo haré con la satisfacción de saber que es fruto del trabajo.

En 2014, tuve el privilegio de realizar una antología donde aparecen 70 autores de toda América Latina y 17 ilustradores, uno por cada país participante, creadores todos que donaron sus obras para un libro que publicó el Ministerio de Cultura y se les obsequió a los colegios fiscales, donde asisten los niños de menos recursos económicos.

El tema de los textos y las ilustraciones era el mar, ya que, ante la ausencia de un mar físico, los escritores y artistas se lo quisimos regalar a los niños a través del arte.

¿Cómo percibe usted como profesional de la martiana ciencia del espíritu, el contenido de dicha distinción, donde se le reconoce su noble y visionara labor a favor de la promoción del libro y la lectura?

Yo, más que con lo que llamas “martiana ciencia del espíritu”, vivo identificado con el pensamiento maceista de la dedicación a la labor útil. El Lugarteniente General del Ejército Libertador siempre se ha destacado, históricamente, por sus dotes y hazañas militares, pero en estos difíciles momentos que vive la sociedad cubana, debemos identificarnos más con su amor al trabajo (recordemos su accionar y resultados en la faena agrícola realizada por él en Costa Rica), pero sobre todo con la integridad moral y decoro cívico que caracterizaran la recia personalidad de Antonio Maceo.

Con el ejemplo, la sencillez y la humildad que distinguieran al Titán de Bronce, recibo el reconocimiento que le hacen a mi labor intelectual y espiritual.

De las experiencias vivenciales experimentadas durante la entrega de ese galardón, ¿podría relatarnos alguna que le haya dejado una huella indeleble?

El boato de los actos de reconocimiento son pasajeros, pero en Santa Cruz de la Sierra, tuve la oportunidad de participar dos días en charlas con estudiantes y profesores de la Escuela Normal para Maestros, donde se vendieron libros de mi autoría. El segundo día se me acercó un discípulo de ese centro educacional y me dijo que la noche anterior se había leído de un tirón un libro mío y que lo había disfrutado hasta las lágrimas. Esas sencillas muestras de un lector son las experiencias que le alimentan el espíritu a un escritor que vive para escribir.

Como buen martiano, ¿qué interpretación le daría usted a la frase del Apóstol: “un niño me inspira dos sentimientos: uno de ternura, por lo que es; y otro de respeto, por lo que pueda llegar a ser”?

Si bien Martí tiene un pensamiento profundo y de versátil interpretación, aquí es claro y preciso y no conlleva otro análisis más allá de lo que dice: el niño es tierno, posee en sí grandes posibilidades y sabe más de lo que nos creemos que es capaz de dominar.

¿Cómo utiliza su percepción personal acerca de esos aforismos en la elaboración de las tramas de los libros infantiles, así como en la construcción psicológica y espiritual de los personajes?

Pregunta complicada de responder en mi caso, porque aunque parezca una herejía yo no escribo pensando específicamente en un virtual lector infantil. Lo que ocurre es que mi lenguaje y fantasía tienden a establecer la comunicación estético-artística, también, con los lectores infantiles y juveniles. Lo demás está en la esencia del sistema ético y filosófico que profeso […], y ahí es donde están impregnadas las máximas de Martí y el ejemplo de Maceo.

Ahora me agradaría que usted agregue lo que —según su apreciación— deba aparecer en el texto de esta entrevista que ha tenido la inconmensurable gentileza de concederme. Tiene, pues, la palabra.

La gentileza es tuya al entrevistarme y de brindarme, ahora, la oportunidad de agregar lo que yo quisiera. Hay muchos temas de los cuales pudiera hablar, pero quizás no sean de mucho interés […], así que es preferible dejarlo en las provocaciones que han generado tus preguntas. ¿Satisfecho?